La Provincia
Jueves 19 de Mayo de 2016

Toneladas de basura terminarán en el río ante la falta de limpieza

Desde hace ocho días el Paraná abandonó su límite de evacuación y bajó 40 centímetros. Dejó al descubierto un colchón de basura atascado en las desembocaduras de los arroyos. Entre la inconsciencia del vecino y la desidia oficial

Después de recorrer las desembocaduras de los arroyos de Paraná sobre el río, queda la sensación de llevar el olor a podrido adentro de la nariz durante varias horas. El Paraná está 40 centímetros por debajo de esa línea que marca el nivel de evacuación y con ello dejó al descubierto un colchón de mugre carente de saneamiento oficial. La falta de limpieza es tal que un nuevo repunte fluvial o, por el contrario, la continuidad de la bajante puede determinar que toneladas de mugre acompañen el recorrido natural del curso de agua y se vayan con ella.

Hay grupos ambientalistas, amigos del río, de los puertos y de la costa, peñas de paranaenses comprometidos que preocupados por esta situación emprendieron limpiezas de estos cursos de agua. Sin embargo, los grandes esfuerzos parecen no alcanzar porque la tarea requiere de una intervención municipal eficiente y continua. Meses atrás hubo incluso ayuda de la comuna en la tarea, pero a juzgar por los hechos, se necesita más que una colaboración; tal vez compromiso y presencia. Se sabe que además, todo eso debe acompañarse de un cambio cultural y educativo, como el de arrojar una bolsa de residuos al lugar que corresponde y no en otro.

Sobre el agua hay de todo y abajo también. Desde la orilla se pueden ver zapatillas viejas, trapos, plásticos en casi todas sus variantes e incluso recipientes para helados, pelotas, juguetes y bolsas. Una parte flota y se estanca en sus desembocaduras, a otra se la lleva la corriente para algunos de sus confines.

La Santiagueña. Las bolsas son parte de la barranca; acompañan el curso de agua. Foto UNO/Mateo Oviedo 

Antes de llegar al Thompson, ayer había basura tirada en varias esquinas sobre avenida Ramírez e incluso eran acompañadas por montículos de ramas secas y podridas. Hay quienes afirmaron que estaban en el lugar desde las últimas tormentas fuertes de febrero, otros dijeron que fueron por podas más recientes, pero que nadie las juntó desde hace tiempo.  

Que el río bajó se nota y es un aliciente. Pero en la desembocadura del arroyo Las Viejas la mugre quedó atascada en el puente que comunica con el Club Náutico. Hay hasta una heladera que sobresale y los residuos parecen tan apelmazados que tal vez se puede hasta caminar sobre la basura. El olor es repugnante y solo algunas aves van y vienen en la búsqueda de algún alimento. Del otro lado del puente, hacia el río, el color del agua se tornasola entre un verde a un gris y la contaminación es evidente. 

Cualquiera que se pare unos segundos en Laurencena antes de llegar a Martín Miguel de Güemes recibirá un golpe de aire fresco, ese que recorre el arroyo como si fuera un tubo. Ayer, llevaba consigo un olor muy fuerte a podrido. Desde las rejas del puente se ve cómo las bolsas de basura forman parte de la barranca de La Santiagueña y también acompañan el curso de agua.

Pescadores. El panorama continúa lejos de la higiene y la salud.  Foto UNO/Mateo Oviedo 

 El Paraná alcanzó, según datos aportados por Prefectura Naval, los 4,61 metros, cuando 4,70 es el nivel de alerta y 5 el de evacuación, altura que fue superada desde principios de diciembre, con una bajante en marzo y una nueva crecida que se mantuvo hasta hace ocho días. 

Ahora, con este nuevo descenso del río, la basura volvió a quedar expuesta. Si la desidia oficial continúa al ritmo del descenso de las aguas o frente a un nuevo aumento considerable, esas toneladas de desperdicios atascados en los puentes lo atravesarán por arriba o por abajo para perderse y contaminar.  Se sabe que parte de los residuos permanecen inmodificables al paso del tiempo. Hay quienes dicen que la clave está en concientizar. A juzgar por el paisaje frente al Paraná, quizás se necesita ayudar a la educación con alguna maquinaria y personal municipal.   

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Un paisaje que no se modifica en el vértice del Parque Urquiza


El sábado UNO publicó en su página web una nota en donde dio cuenta de la necesidad de limpiar la basura atascada en el puente de ingreso al Club de Pescadores, donde una peña trabajó en su saneamiento. La noticia recorrió además las redes sociales. Ayer, una nueva crónica publicada en la edición impresa dio cuenta, con sus imágenes elocuentes, de las toneladas de mugre que están próximas a irse por el río. Por la tarde, al volver a recorrer la zona, la situación continuaba igual de compleja o peor, por el paso del tiempo.

Hay bolsas de basura que parecen irse, alejarse del puente, pero después vuelven arrastradas por una corriente que se mete en el río. 

Hay animales muertos que flotan y otros vivos que tratan a los primeros como  sustento. Un televisor dado vuelta, una número cinco de cuero con colores gastados y varios juguetes que acompañan a todo aquel mejunje de plásticos diferentes.  

Foto UNO/Mateo Oviedo

Entre los bichos y el olor, no hace falta ser un especialista para reconocer la ausencia de higiene, de salud y de saneamiento de parte de algunos de los organismos municipales que son capaces, con su estructura, de resolver la situación.

Desde el Club de Pescadores contaron que desde marzo piden por una limpieza profunda de parte de la comuna. Dijeron –además se ve con solo recorrer el lugar–, que junto a la basura de la superficie, en el fondo hay mucha más que necesita contar con maquinarias que permitan sanear hasta lo más hondo. Se trata de una tarea que de forma manual es imposible, más allá de la voluntad que pongan socios y vecinos. 

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