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Sábado 13 de Junio de 2015

Tenía 12 años y lo mataron cuando cuidaba un búnker de drogas

El peor final para un pibe en Rosario. Rolando Mansilla estaba en el techo de un quiosco de Ludueña con un arma, un colchón y un brasero. Le pegaron dos balazos.

A Rolando Adrián Mansilla lo mataron el jueves a la noche en el techo de un búnker de venta de drogas, en la zona más pobre de barrio Ludueña. Su crimen desnuda una vez más los dos planos de una misma realidad: de un lado, la que a diario viven los vecinos de los barrios periféricos de la ciudad de Rosario; del otro, la que suelen relatar los funcionarios políticos y judiciales desde los escritorios o cuando ocasionalmente llegan a esos lugares. Rolando tenía sólo 12 años y había llegado desde Chaco, como buena parte de sus vecinos de Empalme Graneros, escapando de la miseria. Vivía en la casa de una tía materna y sus últimas 12 horas de vida las pasó sobre el techo de una construcción precaria en la que funcionaba un quiosco de drogas allanado infinidad de veces. Una de esas ocasiones fue en abril de 2014, cuando el secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, supervisó un operativo de Prefectura Naval durante el primer desembarco de las tropas federales en Rosario.

Los vecinos relataron que una vez que esas fuerzas se retiraron del lugar tuvieron que soldar el portón de acceso al búnker, que muestra varios impactos de balas de distintos calibres, para impedir que los narcos retomaran el lugar. También denunciaron los habitantes de la populosa barriada la connivencia de los regentes del búnker con los policías. "Nosotros no miramos más películas de acción en la tele. Nos asomamos a la ventana y vemos como dos por tres pasan y tirotean la puerta del búnker. ¿Si quisieron robar el búnker? No señor. Estos vinieron a matar. Era ese pibito o el que fuera. Todos sabemos que un muerto en un búnker lo saca de funcionamiento, al menos por un tiempo. Estos tipos vinieron a matar", explicó un curtido y cansado vecino de Magallanes al 300 bis, el lugar donde todo ocurrió la noche del jueves, tras una balacera en la que dos muchachos fueron heridos en Olavarría al 900 bis.

Tiroteo. Al pibe Rolando un balazo le atravesó el ojo izquierdo. También recibió dos tiros en las piernas. Murió aferrado a una botella con nafta, una improvisada bomba molotov que no alcanzó a usar para defenderse. Los vecinos dicen que sus matadores llegaron en una moto e hicieron un par de disparos que obraron de llamador para el pequeño vigía. Cuando el nene asomó la cabeza le dispararon. "El pibito alcanzó a disparar una vez y ese tiro pegó en el auto de un vecino", relató una doña. Dicen que dentro del quiosco, un chico de 10 años vendía y alcanzó a huir por el techo.

"Lo único que sabemos es que el chico fue baleado a corta distancia, probablemente desde la vereda, por la mecánica de los disparos y cómo impactaron las balas en el cuerpo. En la calle se secuestraron dos vainas calibre 9 milímetros, pero los vecinos hablaron de más de ocho tiros", explicó la fiscal de la Unidad de Homicidios Marisol Fabbro, quien encabeza la investigación. "Por las características particulares de la vivienda y del lugar donde fue hallado el cadáver, se presume que es un búnker y que la víctima ha sido un soldadito", añadió la fiscal.

Por unos pocos pesos. Desde hace varios años, los vecinos hablan de una década, en Magallanes 354 bis funciona un quiosco de venta de drogas: el búnker de "El diente", como lo conocen en el lugar. Allí los vecinos llegaron a un nivel de convivencia con el miedo que ya no les impide hablar. Pero sienten, y entienden, que a nadie le importa lo que allí pasa y lo que ellos viven. "Cuando se fueron los de Prefectura (hace un año) uno de los vecinos soldó el portón para que no pudieran entrar más y se dejaran de vender. Pero lo que hicieron (los transas) fue meter un perro Rottweiler al que tenían cagado de hambre y le dábamos de comer los vecinos, y metieron pibitos de otros lados para que cuidaran y vendieran. Les daban 300 ó 400 pesos por estar todo el día. Los hacían trepar por el techo y atendían por debajo del portón soldado. El que quería comprar pasaba la plata por debajo del portón y de adentro le daban la droga. El otro pibito estaba en el techo con un arma por las dudas", explicó un vecino.

Según cuentan, el búnker de "El diente" es manejado por integrantes de una de las familias involucradas en el asesinato de Mercedes Delgado, la militante social baleada en enero de 2013 en Garzón y Bielsa. "Lo que empezaron a hacer (tras el allanamiento de 2014) fue traer pibitos pobres de otros lugares. Los tenían dos días como máximo y los sacaban. Los cambiaban. Total, pobres es lo que sobra en esta zona", explicó una doña.

Adentro San La Muerte. Tras el crimen de Rolando, el portón soldado fue abierto por la policía y las entrañas del búnker quedaron al descubierto. Lo que desde la vereda parecía un solo lugar en realidad eran dos ambientes en cuyas paredes estaban escritas leyendas, juramentos y números, muchos números. Y en una ventana una estatuilla de yeso de San La Muerte descabezada.

"Había un pibito que trajeron y cuando vio a San La Muerte no se quería quedar porque le tenía miedo. Entonces lo agarraron a cachetazos y le gritaban: «A vos te pagamos para vender no para que tengas miedo». Y lo metieron adentro a vender", recordó otra vecina.

Así, la línea de soldaditos reemplazables llegó hasta Rolando Adrián Mansilla, el nene de 12 años que debería estar en 7º grado, pero no iba a la escuela. Los vecinos lo vieron tomar su turno cerca de las 10 de la mañana del jueves. Le habían dejado, además del arma y la molotov, un brasero y un colchón para pasar la fría noche. El pibe lo acomodó debajo de un tanque de agua. Su misión era asomarse al escuchar que golpeaban el portón para ver si eran clientes o ladrones.

A las 21, bajo una brisa helada, una moto estacionó frente al búnker. Dos hombres bajaron y fueron hacia el portón. Hicieron dos disparos al aire y cuando Rolando se asomó y los vio, hubo un breve cruce de tiros. El pibe, según los vecinos, disparó una sola vez, hasta que un proyectil le atravesó la cabeza. Su sangre bañó la vereda del quiosco verde agua. En la escena quedaron dos vainas 9 milímetros y la fiscal no descarta que haya habido otro arma, quizás un revólver. Pero el arma que los vecinos dicen que Rolando disparó no estaba. Sólo la molotov, el colchón, el pequeño brasero y los restos de vida de un nene de 12 años.
Fuente: La Capital / Por Leo Graciarena 

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