A Fondo
Jueves 24 de Diciembre de 2015

Triste historia

Daniel Caraffini / De la Redacción de UNO
dcaraffini@uno.com.ar


Hace más de 70 años, un 25 de diciembre en el Hospital San Martín, en la más absoluta miseria y olvido, falleció Desiderio Rito Larramendi, el último eslabón de una familia poderosa de la región. Era hijo de Doña Rita M. de Larramendi, que había fallecido con 110 años cumplidos en 1924, descendiente de Francisca Arias de Cabrera y Saavedra de Larramendi, dama que donó las tierras donde Paraná comenzó a contar su historia como ciudad.

“No tengo nada –dice el anciano–, vivo merced a la caridad cristiana de una buenas vecinas. La herencia de nuestros mayores se perdió, la llevaron otros, quién sabe quién; a lo mejor, aves negras… Algunos han venido después de inquirir datos sobre ciertas escrituras, pero no han vuelto más”, había dicho Larramendi, pocos días antes, a una entrevista que le realizara El Diario de Paraná.

“Y como si quisiera deslegitimar la veracidad de sus afirmaciones, tiende la mirada hacia el interior del rancho donde la soledad y la miseria se confunden en contorsiones desesperantes”, agrega Adolfo Perotti, quien fuera un destacado periodista local, en aquella nota rescatada pocos días después.

Desiderio Rito Larramendi era uno de los últimos descendientes de los Hernandarias y los Garay. Sus antecesores, 200 años antes, eran dueños de las tierras donde se erige Paraná, además de zonas lindantes. El primero en llegar a América fue Simón de Larramendi, que se radicó en Santa Fe y contrajo enlace en 1714 con Juana de Quintana, hija de Juana de Quintana de Badajoz (Extremadura, España), venido a América en 1672, y de Mendieta y Zárate, la hija del general Roque de Medieta y Juana Cortés de Santucho.

Pedro fue uno de sus siete hijos. Se casó con Francisca Arias de Cabrera, en 1746. Doña Francisca era descendientes de viejas familias de la colonia, por vía paterna: su padre Fernando Arias de Cabrera era descendiente directo de Hernando Arias de Cabrera, el gran jefe criollo; de Juan de Garay, fundador de Santa Fe y Buenos Aires; y de Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de Córdoba.

La donación en 1778 a la Iglesia Parroquial de Paraná “para su mayor lustre y adelantamiento en honor del vecindario”, fue la contribución de doña Francisca para que evolucione la capital provincial, cuyo progreso era impedido por estar en terrenos privados.

Otro ilustre descendiente fue Gregoria Pérez Larramendi, nieta de Simón de Larramendi, nacida de Ángela Larramendi, una de las hijas del adelantado. A Gregoria –contrajo enlace con Juan Ventura Denis– se la conoce como la primera dama patricia del país, al ofrecer todos sus bienes al general Manuel Belgrano, a su paso por Paraná hacia el Paraguay.

La muerte de Desiderio Rito Larramendi, sumido en una condición de precariedad pese a la fortuna de sus antepasados, constituye un caso singular. Familias antiguas en el país, de doble apellido, conservan aún hoy su poder económico, pese al devenir del tiempo.

Merecerán análisis particulares si cada uno de estos hombres o dinastías hicieron aportes patrióticos. Pero en el caso de los Larramendi, tal gesto público es incuestionable, con las donaciones primero de María Francisca Arias de Cabrera y Saavedra de Larramendi a la Parroquia de Paraná, y muchos años después, de Gregoria Pérez Larramendi, al Ejército de Belgrano. En la actualidad, la familia es recordada por la sociedad paranaense con la denominación de una calle, en el antiguo barrio de Bajada Grande. Precisamente, en esa jurisdicción costera se erige el monumento a Gregoria Pérez Larramendi de Denis. Pero como dato llamativo, el apellido hoy parece haberse perdido como su fortuna, o al menos eso deja apreciar un vistazo en las guías telefónicas.
 

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