La Provincia
Domingo 23 de Octubre de 2016

Un mercado con ritmo propio que pone pulso al bolsillo del consumidor

El Mercado Concentrador El Charrúa funciona desde 1994 en avenida Almafuerte y calle 1519 de Paraná. Unos 300 vehículos acuden a diario para abastecerse de frutas, verduras y hortalizas. La brecha de los precios es el dilema

A las 5.45 un empleado del Mercado Concentrador El Charrúa abre las puertas del predio y se sienta en la taquilla para cobrar peaje a todos los vehículos que entran al lugar. Una larga fila de autos, pickups, camionetas y camiones esperan con el motor encendido sobre avenida Almafuerte de Paraná. A las 6 en punto el hombre de la boletería habilita el paso y empieza a intercambiar billetes por un ticket a quienes ingresan a comprar verduras, frutas y hortalizas. El trámite es ágil y evita que se arme una congestión. En un abrir y cerrar de ojos el estacionamiento se colma y cientos de personas se adentran en un amplio galpón a hacer negocios.


Es viernes y el clima es frío, 11º marca el termómetro en la capital entrerriana, aunque en el predio en donde está ubicado El Charrúa no se siente por la vorágine entre comerciantes que se vive. Se trata del único mercado concentrador en Entre Ríos que hace 22 años funciona en avenida Almafuerte y calle 1519, antes lo hizo en donde actualmente está la Terminal de Ómnibus.


El mercado abre de lunes a viernes de 6 a 12. En un galpón grande se reparten alrededor de 50 puestos ya sea de empresarios o productores, quienes exponen frutas, verduras y hortalizas en cajones de madera o cartón para que la gente compre al por mayor o al por menor. Las primeras tres horas desde que se habilita el ingreso al predio son furiosas, es como si las personas se transforman en termitas y antes de devorar en unos segundos un pedazo de tronco, arremeten contra los comerciantes y cierran tratos.


"Desde que abre sus puertas hasta las 9, este lugar es un hervidero de personas porque todos vienen temprano a comprar mercadería y así se van temprano a venderla", manifiesta a UNO Aníbal, empleado del lugar desde hace 15 años. Uno de los trabajos que él hace es estar en la taquilla de entrada al predio y cobrar un peaje a los vehículos que ingresan al mercado: "Por día entran un promedio de 250 camionetas y unos 50 camiones. A los autos se les cobra 20 pesos, a las pickups 25 y a los camiones 45".


El predio de El Charrúa ocupa toda una manzana. Al ingresar uno se topa con un estacionamiento, luego se impone el amplio galpón en el que se vende la mercadería, detrás de este hay otro playón para que los vehículos sean cargados antes de salir de gira y al lado de este lugar están los depósitos, en donde algunos comerciantes guardan alimentos que no se echan a perder tan rápido como la cebolla o la papa.


—¡Dale Carlitos, apurate, no ves que el tiempo es dinero! –grita el conductor de un camión rojo estacionado en el playón detrás del predio.
—Ya voy, ya voy Pedro. Está pesado el carro –explica Carlitos mientras empuja con dificultad un changuito con variedad de verduras. En un momento el hombre frena, se acomoda el pantalón que se le cae y sigue. Mientras, a su compañero que lo espera en el camión le salen chispas de la cabeza, está apurado, nervioso.


Cuando Carlitos llega al vehículo, detiene el carro y se pone a cargar la mercadería, en ese momento no se percata que varios tomates cherry se le cayeron. A los cinco minutos todo está listo y se oye el brutal arranque del camión, que desaparece de inmediato. Esta secuencia es imitada por varios grupos de personas, todos descienden de vehículos, se adentran al galpón, compran mercadería y luego de cargarla se fugan en minutos.


El mercado tiene un ritmo propio e intenso que se impone y marca un pulso acelerado. Dentro del galpón se nota que entre tanto caos hay un orden y todos saben que es molesto quedarse parado. No hay que dudar, sino todo lo contrario, "encarar la situación".


Así lo explica Miguel Moyano, quien hace más de 20 años que viene a El Charrúa a trabajar. Él es fletero y se encarga de trasladar la mercadería de los comerciantes. "Uno tiene que venir, buscar el mejor precio, comprar e irse. No hay que dar muchas vueltas", señala a UNO.


Quien se suma a explicar cómo es la dinámica del lugar es Stella Maris Almeida, una mujer que tiene una verdulería en el barrio San Agustín hace ocho años y contrata los servicios de Moyano. Ella cuenta: "La cosa es simple: hay que venir temprano, comprar e irse rápido para así abrir el comercio que uno tiene".
De esta manera, queda a la vista que El Charrúa tiene un ritmo propio al cual hay que adaptarse enseguida, aunque hay un detalle al que uno no se acostumbra y es el golpe a los bolsillos del comprador. "El precio siempre varía de acuerdo a la oferta y la demanda, uno tiene que tratar de comprar de buena calidad y al mejor precio y después poner el precio final que le parezca, que casi siempre es un 40% más", apunta Almeida.


El Charrua. Mercado de frutas, verduras y hortalizas


Mayorista y productor


En El Charrúa hay mayoristas de todo el país como así también productores de distintas partes de Entre Ríos. Todos acuden a diario al mercado para acomodar sus puestos y venderlos al por mayor o al por menor.


El amplio galpón que se reparte en 50 puestos está dividido por sectores: los que venden frutas, los que venden verduras y los que venden hortalizas, aunque están quienes ofrecen de todo un poco. Todos exponen la mercadería perfectamente y el sol que se cuela por las altas ventanas del lugar ilumina las naranjas, los limones y los zapallitos. La variedad de colores se impone como norma, al igual que la diversidad de aromas. Las plantas de lechuga recién lavadas se mezclan con las mandarinas y la albahaca. Se trata de un festín de olores que se cuelan por la nariz y producen un entrevero en el estómago.


"Con el tiempo uno se acostumbra a todo esto. El ritmo, el precio, los gritos, los aromas. Todo puede ser un caos o una revolución para quien viene por primera vez acá, pero luego se naturaliza", reflexiona Eliseo y comenta a UNO: "El mercado es hermoso por su dinámica, vengo siempre a comprar para mi familia". El hombre, que lleva un suéter azul con jeans celestes y tiene 50 años, cierra la conversación con esa frase y desaparece.


Cerca de las 8, el movimiento en el mercado continúa, no se detiene. Afuera del galpón hace frío, pero dentro no, todos corren, van de aquí para allá, y se entretienen con los negocios. Un hombre con musculosa blanca con rayas negras, que acarrea un carro con variedad de hortalizas, es una muestra del panorama que se percibe en el lugar. "Hace calor acá, está pa' andar en cuero", comenta el trabajador y se detiene frente al puesto que se llama El Caburé.


Este comercio es comandado por Gonzalo Flemate, quien trabaja en El Charrúa hace 20 años. Este puesto vende frutas y verduras al por mayor, y la mercadería es de distintas partes del país. "Es un mercado que provee a gran parte de la provincia, así que se labura mucho. Los lunes y viernes es cuando más se trabaja porque ni el sábado ni el domingo abre el mercado, entonces muchos compran para vender el fin de semana y los lunes también hay mucho trabajo porque todos quedaron secos del fin de semana, así que tienen que reponer".


Quien coincide con Flemate es César Brondani, un productor de Acceso Norte que está en el negocio hace 18 años. Él tiene huertas de lechuga, tomate, acelga, cebolla de verdeo, repollo, morrones y albahaca y casi siempre traslada su mercadería la noche anterior o el mismo día a la madrugada para arrancar bien con las ventas. "Los lunes y viernes hay mucho movimiento porque todos compran o para el fin de semana o para empezar bien la semana. Y los días que más se siente la caída de ventas varía, pero por lo general es los martes y miércoles", cuenta el hombre.


Frente al puesto de verduras y hortalizas de Brondani, está Miguel Colombo, quien tiene hace 30 años una empresa mayorista de citrus junto a sus hermanos, la firma se llama Colombo Hermanos y es oriunda de Chajarí. Mientras atiende a clientes y habla con sus empleados, el hombre, que lleva un sombrero de marinero en su cabeza, asegura a UNO: "Acá se trabaja intensamente. Nosotros trabajamos a full con lo que es la comercialización de cítricos y también duraznos porque como es mercadería perecedera y por eso tenemos que agilizar las ventas".


Similar postura tiene la gente de la empresa mayorista de frutas y verduras Lell y Correa. Esta firma tiene 60 años y actualmente es llevada adelante por Sebastián, su madre María del Carmen y su hermana Soledad. "A la empresa la empezó mi abuelo, luego la siguió mi papá y ahora estamos nosotros tres a cargo. Nosotros somos productores consignatarios y traemos frutas y verduras de todo el país como La Plata y Coronda, e incluso de países limítrofes como Brasil, Ecuador y Bolivia", cuenta el hombre que hace 20 años está en el negocio.

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Traslado y precios


Cuando uno ingresa al predio, del lado izquierdo hay un pequeño edificio. En su puerta hay un cartel que dice: "Administración del mercado", en este espacio está el despacho de Analía Dragán, presidenta del Mercado Concentrador El Charrúa. Ella recibe a UNO en un ambiente amplio, fresco y con aroma impersonal, fuera del olor a lechuga húmeda o el griterío de los comerciantes mientras se disputan el precio de un cajón de bananas.


Dragán, que es ingeniera agrónoma y desde febrero de 2014 ocupa la presidencia de El Charrúa, explica que actualmente se está tratando el tema del traslado del mercado a un lugar más lejano. "Hay dos opciones, una sería a unos a 10 kilómetros del centro de Paraná, en la zona El Brete del Acceso Norte, y la otra por Colonia Avellaneda. Todavía no está nada definido, se está trabajando junto al Ministerio de Agroindustria de la Nación, el municipio y la Provincia".


Sobre los motivos del traslado del mercado, Dragán cuenta: "Pasa que el espacio es chico y no hay capacidad de progresar, y lo que queremos es ampliar el sector de ventas. Además es necesario por los camiones que entran y salen del predio, es un riesgo permanente para los vecinos".


Sobre los precios que impone el mercado, Dragán detalla: "Si bien El Charrúa aparece como una sociedad anónima, en realidad es más una cooperativa sin fines de lucro, ya que no deja muchas ganancias porque nosotros lo único que hacemos es alquilar los puestos a los mayoristas y productores que van desde unos 4.000 pesos en adelante, y ese dinero sirve para mantener el lugar como ser la limpieza, la seguridad y la administración propiamente dicha. Pero nosotros no intervenimos en los precios que imponen los comerciantes".


Al respecto, Brandoni explica que los precios varían constantemente y todo depende de la oferta y la demanda. "Pero por estos momentos todo está bastante bien, un cajón de lechuga de unos nueve kilos está alrededor de 100 pesos", ejemplifica el productor. Quien también da cuenta de los precios de los cítricos es Colombo: "Un cajón de naranjas de unos 18 kilos va desde los 50 pesos hasta los 180 pesos, todo depende de la calidad de la fruta".


Por otra parte, Sebastián, de Lell y Correa cuenta a UNO cómo ve el panorama: "Todo depende, cuando hay mucha cantidad, los precios bajan, pero cuando hay poca cantidad los precios suben. Pero por ahora todo va bien, nosotros traemos bananas de Bolivia y un cajón con 20 kilos sale 280. El que pone el precio al consumidor es el comerciante que le debe estar sacando un 40% o un 50% más".


De esta manera, queda a la vista la brecha que hay entre el precio del mayorista y del productor respecto de la cifra que ofrece el comerciante las frutas, verduras y hortalizas. Porque en un puesto céntrico, un kilo de bananas está a 40 pesos, lo que significa que el vendedor le está sacando casi un 200% al precio original.

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La salida


Pasadas las 9, la actividad en El Charrúa se calma. Los gritos y las corridas se apagan y los comerciantes logran tomar su primer mate y dejar de lado el anotador sobre la mesa y el lápiz arriba de una oreja.


"El movimiento es constante y se debe a que hay mucha gente trabajando, de los 50 puestos que hay, unos 30 serán empresas mayoristas y el resto son productores locales. Todo esto significa que son unas 1.200 familias las que viven del mercado, desde la producción, el transporte, empaquetamiento y demás", cuenta Dragán al tiempo que detalla que en El Charrúa hay personas de toda la provincia como La Paz, Villaguay, Chajarí, Diamante entre otras.


Fuera del predio, sobre avenida Almafuerte, hay otros comercios como un supermercado, un kiosco y un local de venta de todo tipo de semillas. Es así que en esta zona de Paraná uno no tan solo puede comprar frutas, verduras y hortalizas, sino también hacerse de los elementos necesarios para construirse una huerta familiar.


"Hace ocho años que estoy acá y vendo semillas de todo, vendo al por mayor y al por menor, y la verdad es que vendo mucho a familias que apuestan a una huerta en sus casas", señala Santiago Wilson, dueño del local de venta de semillas.


Viajar en auto desde el centro de la capital entrerriana hacia El Charrúa a las 6, solo dura 15 minutos, en cambio hacerlo luego de las 9 es un trámite más tedioso. Pero si uno busca ahorrar, resulta interesante adentrarse en El Charrúa para darse cuenta la diferencia abismal que hay desde que sale una lechuga de una huerta hasta que la retiramos de una góndola.

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