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Domingo 30 de Julio de 2017

Andrea Rincón: "Necesito retomar mi tratamiento pero es muy caro"

Sufre un trastorno de personalidad y abandonó la rehabilitación por falta de dinero. Ahora sólo hace terapia por obra social. Una conmovedora historia de vulnerabilidad y superación.

Se define como un "huracán". Sus amigas le dicen "Tornado". Y el tío, "trastornada". Es que no hay nada tranqui en la vida de Andrea Rincón. Vedette y actriz made in Saavedra, acaba de ganarse un Martín Fierro como revelación por su trabajo en La leona. La morocha se hizo conocida una década atrás por haber participado del reality Gran Hermano. Después tuvo un romance con el Miranda! Ale Sergi, y también fue noticia por sus adicciones.

"Nada tranqui", insiste Andrea.

Tiene 32 años de vida vertiginosa. A los 13, empezó con el alcohol; a los 15, fue el turno de las drogas, y a los 17, se fue de la casa. Tiene fractura de cráneo por una pelea callejera (secuela: habla torciendo un poco la boca y lo trata de corregir frente al espejo). También estuvo internada en un centro de rehabilitación por alcohol y otras por drogas. Pero eso ya es pasado. Lo asegura: "Hace cuatro años que estoy limpia, con alguna que otra recaída".

El último tropezón, justamente, fue hace dos años cuando se enteró que sufría Trastorno Límite de la Personalidad (TLP). Hoy, su desvelo y su gran batalla. "Fue terrible para mí cuando lo supe. Se me vino el mundo encima. Volví a chupar. Quise mandar todo a la mierda. Por esa enfermedad, mis emociones son más intensas que las de cualquier persona. Me explicaron que no tiene solución. No hay cura. Sí puedo aprender a convivir y a manejarla. Pero es la culpable de muchas macanas que me mandé. Yo creía que era pasional, cuando en realidad, mis reacciones desmedidas tenían que ver con eso", analiza ahora.
Andrea tiene la voz gruesa, bien arrabalera. Habla fuerte y gesticula con las manos. Necesita contar su verdad: "Se han dicho tantas mentiras sobre mí. Hice un solo tratamiento de rehabilitación, que duró año y medio. Nada más. Sí necesito retomar con el tratamiento para el TLP, pero es muy caro. Los profesionales me enseñan a estudiar mis emociones, a detectar alertas antes de que me salte la térmica. Y también, a alejarme de personas que sacan lo peor de mí. Pude pagar el tratamiento cuando grababa La leona. Ahora sigo con terapia, pero por obra social", afirma. Y en ese contexto, Andrea tiene limitaciones a la hora de trabajar: "Yo podría estar en el Bailando por un sueño. Todos los años me lo ofrecen, pero sería contraproducente para mi enfermedad porque una queda muy expuesta".

Ojo con ella. Nació en Saavedra, el 23 de marzo de 1985. Es la cuarta de ocho hermanos y la única que nació con TLP . De chica, era "terrible": "Todos los muebles de mi casa están rotos por mí. Me hamacaba en la silla y terminaba rota. Tengo una energía muy potente. Soy como un río bravo (hace el ruido de un torrente)". ¿Quieren anécdotas de su niñez? "Mis hermanas tenían miedo de ir al baño a la noche y me despertaban. Me paraba tipo patovica en la puerta. No le tenía miedo a nada. Ahora de grande, al revés: me agarró miedo a todo".

Ya entonces le gustaba la actuación: "Estudié teatro toda mi infancia en el centro cultural del barrio. Me llevaba mi mamá y era la preferida del profesor", recuerda. La primaria la cursó en la Escuela Fray Martín del Barco Centenera y la secundaria, en el comercial número 7, de Belgrano. "Era muy buena en la escuela. En el mismo boletín tenía una felicitación de la directora por el mejor promedio y al lado, una suspensión en rojo. Era rebelde, subversiva. No me sentía comprendida por el mundo. Sentía a la gente muy distinta a mí", cuenta. Y en esa diferencia, era señalada: "Toda la vida me hicieron bullying. Porque era muy buena y me trataban de tonta. Colecccionaba stickers y regalaba los mejores. Nunca tuve buenas amigas. De mi infancia, sólo me quedó Florencia, que cuando me peleé con mi papá y me fui de mi casa, me dio su techo para dormir".

Y hablando de peleas, recuerda sobre todo una: "Una vez me pegaron con una patada voladora, me hicieron una fractura en el cráneo y terminé hablando de costado. Lo estoy tratando de corregir hablando frente al espejo, pero no es fácil. Igual, esa vez, me lo merecía. Yo tenía 17 años y la mina, 28. Le fui a pegar yo –de borracha que estaba– y me dio una buena menesunda. Era de pelearme mucho. Estaba muy resentida con la vida. Cuando me emborrachaba era complicada. Mirá, mi problema siempre fue el alcohol. Lo que hizo en mi vida fue que no me preocupara por nada, que todo me chupara un huevo. Lo descubrí a los 13 años y dije: Acá está: ésta es la solución. Siempre tenía miedo de que le pasara algo malo a mis hermanos. Y si bebía de más, me olvidaba de todo"

Andrea tiene que hacer una pausa. Se lo piden sus lágrimas. "Yo debería haber tenido una infancia hermosa, pero todo me afectaba mucho. Si le escribía una carta a mi hermana y ella me la rompía en la cara, se me caía el mundo. Me decían: "Ay, qué dramática que sos". Ahora entiendo tantas cosas que me pasaban. Mi dolor se torna corporal: cuando alguien me lastima es como si me clavaran un cuchillo en el medio del pecho. Eso siento y sentía. Además, siempre pierdo. Si me defiendo o me vengo de alguien, el dolor del otro también me duele. Nunca gano una batalla. La única manera es corriéndome. A veces me gustaría ser normal. Llamo a mi madre y le digo: Mamá, quiero ser una persona normal. Y ella llora del otro lado del teléfono conmigo. Y me digo: ¿Por qué a mí? ¿por qué a mí?".

Si dan ganas de abrazarla... Cuesta creer que hace media hora nomás posaba feliz en el patio del Parque Bar. Ahora es otra. Pura emoción. "Cuando sufro por amor, me duele el pecho –confiesa–. Siento que tengo encima un elefante. De noche, me retuerzo, doy vueltas en la cama, y me digo: Y sí, con razón te drogabas, Andrea. Y me duele el cuerpo en serio. Pero no voy a volver a caer en eso. Me la pienso bancar porque no quiero hacerle más daño a la gente que me ama. Yo miro a mi familia y digo: ¿Cómo les hice tanto daño? A los 13 empecé con la birra y a los 15, pasé a la merca. Lo único que hacía era anestesiarme, ¿entendés? Hoy veo a mis sobrinos y digo: Loco, ¡cómo pude perderme tantas cosas! Ya no hay manera de que vuelva a eso." En este nuevo presente, intenta no ser tan impulsiva: "Trato de pensar. Ahora que volví al ruedo, me animé a hacer algunas notas. Le tenía mucho miedo a la prensa. No quiero que me lastimen. En mi vida le hice daño a nadie. Yo soy una mina digna. Nunca robé. Jamás en mi vida me prostituí".

Vuelve a lagrimear. Necesita limpiar su imagen: "Nunca fui gato. Si lo fuera, ya estaría pagando el tratamiento. Llegué a dormir en la calle por no pedirle plata a mi papá. Revolví tachos para comer, por no pedirle nada. ¿Te pensás que yo voy a acostarme con un extraño por dinero? Tengo dignidad. Me costó mucho tener todo lo que tengo. Jamás en mi vida me acosté con nadie por un trabajo. Me costó mucho bancarme hacer tapas de revista casi en pelotas para que después me tilden de gato. ¿Por qué me tengo que soportar esas ofensas? Ahora no tengo un mango. En mi vida tuve un novio que me mantenga. Y por como soy, podría tener un multimillonario que me pague todo, ¿no? Pero no, no quiero".

Entre llantos, logra expresar su deseo: "Ser feliz. No necesito dinero. Necesito amor, que me quieran. No me banco que me difamen".


No entiendo, ¿quiénes te molestan?

No quiero hablar de alguien en particular. Se dicen cosas. Porque me está costando un montón esto. Yo sé que hice muchas cosas mal en mi vida y pido disculpas. Fui muy caprichosa y me mandé millones de cagadas. Por no bancarme las cosas como eran, me metí con la droga... Pero, ¿sabés lo que es ir a terapia todos los días? No tenés ni idea. Si eso no es querer estar bien... Yo estoy poniendo todo de mí. Le estoy diciendo que no a trabajos que me ofrecen mucho dinero, todo para cuidar mi cabeza y mi integridad. Y no tengo plata. Puse mi departamento en venta.

Como remate de su catarsis, confiesa: "Hace 10 meses había llegado a pensar en quitarme la vida". Lo dice, duda, mira el suelo. No fue la primera vez. "Estuve internada varias veces. Por pastillas, pero no quiero hablar de eso. Prefiero mirar hacia adelante." Andrea ya no está sola. Cuenta con el apoyo de su familia. "Hicimos mucha terapia con mis padres y mis hermanos, que son lo más. Todos lamentan no haber sabido antes lo que me pasaba. Mi mamá, Irene, es re dócil, un sol, ella me baja a tierra todo el tiempo. Mi papá es más impulsivo, más rock & roll, más parecido a mí", describe un poco más tranquila. Y cuenta que ya no está enojada con ellos por no haber notado su problema de chica: "Los entiendo, tenían ocho hijos. Yo era la distinta. Me peleé con el mundo. Creía que había nacido en un mundo equivocado. Me iba a la esquina a darle mi comida al linyera, y no entendía por qué a nadie lo movilizaba como a mí. Los noticieros me angustiaban, no podía verlos. Fui un gran problema para mis viejos y estoy reparándolo".

El amor. Su cara se enciende y sonríe al hablar de sus amoríos. No les gustan los famosos ni los futbolistas, a pesar de que casi se casa con Ale Sergi. "Teníamos la canción para entrar a la boda. Creo que fuimos dos niños jugando a ser adultos. Lo recuerdo con cariño. Me enojé en su momento porque fue una frustración", remite. Y hace un mes y medio, se peleó con el cantante de Kapanga: "Sigo enamorada de Martín. No puedo manejar una parte de mi enfermedad. A mí, el amor me desestabiliza mucho". También salió con una chica: "Fue media novia, manotazo de ahogado: duró un mes".

¿Soñás con casarte?

Sí, me quiero casar con un hombre porque es lo que tengo estipulado desde chica, y en terapia me dicen que necesito uno. Soy Susanita. Te puedo dibujar mi vestido de novia. También sueño con tener hijos. Pero no es el momento.

¿Alguna vez te embarazaste?

Jamás, y estoy en contra del aborto. Sé que esto va a generar polémica, pero es lo que me inculcaron de chica. Mi papá nos dijo: "En esta casa no se aborta". Entonces siempre me cuidé. Todas mis amigas fueron madres jóvenes. Quizás un hijo me hubiera salvado, pero no le puedo poner ese peso a un niño. El día que lo tenga voy a estar muy bien.

¿Creés que hay prejuicios para darte trabajo por tu problema o alguna recaída?

La gente es prejuiciosa. Tengo ganas de estar bien. Me gustaría hacer otros personajes y salir de la típica chica de barrio porque creo que puedo sorprender. Estoy haciendo fonoaudiología. Pude grabar completas La Leona y el programa Un gallo para esculapio, próxima a estrenarse en la tele. Por otro lado, Iba a hacer de boxeadora en Naturaleza, pero la película está parada. También trabajé en dos obras de teatro. Si la gente tiene miedo o no confía en mí, que no me contraten. Yo sí confió en mí .

Por último, ¿qué te atrae de un hombre?

La simpatía es lo primordial. No me gusta cualquiera. No soy una mina fácil. No le doy bola a nadie. Me dicen gata flora. Yo no quiero un pelotudo, pero los tipos vienen medio fallados. Se creen mil o te quieren comprar con lo material. No me gusta la gente que presume. A mí, dejame con el verdulero. Anota un kilo de naranja, saca la birome de la oreja y me caí derretida. Si me das a elegir, ¡me caso con un verdulero!


Fuente: Clarín

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