Policiales
Martes 21 de Junio de 2016

Un adolescente confesó que mató al defenderse en un conflicto por un robo

El joven que asesinó a Agustín García, en el barrio 1° de Julio de Paraná, fue declarado responsable de homicidio en legítima defensa. El mes que viene se conocerá la pena.

En marzo del año pasado, el robo de una moto desató un conflicto entre jóvenes del barrio 1° de Julio. Al parecer, el que sustrajo el vehículo acusó del robo a otro. Luego de varios días de peleas y enfrentamientos, el problema terminó de la peor manera: el presunto ladrón de la moto fue asesinado a tiros por el que había señalado. Según determinó la Justicia, el crimen fue en el marco de una pelea. Por eso, al joven que era menor al momento de matar, lo declararon responsable del delito de Homicidio en exceso de legítima defensa. El mes que viene se determinará la pena que deberá cumplir, mientras continúa cumpliendo las medidas orientadas a la inserción social.
Agustín García tenía 18 años cuando murió el 12 de abril de 2015 en el hospital San Martín, como consecuencia de los dos balazos que recibió en la noche del 27 de marzo anterior en calle Galloli, en el corazón del barrio 1° de Julio. El joven que lo asesinó tenía 17 años y en el juicio se hizo cargo del crimen pero aseguró que lo hizo para defenderse.
Los testigos que declararon refirieron el conflicto que se vivía en el lugar desde una semana antes, cuando al parecer García le robó la moto a un vecino, e hizo correr la versión de que el ladrón era el menor en cuestión. Los días previos a aquel viernes fatídico, hubo algunos encontronazos, amenazas y reyertas. Un hombre que es allegado tanto de la víctima como del victimario, contó que le había pedido a García que devolviera la moto, que habría tenido guardada en su casa, pero no le hizo caso.
En horas de la noche del 27 de marzo, García salió de su casa luego de comer algo, con un cuchillo en la mano. Iba con un amigo y se quedó hablando en la puerta de la casa de éste con él, su madre, así como otro amigo del barrio. De repente dobló en la esquina de calle Suipacha el muchacho con quien venía teniendo problemas, y se produjo el último episodio violento. Algunos testigos prefirieron decir que no vieron nada, que se metieron en sus casas y solo escucharon tres disparos. Pero otros no miraron para otro lado y contaron con detalles la secuencia de hechos.
Según éstos, Agustín increpó con el cuchillo a su contrincante y le dijo "te voy a matar hijo de puta". Le tiró varios puntazos que el otro logró esquivar. Lo que nadie pudo corroborar es de qué manera apareció en la escena el arma de fuego, con la cual el victimario efectuó tres disparos, dos de los cuales impactaron en García, y luego salió corriendo.
El joven se movió como pudo hasta que quedó tirado en el cordón de la vereda. Pidió ayuda a un grupo de jóvenes que estaba en la zona de la virgencita, quienes corrieron al destacamento policial que está a pocos metros, pero estaba cerrado. Luego llegó la abuela y el chico le dijo "me pegaron tres tiros". Luego, un remisero del barrio lo subió a su auto y lo llevó al hospital.
El acusado declaró que todo había comenzado con el robo de la moto, que él le pidió a Agustín que la devolviera y se enojó. Los días previos al hecho de sangre le gatilló con un arma en la cabeza, pero no salieron los disparos. Incluso recordó que le pidió perdón a la madre de García, y le juró que en ese momento era su vida o la de él.
La fiscal Sandra Terreno pidió declarar responsable al imputado por el delito de Homicidio simple, y descargó la legítima defensa, ya que no quedó probada la agresión ilegítima por parte de García, ni que haya intentado atentar contra la vida del menor. Además, no hay ningún informe médico que dé cuenta de alguna lesión padecida por el acusado, ni de esa noche ni de las peleas previas.
Por su parte, el defensor oficial Miguel Ángel Fernández sostuvo que el testimonio más veraz del único testigo presencial permitió probar que el acusado se defendió.
El juez Penal de Niños y Adolescentes, Pablo Barbirotto, coincidió con la defensa, y refirió al contexto de lo acontecido la semana anterior al hecho. "No se cuenta con una prueba directa que avale que se habría producido previo al hecho un altercado entre el imputado y García, producto de la sustracción de una moto, situación ésta que habría desencadenado una serie de amenazas y peleas entre ambos, que no fueron denunciadas por ninguno de los dos", pero "es claro que en ese contexto barrial, los inconvenientes personales no se denuncian ante la autoridad policial, sino que se dirimen según sus propios códigos, mas aún cuando hacemos referencia a adolescentes inmersos en ese escenario, por lo tanto la ausencia de denuncias no permite aseverar que los hechos no existieron".
A su vez, el juez valoró la reconstrucción del hecho que se hizo en el juicio, con las declaraciones del acusado y los testigos: "Quedó claro que el encuentro entre el acusado y la víctima fue casual, y que aquél no fue en su búsqueda para darle muerte". Además, "si hubiera tenido la intención de ir en su búsqueda para darle muerte habría sido más sencillo aprovechar esa oportunidad para arremeter contra su integridad -por la espalda- sin correr riesgos en su persona y efectuar los disparos". A esto agregó que "la versión defensiva es coherente y creíble, puesto que al ser agredido por García con un cuchillo de cocina, este se defendió, y la exaltación propia de la lucha explica la corta distancia en que se produjeron los disparos, a menos de 25 centímetros".

El debate sobre la integración de la pena

Luego del juicio, el juez Penal de Niños y Adolescentes, Pablo Barbirotto, declaró responsable al acusado del delito de Homicidio en exceso de legítima defensa, pero en la sentencia no impuso una pena. La misma será integrada en una nueva instancia en la que se debatirá la sanción que el joven deberá cumplir. En el fallo, el magistrado explicó: "Se ha entendido que si el objeto del proceso penal juvenil es que el promover la reintegración del joven y que éste asuma una función constructiva en la sociedad, hay que darle la oportunidad, y luego, asumida ésta determinarse si es necesario aplicarle o no alguna sanción". Y agregó: "La audiencia integrativa de sentencia es muy conveniente cuando el adolescente ha incurrido en un hecho que lo hace punible porque permite evaluar el desenvolvimiento una vez declarada su responsabilidad".
"En esta etapa, el análisis sobre la necesidad de la pena y su determinación ocupan el lugar central, evitando que esta cuestión sea tratada livianamente en el debate, donde todos los esfuerzos se centran en determinar la materialidad del hecho y la autoría responsable", sostuvo Barbirotto.
En este sentido, fundamentó que "en la sentencia se aplican medidas socioeducativas, inclusivas, que deben tener una duración determinada y suficiente para posibilitar el proceso reflexivo y crítico que se espera. Vencido ello, y recién a la vista el resultado, se debate y resuelve la necesidad de una pena".
"¿Qué media entre un momento y otro? ¿Qué hay entre el juicio de responsabilidad y el de necesidad penal?", preguntó, y respondió: "Es un tiempo de intervención proactiva, de medidas socio-educativas que deben cumplirse, y en que se espera del sujeto una respuesta suficientemente favorable que le evite el estigma de una pena".

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