A Fondo
Viernes 27 de Mayo de 2016

Sobran motivos para declarar la emergencia

José Amado / De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar


El femicidio de Gisela López dejó a flor de piel un hecho de violencia de género en el contexto de una dramática realidad que viven muchos jóvenes de la ciudad más castigada y postergada por el sistema político en las últimas décadas en la provincia.

Aunque, como vemos a diario, femicidios hay en todos los sectores sociales, el caso de Gisela mostró que más vulnerables son ante la violencia de género aquellas que caminan en calles de tierra y sin luz, que acuden a comisarías y se les burlan, o que, como le sucedió a la chica de 19 años asesinada, no tienen un colectivo que las lleve hasta su barrio luego de clases en una escuela nocturna.

Cuando Gisela estuvo desaparecida durante 18 días, desde el viernes 22 de abril hasta la tarde del martes 10 de mayo en que su cuerpo fue hallado a metros del lugar donde la habían visto por última vez, se multiplicaron los comentarios y las versiones sobre su posible paradero. Entre estos, se mencionaba a la trata de personas y la explotación sexual infantil, que algunos llaman “turismo sexual con menores”. Al parecer, la muerte no habría tenido que ver con esto, pero se habló de situaciones que en Santa Elena son más que rumores.

También se evidenció que los jóvenes buscan un futuro en otro lado: Gisela esperaba poder terminar la Secundaria para ir a estudiar Turismo. Aunque tal vez para regresar e intentar el desarrollo de su pueblo, que de ser la “ciudad fábrica” quedó en la miseria tras el cierre del frigorífico, y en los últimos años esperan con ansias la llegada de turistas. 

Se viene, el viernes 3 de junio, la reedición del Ni una menos. En Santa Elena, el grito se tiene que escuchar más fuerte: por justicia para Gisela y su familia, y para frenar la violencia machista.  Se sabe que pese al acompañamiento que vienen teniendo de parte de vecinos e integrantes del municipio, hay quienes esperan que el reclamo se acalle para que no alcance a ningún político, como si éstos no tuvieran ninguna responsabilidad.

Hasta ahora la convocatoria no trasciende demasiado de las redes sociales y no parece atraer tanto a los medios porteños que dedicaron jornadas completas el año pasado, y en la provincia, salvo excepciones, no terminamos de instalar una discusión fuera de los lugares comunes. Igual habrá expresiones en todo el país porque la problemática no ha cambiado desde aquella manifestación nacional de la que habló el mundo: cada 30 horas una mujer sigue siendo asesinada, y todos los días se multiplican maltratos, abusos sexuales, acosos laborales y en la vía pública. ¿No son motivos suficientes para que se declare la emergencia nacional y provincial en violencia de género?

Tarea aparte tienen las organizaciones que convocan a esta jornada, para dejar de lado las divisiones que el 3 de junio de 2015 se observaron en Paraná con distintas convocatorias que confundieron a quienes querían ir a expresarse.

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