Hoy por Hoy
Lunes 15 de Agosto de 2016

Siempre les ajustan el cinturón a los de más abajo

Cada vez hay más paranaenses que revuelven los contenedores de basura en búsqueda de algo para comer. Pasa en los barrios y también en el centro, a eso lo advierte cualquiera que camine por la ciudad en cada anochecer. También creció la cantidad de personas que necesitaron abrigo: he visto familias enteras recorrer casa por casa, tocar el timbre y pedir alguna ropa, un buzo, una campera o lo que sea, en esas noches de este invierno jodido. Incluso cada vez hay más personas que cortan el pasto y van en la búsqueda de algún cantero, de algún cuadrado para emparejar y zafar el día: la mayoría son jóvenes y, por lo menos en mi barrio, hasta tres veces en una sola jornada alguien ha golpeado a la puerta.

Días atrás UNO publicó el análisis de un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), una actualización del Barómetro de la Realidad Social. Con el tiempo se aprende que en los números se mueren las palabras que quieren demostrar otra cosa. Solo en el primer trimestre del año unos 400.000 compatriotas cayeron en la indigencia y 1,4 millones en la pobreza: en total, se encuentra en esta situación el 32,6% de la población. Entre esos datos, se desprendió también que solo en Paraná, junto a las ciudades cercanas como San Benito, Colonia Avellaneda y Oro Verde, más de 100.000 personas están debajo de la línea de la pobreza, hay unos 20.000 indigentes y sumaron 10.000 los nuevos pobres durante los primeros tres meses del año. Esa información, con más o menos precisión, da cuenta de aquello que cualquiera puede ver: ese aumento de la necesidad de comer, de vestir y de ganar un mango para resolver solo la jornada. Ocurre incluso, que desde el informe también se desprende que seis de cada 10 jóvenes tienen alguno de sus derechos vulnerados: es la adolescencia y la infancia las más afectadas en el período.

De alguna manera, el trabajo de la UCA confirmó aquello del principio, eso que se advierte en la calle. Se sabe que el aumento de la pobreza son chicos que dejan la escuela, es el terreno fértil del narcotráfico y de la violencia, otro de los males que también afectan directo a la juventud. Herencia y novedad, como sea, siempre les ajustan el cinturón a los de más abajo.

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