Entrerrianos por el mundo
Domingo 13 de Noviembre de 2016

Spucches: "Todos somos como un árbol, por lo tanto necesitamos raíces"

El pianista paceño Ezequiel Spucches, director artístico y musical del Ensamble Almaviva, vive en París desde 1996. Conquistó el mundo, pero no se olvida del pago, por eso fundó y dirige el festival Galas del Río, un encuentro de arte en la ciudad del norte entrerriano.

"Todos somos como un árbol, por lo tanto necesitamos raíces, y raíces que se alimentan claro", reflexionó el pianista Ezequiel Spucches, director artístico y musical del Ensamble Almaviva (París). El artista vive en París desde 1996. Llegó a aquel rincón mágico del mundo como estudiante, con una beca de la Unesco y del Banco de Galicia y se quedó, ya como intérprete "buscando mi camino en el paisaje musical francés", en sus propias palabras. Muestra nuestra tierra en Europa y como árbol que no olvida sus raíces, intenta inspirar y dar vida a semillas musicales en su propio terruño. Por eso regresa al pago ribereño, para engalanarlo con un festival de música y arte que se desarrolla cada año y cuya novena edición, en 2017, ya tiene fecha: del 25 de agosto al 3 de setiembre.

"Hace años leí un libro magnífico de Juan José Saer que se llama El río sin orillas. Él habla ahí del "ser" diciendo que uno no "es" completamente sino en el lugar que lo vio nacer, allí donde se tuvo la primera experiencia del mundo. Según él, si uno no puede "ser" en su lugar de origen, la vida puede carecer de realidad. Como si viviéramos en una especie de espejismo. Este punto de vista es bastante extremo y discutible pero, de algún modo, siempre sentí que dar vueltas por el mundo tocando el piano o asistiendo a hermosos conciertos o espectáculos, sin tener la oportunidad de compartirlo con mis seres queridos, era algo incompleto. Este fue uno de los motores. Pero bueno, todo podría haber quedado en una simple expresión de deseo si no hubiese encontrado en La Paz un eco tan favorable en un grupo de personas que se entusiasmó con el proyecto y lo asumió como propio", contó a Spucches a UNO.

Galas del Río, así es el nombre del festival paceño, es una forma de brindarle algo al pueblo que lo vio nacer. "El déclic (disparador) que me llevó a tener la convicción de dedicarme a la música profesionalmente fue la visita a La Paz de la Sinfónica de Entre Ríos, cuando yo tenía 14 años. Para mí fue algo increíble. Por eso, más allá de si alguno de los chicos que asisten a un concierto durante galas se dedica a la música, el simple hecho de abrir el espíritu al lenguaje artístico (musical o pictórico) es otorgarle una dimensión suplementaria a nuestra existencia. Es ampliar horizontes".

Pianista ecléctico, Ezequiel multiplica las experiencias en ámbitos tan variados como el teatro, la canción de autor o los espectáculos musicales. Desarrolla en Francia y el extranjero una carrera como concertista en el repertorio solista y de música de cámara. Es uno de los fundadores del Ensamble Almaviva, formación especializada en la música de cámara de América Latina.

El encuentro con cantantes, actores, directores de teatro y otros artífices del medio cultural lo llevó a ampliar su universo musical hacia otras formas artísticas como el teatro, el cine y la canción de autor.

Lejos quedaron las primeras clases de piano en el conservatorio Williams, de La Paz, y luego con Graciela Reca en la escuela de Música, en la capital entrerriana. Hoy Spucches conquistó el mundo.

"Nací en La Paz y desde chico me interesaron diferentes formas artísticas: la música en primer lugar, pero también el dibujo y la literatura. No empecé desde tan pequeño como suele ocurrir mis estudios de piano, principalmente porque en los pueblos del interior no hay urgencias. Por eso fue recién a los 10 años que empecé a tomar clases en el conservatorio Williams de La Paz. Muy pronto sentí que ser músico era lo que realmente me apasionaba. Quizás detrás de este deseo estaba la sublimación de la imagen de mi abuelo, pianista de tango que murió muy joven y al que no conocí. Su piano tronaba en el salón de casa y mi madre tocaba tango y música clásica (me acuerdo de algunas piezas de Beethoven). También solíamos cantar con mis hermanos en torno al piano mientras ella tocaba. Esas primeras experiencias musicales fueron fundamentales. Después tuve la suerte de tener amigos (Horacio Medina en particular) con quien compartir durante la adolescencia el gusto por la música. Él venía de una familia de músicos y fue el primero en hacerme descubrir a Horowitz, Argerich..."

Fueron sus tíos que vivían en Paraná quienes, viendo su interés, lo inscribieron en la Escuela de Música. "Ahí ocurrió el encuentro que hizo posible que mis sueños se cumplieran, ya que pude estudiar con Graciela Reca. Ella me brindó una formación que me permitió estar a la altura de los desafíos que iban a llegar: primeros conciertos con la Sinfónica de Entre Ríos, el contacto con la pianista americana Rosalyn Tureck, los primeros concursos nacionales y al fin el tan esperado viaje al extranjero (primero Rusia y después Francia) con el firme propósito de perfeccionarme. En este período otro maestro tuvo una gran influencia en mi formación: Aldo Antognazzi, con quien tuve la oportunidad de trabajar durante más de dos años en Buenos Aires", recordó el paceño.

De la mano de la música Ezequiel Spucches conoció España, Alemania, Bélgica, Suiza, Inglaterra, Israel, Kazajstán, pero fueron Rusia y Francia los signados como hitos fundamentales en su vida. "Estas dos culturas, la rusa y la francesa, poseen una tradición musical particularmente rica para un pianista: Moscú con la tradición romántica y posromántica (Tchaikovsky o Rachmaninov por ejemplo) pero también cuna de intérpretes célebres como Richter o Gilels; París como centro de la vida musical del siglo XIX (Chopin o Liszt entre otros) y comienzos del XX (Debussy o Ravel), pero también como centro de la pedagogía musical con figuras como Alfred Cortot o Nadia Boulanger. Esa experiencia de poder ir a la fuente para entender de otra manera el significado de una obra musical y ubicarla en un contexto es excepcional", describe.

Ezequiel vive en la capital francesa desde 1996. En un breve repaso recordó quiénes fueron sus maestros: María del Carmen Alemano en La Paz, Graciela Reca en Paraná, Aldo Antognazzi en Buenos Aires, Yuri Sliesarev en Moscú, Germaine Mounier en París. Además tuvo ocasión de tomar clases con algunas personalidades que lo marcaron: Halina Czerny-Stephanska, Eliso Virsaladse, François-René Duchable o Jean Marc Luisada. "Pero quienes considero mis maestros, sin lugar a dudas son Graciela Reca, Aldo Antognazzi y Germaine Mounier", aclaró el entrevistado.


Volver, siempre volver

Spucches dejó Argentina, en primer término, en la búsqueda constante de la excelencia en su especialidad y con la convicción de que había algo que entender en lo que se refería a la cultura que había generado la música que quería interpretar. "Había una mística en torno a los conservatorios de Moscú o de París, y que tenía que ver con gente famosa que pasó por allí. Hoy en día ese aspecto es quizás el menos válido, pero en su momento constituyó un motor importante quizás asociado al idealismo juvenil", expresó.


La inspiradora Ciudad de las Luces

París recibe el sobrenombre de Ciudad de la Luz por haber sido la primera ciudad europea en dotar a sus calles y edificios más importantes de luz eléctrica. Dijo el escritor Ernest Hemingway: "Si tienes bastante suerte como para haber vivido en París de joven, entonces, para toda tu vida, la llevarás contigo".

Ezequiel disfruta mucho de la tierra que lo cobijó. "París es una ciudad hermosa y que ofrece una cantidad impresionante de cosas en lo que se refiere a música y arte en general. Estos últimos dos años, con la apertura de la nueva Filarmonía, del auditorio de Radio France y de la Fundación Vuiton las propuestas son aún más numerosas. Por un lado esto genera mucho entusiasmo, pero al mismo tiempo, en un contexto en el que la oferta cultural es tan importante, es aún más difícil encontrar su lugar, esto obliga a estar constantemente en la búsqueda de la excelencia y de la innovación. Con mi ensamble logramos encontrar nuestro lugar en medio de esa multitud de propuestas, defendiendo un repertorio poco difundido y dando la oportunidad a compositores de hoy de crear", dijo, y ejemplificó: "En enero de 2017 estaremos presentando en París una ópera de cámara que estrenamos por estos días en Buenos Aires, en el CETC, Teatro Colón".

"Más allá de estas consideraciones lo que tiene París es la oportunidad de estar en contacto directo con la historia. Por ejemplo, este año mi maestra Graciela Reca y su familia estuvieron en París y les organicé una visita a todas las direcciones en las que vivió Chopin, desde el bulevar Poissonniers hasta la place Vendôme. Esas cosas son inspiradoras. Uno no toca de la misma manera una obra de Chopin antes y después de haber estado en contacto con el marco en el que transcurrió su vida. Se entienden ciertas cosas relacionadas con una forma de sensibilidad. Este año también pude conocer La Cartuja en Valdemossa, Mallorca, y la casa de George Sand en Nohant, todos lugares en los que Chopin vivió y compuso". El pianista vive en el 11e (el 11° distrito), entre Nation y Bastilla. "Es un barrio que me encanta, lleno de vida, que tiene orígenes populares y se ha transformado actualmente en un barrio que está "de moda" (los franceses dicen "bobo": mezcla de burgués y bohemio). Puedo ir a pie a la ópera Bastilla o a hacer mis compras en el Mercado de Alligre (un mercado al aire libre). Mi cotidiano se divide en actividades artísticas como practicar al piano, ensayar con el ensamble o con cantantes, en función de los proyectos que estoy llevando adelante en cada momento y actividades relacionadas con mi rol de director musical. En este aspecto, tengo a cargo toda lo que está relacionado con el crecimiento artístico e institucional de Almaviva. También ocupa una parte de mi tiempo la preparación de Galas del Río. Son cosas que hago con mucha pasión y entusiasmo", dijo. En sus horas de ocio se define por opciones como ir al cine, hacer deportes y viajar. "Tengo una hija que adora el cine y vemos juntos muchas películas y series juntos. Por otra parte el deporte es importante para alguien como yo, con una actividad que implica una dimensión corporal y finalmente disfruto mucho de viajar; me encanta descubrir lugares y culturas diferentes".


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Refinamiento gastronómico

La gastronomía de Francia está considerada como una de las más importantes del mundo. Está caracterizada por su variedad, fruto de la diversidad regional francesa, tanto cultural como de materias primas, pero también por su refinamiento. Su influencia se deja sentir en casi todas las cocinas del mundo occidental, que fueron incorporando a sus bases conocimientos técnicos de la cocina francesa. Varios chefs franceses tienen una gran reputación internacional, como es el caso de Taillevent, La Varenne, Carême, Escoffier, Ducasse o Bocuse. Está ahora incluida, junto con la gastronomía de México, en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, desde el 16 de noviembre de 2010. Entre las comidas típicas está el Coq au vin (pollo especialmente combinado con verduras, vino y laurel), Confit de pato (carne que se mezcla con ajo y sal); Quenelle (pasta de sémola que se debe mezclar con harina, leche y huevo. Se acompaña con carne de ternera o ave. Se fríe y se sirve con salsa bechamel o de tomate); Ratatouille (vegetales que se fríen todos juntos. Es un plato netamente vegetariano), Fondue (puede ser de queso, chocolate o carnes).

"La comida es muy parecida a lo que uno esta acostumbrado a comer en Argentina. Pienso que el mayor aprendizaje tuvo que ver con un refinamiento en la preparación de las cosas. Los franceses siguen siendo los reyes de la gastronomía, y no es por nada. Es muy interesante ir descubriendo las posibilidades infinitas de los sabores, los matices que puede tener un vino, o un queso (hay más de 400 tipos de quesos en Francia)".


Recuerdos y paisajes

Ezequiel Spucches asegura que se siente muy cómodo en París. "Las cosas que cambian se pueden, a mi criterio, resumir en dos o tres puntos: las agendas se preparan con más antelación (hay que acostumbrarse a tener una invitación para cenar en casa de amigos un mes antes), hay que estar seguro de tener el código de acceso a los edificios cuando vas a ver a alguien, hay que acostumbrarse a usar el "usted" con la gente que no conoces, incluso si son jóvenes o tienen tu misma edad. Por lo demás, París es una ciudad que recibe particularmente bien a los argentinos. No es por nada que somos una comunidad bien representada, en particular en el mundo cultural, y que el eje París-Buenos Aires funcionó siempre como un generador de intercambios muy enriquecedores"

—¿Qué extrañás de Entre Ríos?

—A mi familia y amigos por sobre todas las cosas, la sensación de "tiempo abierto" y la espontaneidad del contacto con la gente.

—¿Qué no extrañas?

—Difícil de contestar... quizás cierta ligereza en el cumplimento de lo que se dice o promete. Pero eso es algo que no se puede generalizar y que de alguna manera existe en todos lados. Pero pienso que tenemos tendencia a sentirnos menos comprometidos con lo que decimos que los franceses por ejemplo. Ah, lo otro que no extraño es la ruta 6! Y eso tiene que ver con lo primero que no extraño..., explicó.

—¿Diferencias entre ambas ciudades?

—Entre París y Entre Ríos hay diferencias culturales, otras que tienen que ver con la organización de la sociedad. Pero enumerarlas puede sonar a 'esto es mejor que aquello'. Pienso que la cuestión que pondría como central tiene que ver, finalmente, con esto del cumplimiento de la palabra: en términos políticos se traduce en una clase dirigente francesa más consciente de sus obligaciones y más cuidadosa de sus dichos. Pero el lado negativo de esto es que los franceses utilizan a veces lo que ellos llaman "langue de bois" (lengua de madera), que es el arte de decir sin decir, para no decir nada que pueda ser "políticamente incorrecto". En términos más generales, pienso que esa consciencia del valor de la palabra se traduce en un compromiso mayor de la sociedad para con los aspectos que se consideran fundamentales: la educación, la cultura, el bien común. A veces siento que en Argentina se dicen muchas cosas que no se terminan de llevar a la práctica, porque ese lazo entre palabra y acto no es respetado. Al mismo tiempo, ciertas cosas como la integración funcionaron mucho mejor en Argentina que en Francia, donde puede sentirse muchas veces una visión negativa del extranjero, que está sobre todo exacerbada en este momento por el problema de la inmigración clandestina y de los movimientos masivos de población que están ocurriendo. Pero esto es un tema muy complejo y apasionante, que excede el marco de esta nota", dijo.

—¿Qué aprendiste con la distancia?

—Que es importante decirse las cosas. Que lo importante no es solo la cantidad sino la calidad del tiempo que uno pasa con los seres queridos. Que ver cosas nuevas me permite ver mejor lo que ya conocía.

—¿Cuáles son tus expectativas al volver?

—Poder disfrutar de los momentos que comparto con mis amigos y familiares, ver crecer los proyectos que hemos realizado juntos (Galas del Río en particular). Sentir que la ciudad, la provincia y el país en general van por el "buen camino" en lo que se refiere a desarrollo, política cultural y modelo social. Y, claro está, poder brindar lo que voy creando artísticamente estando lejos, en este caso el proyecto de creación que presentamos con mi ensamble Almaviva en el CETC del Teatro Colón en noviembre.

—¿Qué mensaje le darías a una persona que quisiera buscar un destino fuera del país?

—Que todos somos como un árbol, y por lo tanto necesitamos raíces (y raíces que se alimentan, claro).



Ficha personal

Nombre y apellido: Ezequiel Spucches

Edad: 43

Lugar de nacimiento: La Paz, Entre Ríos

Estudios cursados (título o en curso) o profesión: pianista, estudios cursados en Paraná (Escuela de Música de Entre Ríos con Graciela Reca), Buenos Aires (maestro Aldo Antognazzi), Moscú (Conservatorio Tchaikovsky con Yuri Sliesarev) y París (École Normale de Musique Alfred Cortot con Germaine Mounier)

Lugar de destino: París, Francia

Tiempo de residencia: 20 años (desde octubre de 1996)

Actividades que realiza: pianista (solista y música de cámara). Director artístico y musical del Ensemble Almaviva, formación especializada en el repertorio clásico y contemporáneo de América Latina. Fundador y director artístico del festival Galas del Río, Encuentros de Arte en La Paz

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