Cine
Martes 08 de Noviembre de 2016

Un clásico de Pier Paolo Pasolini en Musidora

Mañana, a las 20.30, en el Casal de Catalunya (Nogoyá 123, Paraná), hay una nueva cita con el séptimo arte de la mano del Cine Club Musidora. En esta oportunidad, proyectarán el filme de 1966 de Pier Paolo Pasolini, Uccellacci e uccellini (Pajarracos y pajaritos).

Un padre y su hijo caminan en busca de una moratoria para la deuda que pesa sobre su casa, cuando se cruzan con un cuervo parlante, que les narra su teoría sobre el mundo. Delirante y tierna fábula en forma de comedia social, de un Pasolini que, todavía impregnado de neorrealismo pero siempre personal, se las arregla para expresar sus ideas mediante la travesía simbólica emprendida por sus personajes, repleta de alegorías políticas y religiosas.

Pasolini muestra sin tapujos su carácter comprometido y su militancia comunista y cristiana en esta bienintencionada pero rancia comedia al servicio de su particular ideario.

"Nunca antes había escogido como tema para una película un sujeto tan difícil: la crisis del marxismo de la Resistencia y de los años 50, poéticamente situada antes de la muerte de Togliatti, experimentada y vivida desde el interior, por un marxista que sin embargo no está dispuesto a creer que el marxismo haya terminado", expresó el director en una entrevista.

Pajaritos y pajarracos es una rareza cinematográfica que queda en una especie de limbo extraño. Es cine con vocación política, con una narrativa cinematográfica al servicio de un mensaje, que pretende llegar a un elevado número de personas. Es decir, quiere convertirse en un cine popular, de masas. Y es rareza porque Pasolini no consigue 'llegar' a un número elevado de personas sino que elabora un ejercicio cinematográfico provisto de humor absurdo, ironía, poesía e ideología. Es decir convierte su Pajarracos y pajaritos en película minoritaria. Así es una pieza cinematográfica para analizar y que refleja además el 'espíritu' político y social de un momento de la historia italiana a finales de los 60, dos años después del fallecimiento del secretario general del Partido Comunista italiano, Palmiro Togliatti (durante el peculiar caminar de ese padre y ese hijo se cruzan con su entierro –Pasolini inserta en el relato cinematográfico imágenes documentales).

No es de extrañar que Pasolini elija como protagonista, como el padre, a uno de los actores más populares y famosos de la cinematografía italiana: Totó. Un Totó, que en sus andares, vestimenta, expresión corporal y gestual y en los acontecimientos que vive es cercano a los héroes de ese cine cómico mudo y universal. En Totó están las huellas de Charles Chaplin y de Buster Keaton. Y su hijo tiene el rostro vital de Ninetto Davoli, que será un habitual en la cinematografía de Pasolini.

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