A Fondo
Sábado 20 de Junio de 2015

Somos injustos con el pibe que lleva la Diez

Sebastián Gálligo/ De la Redacción de UNO
sgalligo@uno.com.ar

En Argentina parece ser más reconocido el guapo, el que se planta o hace un gesto, a aquel que la pide, se saca dos hombres de encima, le pegan, la vuelve a pedir, hace goles de todos los colores, patea los tiros libre y los penales. Acaso esto último no implica ser más valiente. Pues bien, esa es la diferencia entre Lionel Messi y Javier Mascherano. El primero, un fenómeno; el segundo, un gran jugador. Ambos se necesitan en un equipo, pero las diferencias a la hora de ser determinantes en el juego son abismales. Como lo dijo el propio Mascherano en una entrevista cuando le mostraron la foto enfrentando a las dos Torres de Bélgica. “En la cancha somos todos guapos, afuera me matan”. La opinión no pretende generar antagonismo, sino visibilizar lo injusto que somos con el pibe que lleva la Diez.

La tendencia en las redes sociales, y en buena parte de la opinión pública, es acorde a la que vimos en el Mundial de Brasil. El Jefecito se lleva todos los aplausos por su postura dentro del campo, independientemente de los buenos partidos que realizó, y el crack rosarino genera opiniones encontradas. Está claro que por ser el mejor siempre se le exige más. Pero no comparto establecer una analogía entre su rendimiento en el Barcelona y en la Selección. Porque más allá de los títulos de un lado y la ausencia en otro, ha demostrado ser lo más desequilibrante luego del retiro de Diego. Nos llevó a jugar una final con la poderosa Alemania porque de no ser por él Argentina no pasaba ni la primera fase. Y aunque cueste asimilarlo, sus goles rompieron con un equipo escaso de fútbol. Hoy en la Copa pasa lo mismo. Messi, sin haber mostrado todo su potencial, es el único jugador capaz de romper el molde para marcar la diferencia. Con menor o mayor influencia es el jugador a observar y a tener en cuenta siempre. El mejor, lejos. Por encima de cualquiera en la Copa. Otra vez carga con esa presión. Disfrutemos del pibe, que de estos no sobran y levantemos su mano siempre.  

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