Inseguridad
Martes 29 de Noviembre de 2016

Tirados en la ruta y a la buena de Dios

Hacía mucho tiempo que no sentía la humillación, el destrato y la mala fe de parte de alguien. Creo que en su gran mayoría las empresas de seguros hacen lo que se les da la regalada gana y lo peor es que nadie protege al usuario o al cliente, como les gusta decir a ellos.

Uno paga religiosamente todos los meses el servicio, que no es barato, y por ello se debe garantizar mínimamente una prestación de auxilio, con lo que eso significa. Lo que nos pasó a mí y mi familia, le pasa a mucha gente, pero agachan la cabeza, hacen silencio y no exteriorizan el malestar por el desprecio.

El domingo a las 20 sufrí un problema mecánico en mi auto, en cercanías de Rincón de Nogoyá, en la ruta 11. Llamé de inmediato a mi asegurador, y comencé a dar vueltas entre comunicaciones grabadas por varios minutos, sin buena señal. En definitiva, tras 15 minutos de espera, finalmente me atendió una señora que, creo, físicamente estaba en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Explicarle dónde me encontraba tirado en la ruta no fue nada sencillo ante la indiferencia de una empresa que lo único que le interesa es recaudar dinero y defecarse en sus usuarios.

No les importó cómo nos encontrábamos, qué necesitábamos, sí nos aclaró de ante mano, 'ustedes están a más de 100 kilómetros que es lo que cubre el servicio'. Tras remarcar que teníamos que pagar al contado cerca de 2.200 pesos para llevar el auto hasta Paraná, nos desayunamos que la búsqueda de un auxilio significaría como mínimo una espera de entre tres a cuatro horas.

Es obvio que le expresé el enojo por la tardanza o la poca ayuda de la empresa. Tirados en la ruta, en la oscuridad, sin medidas de seguridad, sin nada. Así fue la espera de la grúa que llegó, no de Victoria, Nogoyá, Gualeguay, Hernández, Crespo, Ramírez, Febre, Diamante u otros pueblos intermedios, sino de Paraná.

Al llegar el remolque, lo que le importó al chofer fue saber cómo se iba a pagar el traslado, si en efectivo o con tarjeta de crédito. Saber cómo nos encontrábamos, no. ¡Por favor!, ni siquiera preguntaron por si necesitábamos un vaso de agua, nada.

Tirados en la ruta, llenos de mosquitos, sin un baño cerca. Así estuvimos varias horas. Es que el trámite de la convocatoria del servicio de grúa, que comenzó a las 20 terminó previo pago de 2.200 pesos a las 2 de la mañana.

Maldigo el sistema, la falta de control y el desprecio por los usuarios de las tan benditas empresas de seguros que pululan en la provincia y el país y que en las publicidades parecerían ser la Cruz Roja por su capacidad de contención, ayuda y asistencia, pero que en el terreno, son los más vulgares caranchos que andan buscando gente en las rutas para robarles la poca plata que tienen.

Me pregunto, varias horas más tarde, quién se hubiera hecho responsable si a mi familia le pasaba algo, si éramos chocados por otro vehículo o sufríamos algún hecho de inseguridad. Seguramente que allí la empresa de seguros se habría lavado las manos, tal cual es la costumbre de un sistema por demás perverso que nadie controla o verifica.

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