La Provincia
Jueves 09 de Junio de 2016

Un bioingeniero entrerriano marca el camino en la industria farmacéutica del continente

Gonzalo Simón es el director de Investigaciones Clínicas de GSK Argentina, responsable de la coordinación de los diversos estudios clínicos que lleva adelante la compañía que anunció, en la semana, una inversión en el país por 1.000 millones de pesos en cinco años.   

Juan Manuel Kunzi/De la Redacción de UNO
Gonzalo Simón tiene una profunda tonada entrerriana que recuerda al hombre de estas tierras criado entre el campo y la costa. Hace 42 años nació en Gualeguychú y hace poco más de 18 que consiguió el título de bioingeniero en Oro Verde. 
Antes de establecerse en Buenos Aires, durante un tiempo, continúo viajando a la facultad de la UNER para dar clases y continuar con sus trabajados de investigación. Luego, pasó unos seis años trabajando en la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) hasta que le llegó la propuesta laboral de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA por sus siglas en inglés). Viajó a Estados Unidos donde continúo estudiando y trabajando. Volvió y hace 11 años y medio que trabaja en GSK Argentina, la firma que se define como "una empresa global del cuidado de la salud guiada por la ciencia que se dedica a la Investigación y Desarrollo de una amplia gama de productos innovadores en tres áreas principales: productos farmacéuticos, vacunas y consumo masivo".
El bioingeniero, luego de disertar en el lanzamiento de las inversiones por 1.000 millones de pesos que GSK realizará en el país durante los próximos cinco años, explicó a UNO en qué consiste su trabajo como Director de Investigaciones Clínicas de la multinacional que tiene presencia en 110 países. 


"Abrí la charla diciendo que quiero contribuir a la difusión de la invetigación clínica porque hay mucho desconocimiento y desde el desconocimiento la gente opina una cosa u otra. Por eso mi charla estuvo destinada a dar ejemplos beneficios de los estudios clínicas para el paciente y la comunidad de pacientes. Se repite que los estudios clínicos se hacen en los países en vías de desarrollo o subdesarrollados, que se prueban los medicamentos en esos países y son usados en los países desarrollados. La realidad es al revés. Casi todos los estudios clínicos se hacen en los países desarrollados porque sus agencias sanitarias se los exigen. Estados Unidos no puede vender un remedio sino fue probado en Estados Unidos. Hay que desmitificar tantos mitos que hay en torno en la investigación clínica", recomendó.   
Sentado en un sillón del segundo piso del Hilton de Puerto Madero, acompañado por una integrante de la agencia que manejó la prensa del evento, el gualeguaychuense reconoció que cuando se habla de estudios clínicos aparece la imagen de un dificio de la NASA como en las películas. "No tiene nada que ver con eso. Se hacen en las mismas instituciones en donde se hacen prácticas habituales, los mismos médicos. En Argentina, el 98% de la investigación es de fase tardía, pacientes que padecen la patología y se busca que la droga sea eficaz. Vos hablás con un paciente y no hay ninguno que te marque una diferencia con el estudio clínico. Es una visita médica habitual, en torno a una serie de controles con mucho rigor ético y científico para registrar los datos de esa visita", aclaró. Además puntualizó que también conoce los estudios que se realizan en un laboratorio de Paraná. 
"Hay mucha fábula, mito, y la realidad es totalmente distinta. Las visitas de estudios clínicos(de fase tardía) son muy parecidas a una visita médica", insistió.
Así como su exposición en el R&D Day 2016 volvió a enumerar los pasos que se tienen que dar dentro de la industria: "Cuando quiero registrar un nuevo medicamento voy hablar con las agencias regulatorias y se lo propongo. Entonces la agencia me dice si 'vos querés vender este medicamento tenés que cumplir con esto'. Diseño y conduzco los estudios clínicos. Después voy a la agencia regulatoria con los resultados. Si son satisfactorios me los aprueban. Yo demuestro que un producto es eficaz para el asma leve y lo puedo vender para asma leve. Para cada indicación tengo que hacer un nuevo estudio. Todos los resultados se publican por política de la empresa. No solo se publican lo buenos sino que también los malos. Es un compromiso con la comunidad médica. Por un tema de transparencia", reconoció. 



El futuro

Simón aceptó que en Oro Verde hoy están estudiando futuros bioingenieros que quizás se encuentran en la misma posición que él hace 20 años atrás. "Creo que soy el único bioingeniero en la industria farmacéutica, el resto va hacia los dispositivos médicos. Buscan la venta de equipamiento. Mi mensaje es que no se cierren a las salidas laborales clásicas de la bioingeniería. Soy el ejemplo porque terminé en una industria en donde no había bioingenieros". 
El director de Investigaciones Clínicas de GSK Argentina y responsable de la coordinación de estudios clínicos advirtió que la bioingeniería tiene una salida laboral cada vez más amplia. "Cuando uno entra a estudiar bioingeniería quiere desarrollar un hígado artificial y cuando estás por salir decis buenos voy a vender aparatos médicos a no se dónde...Que los futuros profesionales no se cierren. Ahora el laboratorio está comenzando a incorporar nanotecnología y los que la desarrollan son los bioingenieros. Quizás de acá a un tiempo GSK esté llenó de bioingenieros".
En un pequeño descanso de un día agitado como parece que serán los próximos cinco años dentro de la compañía, insistió: "La industria farmaceutica va a necesitar cada vez más bioingenieros más allá de que tengan un gran campo de acción en casi todo lo relacionado con Salud".  

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