Policiales
Domingo 20 de Marzo de 2016

Un policía quedó procesado por matar a un hombre para robarle

A dos años del asesinato de Marcelo Fabián Comar, de 38 años, en una chacra de Oro Verde, el juez Humberto Franchi procesó a Moisés Ángel Medrano, que entonces trabajaba en la comisaría octava. La causa está para apelación

José Amado/De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar

“Eran dos hombres que llegaron con ropa azul como de policías”, contó la madre de Marcelo Fabián Comar cuando declaró como testigo poco después de que asesinaran a su hijo en la casa donde vivían, en la zona rural de Oro Verde. El 9 de febrero de 2014, los dos delincuentes entraron a la chacra ubicada cerca de Tezanos Pinto. Ya era de noche y los perros ladraron, lo que alarmó a la familia que ya estaba por descansar. Por eso llamaron a la comisaría, pero cuando llegaron los policías alumbraron con unos reflectores en la zona, no vieron nada raro y se fueron. Minutos más tarde, los desconocidos llegaron a la puerta de la casa y el padre de Comar, de 80 años, apenas abrió para asomarse y preguntarles qué necesitaban. “Somos de Investigaciones de Oro Verde, queremos hablar con el patrón”, le dijeron. Pero al ver desconfiado al hombre, en seguida empujaron la puerta e irrumpieron en la vivienda. Así comenzó la odisea que duró eternos minutos y terminó con un muerto.

En la chacra vivían el matrimonio con uno de sus hijos, de 38 años, Marcelo Comar, quien pocos días después iba a cumplir los 39. Un hombre silencioso y trabajador que ayudaba a sus padres con los animales. Él estaba en su habitación cuando escuchó los gritos de su madre. Sabía que estaban en peligro, agarró una escopeta y fue a su auxilio. Pero cuando salió, lo cruzó uno de los ladrones antes de que pudiera hacer algo, y tras un forcejeo recibió dos balazos de la pistola que portaba el asaltante. Marcelo quedó tirado, agonizando en un charco de sangre. Mientras, los ladrones ataron a los padres a sus sillas y les apuntaban con las armas: “¿Dónde está la plata?”, les exigían, creyendo que se trataba de esos terratenientes que manejan y guardan abultadas sumas de dinero de operaciones agropecuarias. Luego de revisar por completo la vivienda, se fueron solo con un celular. Don Comar pudo con esfuerzo zafarse de las ataduras, liberó a su esposa y fue hasta lo de unos vecinos a pedir ayuda. Cuando llegó una ambulancia, Marcelo ya había muerto.

La División Homicidios comenzó la investigación del hecho, con pocas pruebas y con solo dos testigos, que estaban muy conmocionados por el crimen de su hijo delante de sus ojos. Al describir a los delincuentes, mencionaron el uniforme policial que llevaban, que uno estaba encapuchado y otro a cara descubierta, y que tenían un palo amarillo. La autopsia determinó que Comar murió por el proyectil de una pistola calibre 22 que le atravesó un brazo y le alcanzó el corazón.

Los procedimientos ordenados por la entonces jueza de Instrucción Elisa Zilli arrojaron algunos resultados positivos, con el secuestro de elementos que comenzaron a apuntalar las sospechas hacia un hombre. Se trataba de Moisés Ángel Medrano, integrante de la Policía de Entre Ríos, que por esos días prestaba servicio en la comisaría octava, y a quien ya lo tenían con mal concepto en la fuerza, por andar en cosas oscuras.

En aquellas semanas de febrero de 2014, en la Policía se estaban peritando todas las armas reglamentarias de todos los efectivos. Con cada pistola 9 milímetros se efectuaba un disparo y la marca que quedaba en el proyectil quedaba registrada en la base de datos de la Dirección Criminalística. El objetivo era tener esa información para ser cotejada en cualquier oportunidad en que ocurrieran hechos violentos y se sospeche la participación de policías.

Entonces, cuando le informaron a Medrano que le tocaba entregar su pistola, dijo “hoy no, mañana la llevo”. Nadie le creyó y autoridades policiales lo llamaron para que explicara su negativa. Contó que iba “a consultar a un abogado” porque le querían “pegar un hecho de Oro Verde”. Casi una confesión, sin que nadie le haya advertido nada todavía. Al día siguiente dijo que le habían robado el arma, y le iniciaron un sumario interno.

Cuando se allanó la casa del sospechoso, a algunos les sorprendió que había un lujoso VW Vento, un Renault 19, dos motos y la vivienda estaba bastante bien equipada. El elemento más comprometedor que encontraron fue un nunchaku (dos fierros amarillos atados con una soga) que podría tratarse del palo amarillo que señaló la madre de la víctima. Cuando los policías que requisaban la casa lo agarraron, Medrano les dijo “ese un día se lo saqué a un croto”. También se secuestraron municiones calibre 22, 9 milímetros y cartuchos calibre 16 y 28.

Otra medida dispuesta por la Justicia fue la incorporación al expediente de un CD con las grabaciones de cámaras del 911 y particulares, que pudieran haber registrado movimientos en la zona sur de Paraná.

Otra pericia realizada por Criminalística arrojó un resultado que también podría ser comprometedor para Medrano, en caso de que se lo encuentre autor del homicidio de Comar: el cotejo de las balas que quedaron en la escena del crimen arrojó que la misma arma utilizada para matar al hombre en el robo había sido usada en otros dos hechos delictivos ocurridos el 9 y el 12 de febrero de 2014. También se lo citó a Medrano para una extracción de ADN para ser cotejada con otras muestras. Además, declararon como testigos varios policías que intervinieron en la investigación.

Respecto del otro sujeto que participó del asalto y muerte de Comar, se pudo identificar a un hombre de apellido Fernández, pero al parecer no hubo pruebas suficientes en su contra como para avanzar en la acusación penal.

En la Justicia el trámite tuvo sus idas y vueltas, y en el medio de la instrucción comenzó a implementarse en Paraná el nuevo sistema procesal penal. Finalmente, el expediente quedó en el Juzgado de Transición Nº 3, a cargo de Humberto Franchi, y la acusación pública de la fiscal Viviana Ferreyra. Tras analizar las pruebas, lo citaron a Medrano a declaración indagatoria. El 1º de diciembre de 2015, la situación del policía se complicó aún más, ya que Franchi lo procesó por los delitos de Homicidio en ocasión de robo, Falsa denuncia y Peculado. Es decir que además del crimen de Comar, le imputan el robo del arma reglamentaria que le proveyó el Estado provincial, y haber denunciado falsamente que a la pistola se la sustrajeron a él.

El hombre designó a distintos abogados, y el último que tomó la defensa es Matías Argüello de la Vega. Luego del auto de procesamiento, el defensor presentó un recurso de apelación para reclamar el sobreseimiento o al menos la falta de mérito ante una instancia superior. Ahora, a más de dos años del asesinato de Comar, la causa espera ser tratada por el Tribunal de Juicios y Apelaciones, para saber si confirma la resolución de Franchi y el caso va a juicio, o si ordena profundizar la investigación.


 

Comentarios