A Fondo
Sábado 25 de Julio de 2015

Sin rumbo fijo


Marcelo Medina/De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar


No salgo de mi asombro cuando me cuentan que en la Liga Paranaense de Fútbol (LPF) hay chicos que van a jugar con sus clubes con resaca, con pocas horas de descanso o tras haber consumido marihuana o cocaína durante toda la noche. Me indigno más cuando pregunto: ¿Qué hace la LPF para ayudar a los pibes a salir de las adicciones? Antes en Paraná se decía que el fútbol no prendía en los chicos porque no había un espejo donde mirarse. Hoy hay dos: Patronato y Atlético Paraná juegan en la B Nacional. También podemos incluir a Belgrano que está disputando un torneo nacional como el Federal B. Hablamos de cobrar un sueldo para jugar. Para llegar a eso hay que cuidarse y hacer una vida sana. 
El consumo de alcohol y droga se ha naturalizado en algunos ámbitos. Lamentablemente a veces se comenta en forma risueña después de un encuentro: “Se cayó un pibe remamado en tal partido” o “se descompuso fulanito porque anoche nos sacamos la cabeza”. Queda como una anécdota, pero no lo es. Los clubes solos no pueden porque no tienen plata ni capacidad para abordar esta compleja problemática social. Cuando hablo de capacidad me refiero a que las instituciones barriales tienen que contar con ayuda profesional, con personas que logren contactarse con los chicos. Hace un tiempo me enteré de un pibe que pintaba para fenómeno bajo los tres palos: hoy está internado en un centro de asistencia para dejar de inhalar cocaína. Entonces el ente madre tiene que ser el que se encargue de girar fondos o hacer convenios que permitan ayudar a chicos que a veces ni siquiera familias tienen. La AFA recibe millones de pesos del Estado y recauda otros tantos que le pagan los clubes. Una gran parte va a las instituciones profesionales y la otra tendría que destinarse a las instituciones más pequeñas.  
Conozco historias de jóvenes que eran unos fenómenos jugando al fútbol en clubes de Paraná, que se perdieron o, como se dice habitualmente, no llegaron. Cuando uno pregunta por los motivos, en la mayoría de los casos aparecen las adicciones y las lesiones por la mala alimentación. También están aquellos que tienen que dejar de jugar porque deben trabajar o, los más afortunados, estudiar.  
En estos días leo atónito que una vez más un caso de doping en el fútbol se resuelve con una sanción rápida y poco eficaz: la suspensión. O sea, queda claro que en todos los estamentos del fútbol la cosa se resuelve sin hacer nada. Me dio la sensación de que el futbolista profesional no es considerado un ser humano para los dirigentes, sino como una simple mercancía desechable. Nada de ayuda, nada de tratamiento, nada de nada para ese hombre que en la mayoría de los casos, de un día para el otro pasó de no tener para comer a vivir en la opulencia. 
El profesional sancionado es Brian Fernández, de Racing, jugador que se transformó en el futbolista número 62 que no supera el antidoping, control que se impone desde 1980. Este muchacho consumió cocaína, droga que no mejora el rendimiento deportivo y que para dejar de consumirla se necesita de un tratamiento. La AFA se lo sacó de encima, como lo hizo con Diego Maradona y como hace con muchos futbolistas. Los dirigentes ni siquiera miran las estadísticas nacionales que indican que en nuestro país el consumo de éxtasis creció un 1.200%, la cocaína un 300% (es decir, hay tres veces más jóvenes que la consumen), mientras que en los solventes e inhalantes el aumento fue de un 227%, la pasta base un 120% y la marihuana un 100%. Los jugadores son hombres de carne y hueso o, para que entiendan los dirigentes, son el fútbol.

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