La Provincia
Miércoles 27 de Abril de 2016

Un mes difícil y pasado por agua para quienes trabajan en la calle

Vendedores de globos, garrapiñadas, perfumes y artesanías contaron cómo fue ganarse la moneda diaria bajo el cielo lluvioso de abril

Quienes también la tuvieron difícil este mes fueron los que trabajan en la calle, los que salen cada día a ganarse la moneda, como se dice. Es difícil desarrollar cualquier tarea bajo la lluvia y solo conocen de estas dificultades aquellos que la viven o alguna vez la vivieron. Vender un globo de los Minions con llovizna es casi imposible y ni hablar de un perfume bajo un aguacero ¿Quién pasa por la esquina y pide una garrapiñada cuando parece de noche a las 4 de cualquier tarde, y cómo se ofrece una artesanía si el comprador corre debajo de su paraguas? UNO salió a buscar testimonios y se encontró con algunos hombres que emplean el ingenio y buscan alternativas. 

Fue un mes bravo para toda la provincia y la región. Aún son miles los entrerrianos afectados por la lluvia y la crecida de los ríos. Hay cientos de familias que debieron abandonar sus hogares, otras tantas no pudieron volver y este abril, que todavía no termina, tiene cargadas, todavía, varias nubes grises que harán agua. Caminos intransitables, ciudades aisladas y miles de hectáreas inundadas son parte del saldo de estos últimos 27 días. 

Aquellos que trabajan en la calle tuvieron semanas enteras sin poder asomarse a ofrecer nada. Fue casi imposible, pero de hacerlo no solo ponían en riesgo la mercadería, es que según sus testimonios, coincidieron en que no anduvo nadie por la calle. 

Pero no todos se quedaron quietos bajo la dificultad. Rubén Eduardo Clariá aprovechó cada rayo de sol para salir a vender sus garrapiñadas a la Peatonal y fue ahí, que UNO pudo hablar con él. Contó que espera ansioso los días de invierno, época en la que más paquetes despacha. 

En el camino también fue posible encontrarse a Federico Cherry, vendedor de globos, un especialista en la materia que también la tuvo complicada todo el mes y dijo que apenas ganó para comer aunque no estaba desanimado.

Otro de los que trabaja en la calle es Juan Martínez y vende perfumes. Dijo que siempre trata de encontrar alguna alternativa, buscar una posibilidad de salir de su casa y encontrar algún techo para poder cruzarse a alguien que le compre sus productos. 

Bajo el cielo también trabaja José Pastore, quien ofrece sus propias artesanías en madera y este mes decidió salir casa por casa a golpear la puerta cada uno de los días de lluvia. En el peor de los casos se quedó en su casa a producir aquello que venderá cuando vuelva el sol. 

Estas son solo algunas pocas historias de cientos que se encuentran al dar la vuelta de la equina; son  testimonios de aquellos que salen a ganarse el pan de cada día en la propia calle, una que necesitan seca y bañada de sol para seguir en la pelea. Habrá que ver si el pronóstico les da una tregua sincera. 

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Número:  268,8  son los milímetros caídos solo en Paraná en el último mes según registros de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos. Hasta ahora, en abril, hubo unos cinco días con sol, pero no todos completos.

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El hombre que pasas sus horas en la Peatonal


Rubén Eduardo Clariá hace garrapiñadas en la Peatonal de Paraná y tiene 61 años. Es conocido, al menos para quienes transitan por la esquina de Alem y San Martín. Al consultarlo, fue contundente: “Así no se puede laburar. Si llueve la mercadería se me arruina”, dijo a UNO

Este mes no fue fácil para este vendedor de garrapiñadas del centro paranaense. “Es que cuando llueve me tengo que ir o ni vengo y me quedo en mi casa, porque además vivo cerca de un arroyo, allá, por Don Bosco donde termina la Escuela Hogar y se me va el agua para adentro”. 

Los días lindos para Clariá son los de invierno con sol, ahí es cuando más vende y llega a hacer más de 500 pesos por jornada. Para eso tiene que llegar a la Peatonal a las 8 y volverse a su casa después de las 17. “En verano hago 200 pesos por día  y ahora que tendría que mejorar, me agarró la lluvia”, remató. 

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Un muchacho lleno de colores bajo el cielo gris




Federico Cherry tiene 38 años y los globos que vende en la Peatonal de Paraná cuestan 50 pesos. Este mes que ya casi termina fue difícil y explicó: “Cuando llueve son días en los que no laburamos nada, se arruina el material y además la gente no sale a la calle, no sale de su barrio, se queda en su casa y es esa la que me compra un globo”. 

Dijo que un día de sol de punta a punta puede llegar a vender hasta 800 pesos, pero que el fuerte son los fines de semana donde quizás en alguna fiesta al aire libre llega a vender hasta 2.500 pesos. “Esos fines de semana vendo hasta 50 globos, pero cuando llueve me mata. En estos días, si hago para comer es mucho”, remató y a lo alto un Minion amarillo sonreía bajo el gris del cielo.

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La clave es ser de una familia de buena madera



José Pastore hace artesanías en maderas, tienen 35 años y es hijo de padres que desarrollaban su misma labor. Así se presentó. Este mes no le fue fácil, quizás uno de los más complejos en el año, sobre todo porque vende en la calle, en la Peatonal y en otros lugares donde instala sus trabajos bajo un cielo que le llovió casi todos los días. “No, cuando llueve no puedo salir. Agarro la mercadería y trato de ir casa por casa, de venderle a algún vecino, busco cómo hacer. Tengo gurises y necesito la moneda todos los días; por más que llueva la tengo que salir a buscar. Así es el día a día”, sintetizó Pastore. 

Explicó que este mes, cada amanecer debió volver a plantearse la manera de salir para conseguir dinero. “Cuando no se pudo me quedé en mi casa a producir, no pierdo el tiempo y entonces por ahí no tuve plata, pero sí pude hacer cosas para vender”, contó. 

Dijo que por día puede vender entre 200 y 500 pesos, en otros menos, pero que son los fines de semana y las fechas de cobro de cuando hace la diferencia. 

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Encarar el día positivo y buscar alternativas



Juan Martínez tiene 27 y vende perfumes; es un optimista: llueve y el joven piensa en alguna alternativa, en encontrar un techo que le permita el encuentro “casual” con algún potencial cliente.

“Busco estrategias. Si nos contamos la película de terror por la lluvia se pudre todo”,dijo. Es que su trabajo es ir por la calle y ofrecer perfumes, mostrarlos y hacerlos sentir; tarea difícil para hacer  bajo agua. “Cuando llueve me pongo a pensar a dónde ir, a qué centro comercial, abajo de qué techo, en qué estación de servicios me pongo donde pase la gente. Vender se vende igual”, contó. 

En un día normal puede llegar a lograr 600 pesos o un poco más y sus horarios son dos o tres horas por la mañana de 10 a 12 y luego de 17 a 19. 

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