Espectaculos
Lunes 28 de Marzo de 2016

Un filme LGBT en Cine Club Musidora

Se trata de un filme de Hong Kong hecho en Argentina. "Happy together" de Wong Kar-Wai. Será el miércoles a las 20.20 en calle Libertad 170 de Paraná.

El miércoles, a las 20.20, en la sede de AJER (Libertad 170) Cine Club Musidora proyectará un filme de Hong Kong, pero hecho en Argentina. Happy together (de Wong Kar-Wai, 1997), que se puede traducir al castellano como Felices juntos, es una película de temática gay asiática que figura en lo más alto del cine LGBT de todos los rankings.

Se trata de una historia de amor gay de dos asiáticos de Hong Kong que viajan a Argentina en busca de nuevas oportunidades, pero no será fácil adaptarse. Ambos se quedan trabajando en Buenos Aires, frecuentando el bajo fondo de la ciudad. Entre las Cataratas y la Isla de los Estados, una historia de amor con ascendiente en Manuel Puig.

La capital argentina no tiene otra función dramática y narrativa que ser extraña para una pareja de asiáticos que llegaron a ella “para volver a empezar” una relación que desde el principio se nos plantea como problemática; sólo el hecho de quedar en las antípodas de Hong Kong le da cierta significación, pues acentúa la lejanía en que el par de protagonistas se encuentra con respecto a su lugar de origen. 

Esta lejanía es el primer signo del desarraigo de los personajes, no sólo geográfico sino también afectivo. Porque son dos hombres perdidos en una ciudad extraña y en la melancolía, que se encuentran indefensos y vulnerables ante las circunstancias, ante su condición de homosexuales y de extranjeros. Por eso cada tanto “vuelven a empezar” esa relación  tormentosa, ese amor inconsistente y esa trágica contradicción de los sentimientos que no permite la convivencia ni tampoco la ausencia.

Aparentemente se trata de dos personajes por completo distintos, el uno serio, taciturno, diligente y trabajador, y el otro alocado, cínico, inconsecuente y sin escrúpulos. Pero a la larga terminan por parecerse mucho, en principio porque “todos los solitarios son iguales”, pero también por tener tanto en común: su lugar de origen, su desarraigo, su homosexualidad y su necesidad-hastío ante el otro. Son todas esas cosas las que los reúne y une en una pensión porteña de mala muerte, las que hacen que, en una imagen tan triste como emotiva y llena de significaciones, bailen con melancólica pasión un tango en la sucia y deprimente cocina de aquella pensión. Son esas cosas las que hacen que sean como un par de imanes que constantemente cambian su polaridad, repeliéndose y atrayéndose hasta el desgaste final.
 

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