La Provincia
Lunes 28 de Diciembre de 2015

Un camino para los jóvenes que piensan en el casamiento

Descubriendo Entre Ríos. Tercera vía de compromiso. Una pareja de novios, mendocino él, entrerriana ella, dio un sí ancestral  

Tirso Fiorotto/ De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar

¿Podemos beber en la sabiduría del vivir bien, el sumak kawsay, sin integrar por el momento un ayllu?
¿En qué medida la cosmovisión andina nos deja enseñanzas a quienes estamos organizados bajo el sistema occidental?
Dos jóvenes encararon el desafío de sumergirse, sin más, en una antigua doctrina que no tiene fecha de inicio ni acepta que la acorralen, es decir, una doctrina que traspasa límites temporales y espaciales, y nos invita por aquí, por allá, porque además, con ser “vieja”, resulta también una contestación apropiada para los males de la modernidad.
Las chicas y los muchachos que son novios, incluso aquellos que conviven por poco o mucho tiempo, suelen preguntarse por la posibilidad del casamiento y las razones.
Las religiones tienen una serie de ritos establecidos, de modo que los encuentros son más o menos conocidos, y a veces su atractivo depende un poco de la buena voluntad o el talento del que oficie esa ceremonia.
También el Registro Civil establece pautas a seguir, y la pareja recibe allí aclaraciones y señalamientos del juez o la jueza que interviene, en algunos casos, como ocurre en Paraná, con especial buena onda.
El caso que vamos a tratar en la columna de hoy se refiere a una tercera vía, honda y muy nuestra, que se complementa con las otras (religión y Estado), o en algún caso puede reemplazarlas, según las creencias y convicciones de los contrayentes.

Ríos y montañas
No es un invento moderno, no es una novedad surgida en un escritorio, o fruto de la creatividad de una persona. Se trata de una tradición que, como tal, se pierde en el fondo de los tiempos en el Abya yala (América), y da al casamiento un alcance superior.
El mendocino Pablo y la entrerriana Mercedes hicieron la semana pasada un compromiso ante sus allegados, y previamente explicaron la situación que enfrentaron y las razones de su decisión por el casamiento. Allí fundamentaron porqué el individuo se consuma como persona en la relación estrecha con un par, en un compromiso comunitario.
El ejemplo vale para tender puentes y abrir las puertas al mundo milenario del Abya yala, ocultado por siglos, y hacerlo con creatividad pero con el respeto que la tradición merece para no bastardear sus potencialidades.
Aquí las palabras escuchadas en un salón de Aldea Brasilera, entre Paraná y Diamante.
Pablo: “Un día decidimos casarnos. Al dar la noticia nos encontramos con reacciones muy auténticas e interesantes. En muchos casos la respuesta consistió en un interrogante, una pregunta, curiosamente siempre la misma: ¿y porqué se casan? Nos conocemos hace ‘poco’, ya vivimos juntos, ¿para qué dar ese paso? A esa pregunta la hicimos nuestra y a la respuesta la supimos encontrar en esta noche: queremos celebrar el amor. Queremos asumir ante las personas más queridas el compromiso más importante de nuestras vidas. El compromiso es nuestro, eso es claro, pero somos conscientes de dos cosas: que involucra a toda nuestra comunidad, y que desde ahora tendremos nuevas responsabilidades”.

Chachawarmi
Mercedes: “Con el Pablo les queremos dar las gracias. Gracias de corazón: por todo lo que nos dan y por estar presentes hoy. Cada uno de ustedes es parte de este sueño. Los pueblos más hermosos nos dicen que hay un camino donde la persona se funde en el otro. Ese camino se llama amistad, se llama amor. En el altiplano le decimos Chachawarmi, el día y la noche conviven, el Yin y el Yang, la flor y la abeja. En nosotros es el amor, y cuando el amor se declara en público toma otro vuelo”.
Pablo: “Conceptos como el Chachawarmi, el yin y el yang, hacen referencia a la unidad en el par. Nos realizamos como persona en la comunidad. A la manera de los zapatos que llevamos puestos, ya no somos uno y otro, somos un par. El par de opuestos complementarios es la semilla, y luego se reproduce en todos los ámbitos de la vida. No se trata de competir, sino de compartir. No ganar, sino cooperar entre nosotros. Tenemos un adicional: conocí a la Mechi acá, un mundo entre los ríos, y yo vengo de la vera de la montaña. La integración de los paisajes dice mucho, y sabemos que solo seremos realmente libres en armonía con la naturaleza. Los guaraníes nombran al lugar del ensueño tekoá, y el poeta lo resume en ‘un ranchito borracho de sueños y amor’”.

 Guaymallén y Paraná
Mercedes: “El humano y el árbol, eso también es un par complementario. En el fondo puede verse la unidad. Lo mismo en la cultura y el monte, la música y la poesía. Por eso este encuentro aquí nos resulta maravilloso. En el camino al casamiento hemos dialogado y escuchado mucho. Vamos comprendiendo que la armonía florece y da frutos cuando la pareja se compromete ante los seres queridos, cuando nos casamos ante ustedes. Ya sabemos que no fuimos creados para competir, sino para compartir. Frente a la locura de la velocidad y los empujones, optamos por la locura de la tranquilidad y los abrazos. Frente al ruido del asfalto, el murmullo de la costa y el silencio de los cerros. Hoy todos dejamos alguna cosa pendiente para abrazarnos. De eso se trata, y les damos gracias por eso. Uno más uno significa ayuda, significa paz, alegría y fuerza para colaborar con los demás compañeros de viaje, sean las personas o los pájaros. Queremos decir que este compromiso es por la vida y trasciende a nuestros nombres”.
Concluidas estas lecturas alternadas, los jóvenes leyeron sus compromisos personales, frente a frente, cada uno con su tono, sus emociones, sus modos y convicciones.
Distintos instrumentos, voces, melodías, acompañaron el compromiso de Mercedes y Pablo con eje en el Chachawarmi. Una antiquísima tradición renovada a la luz de nuevas generaciones. Mendoza y Entre Ríos, Guaymallén y Paraná, una voz de los guaraníes y una voz de los huarpes, enlazadas en una cosmovisión que nos llena los pulmones.
Frente al pueblo
En la obra Despatriarcalización y chachawarmi, del Ministerio de Cultura de Bolivia, se puede leer el capítulo titulado “Chachawarmi como paradigma de identidad de pareja”.
Dice en un fragmento: en el proceder rigurosamente andino, el protocolo relacional básico que pauta las relaciones humanas es la pareja… la condición de persona, en su pleno sentido, se adquiere en pareja. El matrimonio es un momento importante, un rito de paso por el que transitan las personas para pasar del limbo de la individualidad a la inserción comunitaria plena. Esto se hace evidente en una revisión de los términos para designar a la pareja humana en las dos lenguas indígenas mayoritarias en las tierras altas de Bolivia. La persona en sentido pleno es el Jaqi (Aymara) y Runa (Runa Simi), que es el resultado de la pareja humana: Chachawarmi (Aymara) y qhariwarmi (Runa Simi). Los términos que designan el proceso en lengua indígena también son profundamente esclarecedores y marcan el carácter del paso, tránsito de una condición previa a otra nueva a través de un rito de paso, una suerte de puente (chakana). De hecho, el matrimonio, formar pareja en Aymara es jaqichasiña (hacerse persona), en Runa Simi el mismo término, con idéntica significación, es runayana. A partir de su constitución como persona, la pareja puede adquirir responsabilidades como familia, recibir tierra en el territorio de la comunidad, y sobre todo, se habilita para el thakhi (camino), el sistema de cargos con responsabilidades progresivamente mayores pensados para servir al colectivo. La complementariedad de la pareja humana corresponde a una concepción dual del cosmos, que es el criterio válido también para la sociedad, en todas las escalas…
En esa misma obra leemos que en el matrimonio, dos seres adquieren en la unidad la condición de persona y, por lo tanto, la capacidad de participar en el espacio comunitario.
Chachawarmi consiste en la institucionalidad de la dualidad, un modo de comprender la vida, que además tiene posibilidad de expresión en el plano espiritual, en la naturaleza y en la sociedad.
En rigor, esta norma está determinada por la norma divina y cósmica. A nivel de la comunidad, chachawarmi (jaqi) es la institución que hace viable el colectivo y la autoridad, a la vez que está sometida a una supranorma divina que organiza todas las cosas con su par.
Y algo más: en términos de proceso ningún sujeto (femenino o masculino) es considerado persona en sentido riguroso por la comunidad (jaqi), antes de establecerse como pareja.
Jaqi significa también persona adulta, mayor, responsable, depositaria de la confianza del colectivo. Los y las jóvenes (tawaqu y wayna), antes de formar pareja forman parte del mundo natural, es frecuente designarlos con apelativos tales como qachu y urqu (macho y hembra a semejanza de los animales), no están vinculados a la sociedad e incluso pueden gozar de cierta permisividad sexual. La actividad sexual por sí misma –dice la obra- no confiere a los sujetos la condición de jaqi, la pareja debe afirmase y ratificarse a nivel comunitario para adquirir la condición de tal.




 

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