Paraná
Domingo 20 de Noviembre de 2016

Un hombre que cuida caballos con pasión, amor y dedicación

Viñeta urbana. Tiene su establo ubicado frente a uno de los peores paisajes de Paraná, el Volcadero. Un renovado relato de lo que pasa en la zona oeste de la ciudad, en donde a diario unas 200 familias se la rebuscan para sobrevivir.

Es noviembre y la temperatura a las 11 sobrepasa los 30ª. El sol es tan fuerte que parte la tierra y provoca que ardan las montañas de basura que duermen en el Volcadero de Paraná. El cielo está despejado, pero por el abundante humo no se puede ver su color auténtico: el celeste.

El olor es intolerable, nauseabundo y el panorama que se percibe es insoportable y deprimente. Es que este lugar que está ubicado en Florentino Ameghino al final, en la zona oeste de la capital entrerriana, cada vez está peor y lo único que se mantiene intacto es el ninguneo permanente por parte de las autoridades municipales y provinciales.

Frente a una de las peores postales de la llamada Ciudad paisaje, en donde cientos de familias se las rebuscan para sacar de la basura que depositan a diario los camiones, algo para llenar sus estómagos o poder intercambiar por dinero, hay un hombre que le hace frente a la miseria y mantiene con pasión un precario establo con unos 35 caballos bien cuidados.

Gerardo Bejarano tiene 50 años, es padre, amigo, trabajador de la construcción y amante de los animales. Toda su vida vivió en el barrio Anacleto Medina, pero hace 11 meses que está en el San Martín, conocido como el Volcadero, en donde se construyó una casita con chapas y armó un cerco para proteger a los caballos.

En diálogo con UNO, Gerardo explica que nació en el campo y siempre le gustaron mucho los animales. "Los quiero y cuido mucho, son mi gran pasión. Acá tengo como unos 35 caballos y junto a otros hombres que me ayudan les doy de comer, les pongo desparasitario y las vacunas contra el tétanos, y si es necesario antibiótico", cuenta el hombre que, a pesar del calor, está vestido con un pantalón gris desteñido, botas negras de goma, camisa azul mangas largas y una boina de lana.

Mientras acaricia un hermoso padrillo, el hombre relata que tiene los animales por el simple hecho de tenerlos. "No los vendo ni nada, solo los tengo acá porque me gustan mucho. Con el tiempo fui juntando los caballos que andaban sueltos por la zona, porque lo que pasa es que a veces andan solos y abandonados y necesitan que alguien los cuide", expresa Gerardo, al tiempo que señala que es un costo importante alimentar estos animales "porque comen mucho fardo y el fardo está como a 120 pesos y en unos días se lo devoran".

"Pero uno lo hace porque quiere y le gusta. A los caballos los dejo salir de paseo y andan sueltos por el barrio, ya se acostumbraron al clima del Volcadero", relata el cuidador de caballos, y apunta que una vez dos de estos animales sufrieron la mordedura de una víbora, pero que afortunadamente no pasó a mayores.

"Pasa que estamos a metros del Volcadero, es imposible que algo no te pase, pero con el tiempo uno se acostumbra a este panorama", aclara Gerardo, quien se pasea por su predio y se acerca a darle afecto a una yegua blanca con lunares negros. "Es hermoso este animal, a mí me encanta. Imaginate que no me importa vivir en un rancho siempre y cuando los caballos estén bien", finaliza el hombre.



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La naturalización


No es una novedad la triste realidad que se vive en la zona oeste de Paraná. Resulta que el Volcadero está ubicado a unas 15 cuadras del centro de la capital entrerriana y a diario unas 200 familias acuden para poder sacar algo de la basura.

Un vecino del barrio San Martín, ante la consulta de UNO, asegura: "Son muchas personas las que van todos los días, incluso los fines de semana, al Volcadero a buscar algo para comer o vender. Calculo que de las 200 familias que viven de la basura, habrá más de 700 personas entre chicos y grandes".

La cifra es alarmante, y más si se piensa que hay niños que empiezan a los 6 años a trabajar en el cirujeo. "Somos bastante los que trabajamos y vivimos de la basura. Revolvemos los residuos y ahí seleccionamos qué nos sirve y qué no. El cartón, papel y vidrio es lo que podemos canjear por dinero", explica otro vecino, y agrega que "el panorama en la zona es cada vez peor y nunca nadie se hace cargo de esta realidad".

Quienes viven en la zona aseguran que el Volcadero tiene más de 90 años de existencia. Lo que significa que numerosos gobiernos municipales no pudieron buscarle una solución de raíz al problema que viven los ciudadanos de la zona oeste de Paraná. "Los años pasan y ningún gobierno provincial o municipal presenta una respuesta estructural adecuada. Nos tienen olvidados y en definitiva lo único que sigue intacto es el ninguneo por parte de quienes deben hacerse cargo", apunta otro vecino.

Las condiciones del Volcadero son verdaderamente precarias. Trabajar en este lugar es perjudicial para la salud desde donde se lo mire. Las personas pueden sufrir enfermedades respiratorias u otras por la contaminación, hasta caer desplomadas al piso por un golpe de calor. "Es insalubre trabajar acá pero no nos queda otra. Uno revuelve los residuos bajo la lluvia, el calor y el humo que genera la basura por la congestión. Uno se dedica al cirujeo porque a través del cirujeo se puede obtener comida o plata", cuenta un joven, y señala que por día acuden unos 40 camiones a depositar más de 300 toneladas de basura.

"Pero la basura no viene separada como ordenó la Justicia, viene toda mezclada. Fue una mentira ese plan que lanzó el municipio para separar residuos porque las cosas están igual que siempre", apunta un hombre mayor de edad mientras camina sobre una montaña de basura y relata que los camiones vienen en diferentes turnos y muchas veces tiran la basura al agua.

El domingo 31 de enero UNO publicó un informe sobre la realidad del Volcadero. En esa crónica se detallaba cómo, si uno parte de la Plaza 1º de Mayo por calle España pasa por el Cementerio Municipal y continúa por Florencio Ameghino hasta República de Siria, se choca con una línea imaginaria que divide la ciudad y que invita a ver el lugar en donde se depositan todos los residuos de una población y como estos se vuelven necesarios para unos y desperdicios para otros.



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La solución que no llega


Durante la intendencia de Blanca Osuna se buscó erradicar el Volcadero y para eso se inauguró en diciembre de 2014 la Planta de Clasificación y Transferencia de Residuos Manuel Belgrano. Muchos aseguraron que esta iniciativa se convirtió en una referencia en la provincia y el país, pero lamentablemente no fue así, porque no frenó la triste realidad de la zona oeste de la capital entrerriana.

Iniciada la gestión de Sergio Varisco, el presidente municipal se comprometió a terminar con el Volcadero y, de esta manera, el jueves 2 de junio informó que se estaba muy cerca de aprobar un financiamiento de entre 8 y 12 millones de dólares para eliminar la situación del barrio San Martín de Paraná.


Lamentablemente el panorama sigue igual, a pesar de que transcurrieron más de cinco meses de que Varisco diera la gran noticia luego de su participación de un Foro sobre iniciativas en ciudades emergentes y sostenibles en Hamburgo, este encuentro fue organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo de Alemania.

Ahora esperemos que lo que dijo el intendente en esa oportunidad no sea una promesa incumplida más, ya que en ese momento él aseguró: "Tenemos obras con financiamiento del BID a través del Programa de Mejoramiento Barrial (Promeba) y hay una inversión de más de 50 millones de pesos en la zona de Humito, de Las Flores, Kilómetro 3. Ahora ya tenemos la autorización para otra inversión de 50 millones más para continuar con esas obras y hay dos proyectos en trámite: uno de desagües pluviales, otro de relleno sanitario para terminar con el Volcadero a cielo abierto en la ciudad".

Todo suena muy lindo y tentador, esperemos que pronto empiecen las obras para que se termine con una desproporcionada realidad que cada vez se ve peor, porque si uno se adentra en el barrio San Martín y camina junto a niños y niñas entre las montañas de basura que duermen en el Volcadero, podrá darse cuenta de su dolor y entender que no cirujean por elección, sino por necesidad.

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