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Domingo 11 de Octubre de 2015

Tengamos paciencia y respaldemos

Gerardo Iglesias
De la Redacción de UNO
giglesias@uno.com.ar


La selección nacional volvió al ruedo el jueves, iniciando el camino de las eliminatorias al Mundial 2018 de Rusia. Fue sin Messi y con derrota en el Monumental riverplatense ante Ecuador, 2 a 0 abajo y a otra cosa. El martes se visita al Paraguay de Ramón Díaz en busca de la revancha, de reforzar la estima del grupo que lidera el Tata Martino como DT.
La derrota ya dio a pie a los agoreros de siempre; los fanáticos que anuncian cataclismos anduvieron a sus anchas por estos días, desparramando pronósticos fatales sobre la suerte de la selección. Un partido sirvió para que nadie sirva para nada, retumbando el “que se vayan todos” al que urgente recurren cuando algo no les gusta o no concuerda con sus pareceres. Un plantel, el albicelete del fútbol que nos representa, que es subcampeón mundial, subcampeón de América, que está entre los tres mejores del mundo, al cabo de 90 minutos no sirve para nada. Todo potenciado por esos programadas donde todos opinan, todos gritan y nadie escucha, donde nadie parece estar dispuesto a regalar una pizca de sensatez. Y ya aparecen, al cabo de 90 minutos de juego, los pedidos por los que no están, que siempre son mejores por eso, porque no están. Si estuvieran, al primer resultado negativo también pasarán a ser culpables de todos los males de la Selección.
Estoy más que seguro que esta Selección clasificará sin problemas al Mundial del país de los Zares y de la Revolución de Octubre. Quizá en el camino encuentre algunas piedras, pero con Messi sano, con el resto acompañando como lo ha hecho hasta ahora, esa marcha no sufrirá frenos. Una caída no debe impedir que Martino rearme todo. Solo deberá reforzar la idea de jugar e ir al frente, apostando por jugadores de buen pie como hasta ahora, dejando de lado las “malditas” tácticas e improvisaciones de puestos, que terminan debilitando todo.
Nada se define en un partido perdido. Fue solo eso, un partido perdido producto de un juego mal jugado por jugadores que, en el 90% de los juegos, lo hacen bien. 
Por estas horas, los 40 millones de técnicos con los que cuenta la Selección están armando y desarmando el equipo, ideando esquemas, cambios, trucos y toda la caterva de mentiras y frases hechas que rodean al fútbol. De nada sirven esas cosas. Sirven la tranquilidad, sirve la autocrítica y el reconocer que se jugó mal. Y a otra cosa. El martes habrá revancha. Se levantarán con otro ánimo y allá saldrán a buscar la victoria, que puede ser empate o hasta derrota, porque el rival juega y quiere lo mismo que nosotros. 
Rusia está a tres años de distancia. 
Mantengamos la paciencia, respaldemos al DT y a los jugadores que elija. Siempre que se ha hecho eso, se ha llegado lejos. Respetar la historia, nuestro juego, la famosa “nuestra”, nos ha regalado innumerables momentos de alegría. Dejemos el triunfalismo de lado, porque el resto, se sabe y se dijo, también juega. En la cancha demostremos que somos los mejores y apoyemos para que eso suceda. Y si no es así, que sea porque el otro lo hace mejor que nosotros, y respetemos eso. 

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