A Fondo
Viernes 05 de Junio de 2015

Sobre las marchas que no conducen a ninguna parte

Convocatorias. Las redes sociales viralizan campañas tan exitosas como efímeras, dejando al descubierto una sociedad que quiere comprometerse y otra que redime culpas exhibiéndose en campañas  

Verónica Univaso/  UNO
vunivaso@uno.com.ar


Lejos de deslegitimar el reclamo contra la violencia de género y en particular los femicidios, es real que esta convocatoria, como otras surgidas en estos últimos tiempos tienen tanto de efectividad como de placebo.
Sin ánimo de molestar a ninguna creencia y menos a creyentes, estas situaciones convidan a la comparación “pecar toda la semana y el domingo paliar culpas en la Iglesia”, en la marcha por #ni una menos, de la cual “doy Fe” fui partícipe, advertí la terrible realidad de saber que pocos de los que estábamos allí presentes podríamos hacer algo para cambiar, a partir del otro día la violencia que estamos viviendo.
No es quitarle el mérito ni a quienes fuimos y participamos ni mucho menos a aquellas que, a través de estas actividades, intentan salir a la luz, dejar de ser invisibles, en su dolor y su pérdida.

Pero, lo cierto es que pocos cambiarán actitudes a partir de la convocatoria, ya que la efectividad de la misma se diluye en ese momento, cuando los medios de comunicación conspiran para lograr hacerlo masivo. Y por sobre todo, queda la triste idea de que algunos de los que se “sumaron” y se manifestaron, eran ejemplos de estigmatización de la mujer objeto y promotores de un machismo arraigado todavía en estas tierras.

Si bien este tema refleja la sensibilidad social y la necesidad de buscar soluciones reales a una problemática aterradora, lo que intento señalar en particular es el fenómeno en sí, que surge desde las redes, a modo de campañas mundiales, y que son llevadas adelante por personajes famosos y permiten a la gente en lo cotidiano ser parte de ese mutuo aporte social, pero que muchas veces termina en eso mismo.

Recuerdo, salvando las distancias, la campaña mundial para ayudar a los enfermos de ¿cómo se llamaba? (hice la prueba, a varios compañeros de trabajo y familiares y ninguno recordaba el nombre, pero sí la campaña) que consistía en arrojarse un balde de agua helada o aportar determinada cantidad de dinero a una cuenta: ELA, Esclerosis Lateral Amiotrófica.

Lamentablemente, el presidente de la asociación de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), Darío Riva, confesó que en el país la asociación recibió menos de 1.000 pesos en donaciones. La campaña en la que los famosos se tiraron un balde de agua fría y nominaron a otros tres para que lo hagan tuvo una gran repercusión en las redes, pero no así en la cuenta bancaria de la asociación.

No es la intención dejar de generar cambios, ni convocatorias y mucho menos silenciar a aquellos que necesitan ser oídos. Pero sí es un llamado de advertencia desde nuestro lugar, desde los medios, que muchas veces damos una trascendencia a las cuestiones que se hacen virales en las redes y nada más.

Sé que la motivación más grande que nos une ante estas convocatorias es la solidaridad para con el otro, con el que sufre, con el que necesita ser oído. Pero, también es necesario que estas marchan tengan un destino, que se sepa que algo cambió en el día después, desde un llamado de concientización a una ayuda real a quien lo necesita.

Y en esto sí se puede avanzar, en el involucrarse cotidianamente con aquello que ya es “visible”. Si alguien ve a una mujer siendo maltratada hay que involucrarse, eso es efectivo, para eso hay un 144 gratuito.

Pero también entender que las convocatorias no redimen de culpas a quienes participan ni dan certificado de buena conducta. Como así también se impone enseñar difundir y comunicar que es necesario denunciar ante la Justicia a quienes ejercen cualquier tipo de violencia de género (La ley de Protección Integral a la Mujeres 26.485 ya existe y está desde 2009). Y que es necesario prevenir, y enseñar en las escuelas desde los niveles iniciales para erradicar definitivamente del nuestras vidas esta problemática.

Sumar es entender que somos los adultos los que mal educamos a nuestros niños con una mirada perversa sobre cuestiones de género y número; y por sobre todo estigmatizando roles.

Eduquemos para prevenir a los más jóvenes y reeduquémonos nosotros como sociedad para que realmente no tengamos que salir a pedir “#ni una menos”.


 

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