Música
Viernes 02 de Junio de 2017

Concierto sorpresa de Arcade Fire en Barcelona

El Festival Primavera Sound de Barcelona demuestra cada año que lo suyo es dejar marca, y lo hace siendo fiel a sí mismo. Esta vez, sorprendió con un concierto de Arcade Fire que nadie esperaba, brindando una experiencia única que eclipsó anoche todo lo demás, al margen de las multitudinarias actuaciones de Bon Iver y Aphex Twin, dos propuestas radicalmente distintas e igualmente cautivadoras.

El grupo del matrimonio formado por Win Butler y Régine Chassagne -que oficialmente actuará el sábado a la medianoche en uno de los escenarios principales- eligió Barcelona para presentar el avance de su inminente nuevo disco, Everything Now. Pero lo que pocos sabían, hasta que comenzó a correr el rumor, era que darían una sorpresa con un show de corta distancia.

Sobre las 20.30 hora local, cuando la muchedumbre se dirigía hacia los escenarios donde se presentaban Glass Animals, Broken Social Scene o Solange, la banda canadiense subió a un escenario que parecía un cuadrilátero y empezó a tocar.

A golpe de hits, cual boxeadores en aquel pequeño recinto, que anteriormente no existía, los nuevo integrantes del grupo, enfundados todos con camperas negras con las iniciales "EN", siglas del que será su quinto álbum, se entregaron al show.

Con un cielo anaranjado y las sombras de los edificios modernos de la ciudad como fondo, el panorama no podía ser más soñado, sublime, para los amantes de esta banda de "indie rock", emblema del siglo XXI y una de las pocas capaces de realizar un mega conciertos a la vieja usanza.

En contraste con lo que se espera para el sábado, un gran show para la multitud con luces, proyecciones y una puesta en escena grandilocuente, Arcade Fire ofreció una experiencia más íntima, aunque igualmente vibrante para un puñado de afortunados, que se fueron acercando al escenario hasta que se cerró el acceso para evitar que la experiencia perdiera su sentido.

Fue una hora de emoción, baile y furor, en la que hits como Rebellion, Neighborhood #3 (Power Out), Reflektor, We Exist, Flashbulb Eyes, entre otros, se sucedieron uno tras otro como una interminable onda expansiva que partía de guitarras aceleradas y la peculiar percusión con la que los canadienses crean su distintivo ambiente festivo y envolvente, esta vez, sólo para unos pocos.

La inesperada actuación de Arcade Fire fue la novedad de la jornada inicial del Primavera Sound, que tuvo como estrella a Bon Iver, quien ya entrada la noche se presentó en uno de los grandes escenarios del recinto Fórum, congregando a miles de personas, que se entregaron a su nueva propuesta introspectiva, atmosférica, con proyecciones lumínicas que invitaban a entrar en una especie de trance musical.

Aunque lejos de ser una fiesta, Justin Vernon no defraudó, todo lo contrario, elevó al público a otro nivel, al de la perfección sonora. Con una agudeza única, su último trabajo, "22, A Millon", es un viaje existencial que ahonda en los sonidos de base electrónica.

Su intensa y emotiva voz, guió a los asistentes durante una hora y media, por los paisajes sonoros y visuales de su nueva propuesta y por clásicos como "Perth", "Holocene" o "Creature fear", hasta culminar con un acústico impresionante de "Skinny Love".

Ya de madrugada, la nota de contraste la puso Aphex Twin, que rompió cabezas entre la masa con su Intelligent Dance Music (IDM), proyecciones y música techno, con pasajes étnicos, electrizantes.
Música chirriante, industrial, indescriptible, que no todos son capaces de bailar, aunque muchos se entregan a la experiencia, con movimientos espasmódicos.

El espectáculo visual, dislocado, con imágenes intercaladas de caras del público superpuestas por el rostro desfigurado del propio Richard D James, y la de referentes políticos, también desfigurados, aportó la dosis de realismo a una experiencia que parecía extraterrestre.

Las propuestas sonoras de la jornada, incluyendo a Bon Iver y Aphex Twin, estuvieron bastante lejos del "indie rock o pop" característico del festival barcelonés.

Solange, la elegante hermana de Beyoncé, y embajadora del "neosoul", presentó un repertorio de rhythm and blues, simple, poco glamouroso, muy "limpio" en todos los sentidos. La armonía de la artista combinó bien con el ambiente de aperitivo previo al plato principal que sería Bon Iver, al que la multitud esperaba mientras escuchaba y bailaba suave, sus canciones envolventes. Sólo por un momento, la artista, abandonó su postura de musa al bajar a cantar con los fans una de sus canciones más conocidas.

Los que llegaron temprano al festival se encontraron con otras sorpresas como fue Alexandra Savoir, una joven de Portland de voz sutil, penetrante y misteriosa, que presentó su álbum debut, Belladonna of Sadness. Con su tono melancólico y angelical, la rubia, vestida de negro y con el pelo recogido, cautivó a los que se acercaron al escenario Pitchfork, mientras el sol aún brillaba con intensidad a orillas del mediterráneo.

Dos veteranas, la neoyorquina Annette Peacock - ídola de David Bowie-, y la carioca Elza Soares, aportaron "historia" a este evento inabarcable, que contó con perlas como la poetisa británica Kate Tempest, el grupo instrumental Survive, los míticos metaleros de Slayer, y para el cierre la electrónica atmosférica de "Tycho".

El festival continúa hoy con The XX y Jami xx como protagonistas de una jornada en la que habrá propuestas para todos los gustos, entre las que destacan la artista japonesa-americana Mitski, la banda de Boston The Magnetic Fields, Decendents, Marc Demarco, el hip hop de Run The Jewels, y el metal español de los 90' de Berri Txarrack y la electrónica experimental de Flying Lotus.

El sábado la cita mundial de la música independiente culminó con Arcade Fire, acompañados por Van Morrison, Metronomy, Teenage Fanclub, el brasileño Sea Jorge interpretado "The Life Aquatic", un tributo a David Bowie, y muchos, más.