A Fondo
Domingo 04 de Enero de 2015

Sobre el interés que despierta el caso Chomnalez

Sobre la investigación del homicidio de la adolescente Lola Chomnalez se han publicado cientos de cosas, muchas de las cuales no son ciertas. La situación parece generada en la demanda de información que se le plantea a los medios, y a la que no podrían dar respuesta si trabajaran con mayor rigor periodístico.
El gran público -una construcción sobre la que podría discutirse mucho- parece que prefiere cantidad a la calidad. Es cierto que la información que se presenta a través de los medios reúne todos los componentes para convertir a la noticia en un éxito de audiencias. Adolescente; de buena familia; con una sexualidad incipiente, al menos eso lo que se sugiere acompañando esas suposiciones con alguna selfie en pose sugerente; que fue atacada y abusada (según los mismos medios); se sospecha de familiares y amigos... un combo que lo hace ideal para el gran público mediático, ese que se moldea en un ida y vuelta, y del cual los medios son parte activa.
Ahora es Lola Chomnalez; antes fue  Ángeles Rawson; antes Candela Sol Rodríguez. Los homicidios y ataques sexuales son muchos más y sólo algunas investigaciones se vuelven mediáticas.
Pero más allá de cada caso, resulta llamativa la idea que subyace en muchas notas periodísticas sobre las niñas y adolescentes como personas que “lógicamente” están en situación de riesgo por ser sexualmente atractivos, al menos para la mirada de lo que podría considerarse un supuesto común denominador de la sociedad.
Sin mayor fundamento que la simple observación, me permito suponer que la situación tiene un sustento en las cosas de todos los días, y puntualmente en la sexualización cotidiana de los niños y adolescentes; y especialmente de las niñas y adolescentes.
No se trata de minimizar conductas criminales, por supuesto que no. Pero sí reflexionar sobre una característica fuerte del contenido de los medios de comunicación, que es la sexualización de la imagen de los niñas .
En todos los medios, y especialmente en la televisión se exhiben contenidos altamente erotizados sobre la representación de la mujer,  y eso se extiende a niñas y adolescentes, ya sea a través de su forma de vestir, sus gestos, sus intereses y consumos, detrás de los cuales -claro está- existen también marcados intereses comerciales.
Todos los días se emiten contenidos que refuerzan la idea de la mujer, y de la niña, como objeto sexual, y con ello también se refuerza  la frustración de quienes no encuadran en esos parámetros que definen lo deseable.
Todos los días se emiten contenidos que refuerzan ideas que legitiman la violencia sexual. La idea del hombre fuerte que doblega a la mujer porque tiene la capacidad para hacerlo se presenta a menudo en argumentos como “las pendejas provocan”, “algo andaba buscando”, “se visten así y después se quejan”   y argumentos similares.
Todos los días vemos la sexualización de niñas y adolescentes como argumento de la publicidad, en los programas de moda, con una naturalidad que debería alertarnos y molestarnos.  Es cuestión de querer verlo. No hace falta llegar al grotesco del diputado y conductor radial asegurando que a las quinceañeras les gustan los hombres mayores porque además les pegan, o que se acuestan cada noche con uno distinto. Ni tampoco siempre es tan explícito como lo de la ropa infantil que promociona sus modelos con push up para simular pechos y glúteos turgentes.
Se ha advertido también que la sexualización mediática transforma a los niños en objetos legítimos de deseo, ya que son mostrados como personas “sexualmente disponibles”. Esa situación influye, al menos en algunos de los numerosos casos de abuso sexual infantil.
Considero que deberíamos prestar más atención a esta situación, comenzando por quienes trabajamos en los medios. Se sabe que los medios tienen una influencia importantísima en la promoción de esterotipos, positivos o negativos, y esa responsabilidad queda en evidencia ante situaciones como las descriptas.
Si el modelo mediático que se impone es el de niñas y adolescentes hipersexualizadas, incluso en desmedro de otras facetas de su personalidad, no es de extrañar que las noticias sobre crímenes sexuales contra adolescentes marquen records de audiencias.
Si bien resulta criticable que en la cobertura de la investigación de un crimen se difundan rumores sin confirmar o directamente se inventen supuestas noticias, tanto o más criticable es la pasividad y el acuerdo tácito con un contenido mediático que sexualiza a niños y adolescentes, generalmente tras un interés comercial.

 

Carlos Matteoda/De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar

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