A Fondo
Domingo 29 de Mayo de 2016

Sexualidad en las aulas: entre informar y educar

La Ley Nº 9.503 de 2003, sin reglamentar. Trece años después. Formación profesional y sobreestimulación de “información”, en la era de la exhibición. La importancia de la metodología para la enseñanza, y de reunir en el proceso educativo a la escuela y a las familias

Una ley sin reglamentación es letra muerta, porque sin ese último paso administrativo pierde eficacia, contenidos, se desdibuja su verdadero sentido. Si bien está vigente, una normativa no puede ser aplicada en forma total, o cabal.

Es lo que ha pasado en la provincia con la Ley Nº 9.503 de Educación Sexual, sancionada en julio de 2003. Más de una década después de vigencia, la enseñanza en las escuelas está constituida por cursos aislados  y una capacitación docente que, para especialistas, no alcanza. “Para que el docente esté habilitado y se sienta bien para trabajar en el aula requiere lo menos, dos años de formación”, sostuvo Silvia Darrichón, sexóloga educativa y una de las referentes en la materia en la provincia, ya que trabajó en el diseño de la ley y en su posterior proyecto reglamentario, que finalmente nunca se implementó.

La profesional es socia fundadora y expresidenta de la Asociación Sexológica del Litoral; desde allí continúa con sus cursos de capacitación y formación docente.

Se trata de una temática envuelta en prejuicios y mitos, cada vez resulta más necesaria ante la avasallante proliferación de contenidos e imágenes relacionadas a lo sexual-genital. “Hay una gran sobreestimulación para niños y niñas y jóvenes, un gran caudal de ‘información’ muchas veces no correcta, y un silencio de la familia y la escuela”, planteó, y agregó: “Se ha perdido el límite entre lo público y lo privado, la intimidad, el pudor, la vergüenza. Hoy está todo abierto y en ese mundo donde se ofrece todo a niños y niñas, no hay un sustento de formación que realmente los ayude a poder crecer y desarrollarse y enfrentarse a ese mundo”.

Marcó la diferencia entre informar, que es “aportar datos como enseñar métodos anticonceptivos” y educar, que constituye un proceso en el que se adviertan cambios de actitud. “Esto pasó mucho con el VIH sida, por más que se sepan cómo son los medios de cuidado, cuáles son los riesgos, la gente se sigue infectando igual”.
Y finalmente, sostuvo que “se habla más de la patología que del placer. Yo creo que se hace prevención de las complicaciones en el ejercicio de la sexualidad desde la salud y no desde la enfermedad”.

En el marco de una entrevista con UNO testimonió que Entre Ríos fue una provincia pionera en educación de la sexualidad, porque durante la administración provincial a cargo de Mario Moine, en la década del 90, se desarrolló el primer programa en el país. “Fueron pequeños programas, hace más de 20 años, como un intento de hacer algo”.

“Para entender, más importante que la ley es lo que da el marco legal para que las acciones se lleven a cabo. En la implementación de la educación sexual el punto más débil del sistema es la capacitación profesional. Tenemos que focalizarnos en la formación de los docentes que se van a hacer cargo de la educación de la sexualidad. Porque en la sexualidad no estamos obligados a ayudar, pero sí a no informar a las personas transmitiendo falsos conceptos, tabúes, mitos y prejuicios con lo que está siempre cargada la información de sexualidad”, centró la especialista.

—De acuerdo con la ley, o con esa reglamentación que se frustró, ¿quiénes serían los docentes que deben enseñar? Porque se habla muchas veces de transversalidad.
—Quienes accedemos a ser sexólogos somos profesionales del ámbito de la educación, salud, y ciencias sociales que hacemos formación de posgrado. Esta formación tiene que estar acreditada por instituciones nacionales y latinoamericanas que habiliten al profesional de salud o docente a trabajar en terapia sexual o en educación de la sexualidad. Simultáneamente a la sanción de esta ley se fundaron las primeras instituciones en el litoral, como la Asociación Sexológica del Litoral en 2002 y la Federación Sexológica Argentina (Fesea), que nuclea a asociaciones de todo el país. Precisamente, en el artículo 4 de nuestra ley, Fesea aparece como una de las instituciones que regula la formación de las capacitaciones.
Entonces, las personas que trabajan en este campo deberían estar formadas y acreditadas por estas instituciones. ¿Cuál es el riesgo de que lo hagan otros profesionales? Trabajar desde aspectos parciales de la sexualidad. La sexualidad comenzó como disciplina científica y hoy es una ciencia, que abarca todos los aspectos de la sexualidad, no solo los biológicos, fisiológicos, anatómicos o emocionales, sino todo: los aspectos sociales, la antropología, la historia del hombre, la filogenética.
Cuando redactamos para la ley, le quisimos dar la esencia desde la sexología, porque existe el riesgo de caer en el trabajo desde la sexosofía –es la filosofía en relación a la sexualidad que cada uno de nosotros tenemos, fruto de nuestra formación, conocimiento y nuestras propias experiencias de vida–. Cuando un médico aborda temas, si no está capacitado en sexualidad aparte, está trabajando desde su sexosofía.

—Qué es lo que pasó entonces con la ley?
—En 2003 se sanciona la ley, y con Amparo Mercante –otra especialista– nos pusimos a trabajar fuertemente en elaborar el proyecto reglamentario. En 2004 se creó el Sistema Provincial de Salud Sexual y Reproductiva y Educación Sexual, con la característica de abarcar y depender de dos ministerios, de Salud y de Educación. Tal vez eso es lo que hace bastante compleja la reglamentación de la ley. Junto con otros profesionales armamos una estrategia para formar a todos los docentes de la provincia.
Una formación docente para que el docente esté habilitado y se sienta bien para trabajar en el aula requiere lo menos, dos años de formación. No puede ser que por un curso de cuatro encuentros el docente tenga la herramienta para poder trabajar. Con ese enfoque organizamos todo el sistema, que duró pocos meses porque en 2005 se desmanteló.

—¿La idea era abarcar a los docentes de todas las disciplinas y materias?
—La ley establece que además de abordar en el aula la educación de la sexualidad, formar a los docentes; en la currícula de los profesionales de la salud y de la docencia debería estar incluida la sexualidad. Hasta tanto eso acontezca, que los docentes puedan trabajar de manera transversal, desde cualquier área desde el profesor de Educación Física, Plástica, Biología e Historia, hasta tanto no estén formados, proponíamos una instancia intermedia, que eran profesionales que ya estén recibidos, docentes que se capaciten y generar espacios en las escuelas con algún recurso humano formado particularmente para empezar a trabajar. Habíamos hecho un programa de cinco años: en los dos primeros años se formaba a docentes que voluntariamente accedieran a la capacitación, porque es un tema en el que juegan muchas cuestiones personales, barreras y cosas que todos acarreamos y si la persona no se siente cómoda por su propia historia, por sus límites o demás no se lo puede obligar a trabajar en estos temas.
Habíamos hecho el diagrama de toda la provincia, con los capacitados, para garantizar que en cinco años todas las escuelas de la provincia tuvieran docentes con curso profesional desarrollado para poder empezar. Nada de esto se llevó a cabo.
Y lo que se hizo después fue apagar incendios, problemas, a través de algún curso o taller.

—Sin una política concreta, ¿qué es lo que demandan los docentes?
—Yo empecé a dar clases de educación de sexualidad en el 93, cuando era una utopía. Mi página es educar desde el placer, porque siempre mi filosofía fue educar desde el placer, y no desde la enfermedad. Lamentablemente, la Educación Sexual entró en las escuelas y la currícula por HIV sida, por el aborto, por el embarazo no deseado, y la sexualidad es placer. Mi trabajo desde el 93 fue hablar del placer de la sexualidad, en el ámbito educativo; no es lo común. Se habla más de la patología que del placer. Yo creo que se hace prevención de las complicaciones en el ejercicio de la sexualidad desde la salud y no desde la enfermedad; en todos los ámbitos, y más aún en la sexualidad.
Esta mirada, para el que no está formado interiormente en lo que es la sexualidad, se puede malinterpretar y es lo que yo creo que pasó con algunos grupos religiosos. ¿Qué es lo que está pasando hoy? Al no haber un lineamiento claro, veo por la gente que he capacitado, está la necesidad desde las familias y la escuela, porque hace 20 años atrás los padres venían a ver qué es lo que les ibas a dar: hoy los padres piden por favor que la escuela se haga cargo. Porque la necesidad social ha superado, la necesidad está.

—Sin embargo, creo que a partir de la desconfianza en el vínculo entre padres y escuela, que antes era muy fuerte, puede haber más resquemores o reticencias de la familia. O en todo caso, delega pero con reservas, para poder cuestionar los modos.
—En este tema lo ideal es trabajar juntos. Desde el 93 que tuve el primer taller de educación de sexualidad, trabajé siempre con los padres, tres encuentros con los chicos y uno con los padres; esa era la frecuencia todo el año. Porque esto que decís es muy cierto: los responsables de la Educación Sexual, los primeros y legítimos, son la familia. Nosotros nacemos con un sexo biológico determinado, pero nuestro erotismo –que es el otro aspecto de la sexualidad, que es inherente a lo humano–, está incompleto al momento del nacimiento. Nosotros completamos y armamos nuestro erotismo posteriormente al nacimiento. Los dos primeros años de vida son fundamentales en lo que es la identidad sexual o identidad de género. Entonces no podemos negar la responsabilidad de la familia en la primera etapa del individuo para acompañar en este proceso del crecimiento de la sexualidad. Nacemos sexoeróticamente inacabados, incompletos. Paulo Freire –educador y experto en Educación- dice que nacemos incompletos e inacabados y por eso la importancia de la educación. Yo le agrego sexoeróticamente incompleto, y por eso es tan importante la educación. La sexualidad tiene dos aspectos fundamentales: uno que tiene que ver con la reproducción, y otro con el erotismo.
El que tiene que ver con la reproducción se da naturalmente, haya educación o no, pertenezca al grupo social que sea. Una niña o varón llegados a la pubertad se pone en funcionamiento su reloj biológico. Esta vertiente de la reproducción es independiente del aprendizaje; por supuesto que el conocimiento va a ayudar a vivirla más satisfactoria. Pero la otra que tiene que ver con el placer y el erotismo, es fruto del aprendizaje. Y en esa vertiente es donde fuertemente se debe posicionar la educación en la sexualidad: no es algo que sea complejo o difícil, sino que hay que formar a los profesionales, porque es fácil trabajar en el aula métodos anticonceptivos, aprender a usar preservativo, ver cómo son las formas de transmisión de VIH, pero es más complicado cuando nos ponemos hablar de qué se siente en la intimidad, qué es la eyaculación precoz, cómo es la respuesta sexual, qué es el orgasmo.

—¿La ley qué propone en forma conceptual sobre la enseñanza de la Educación Sexual?
—Que la persona pueda tener un crecimiento y desarrollo armónico, de su cuerpo, sus emociones, sus relaciones. Sexualidad es comunicación afectiva; y sin embargo cuando hablamos de sexualidad pensamos en lo que tenemos entre las piernas. Sexualidad es comunicación afectiva, es todo vínculo y relación entre dos personas, en la búsqueda del placer. Voy a usar una imagen grotesca: una imagen amamantando a un bebé es una escena puramente sexual porque es la búsqueda del placer en una comunicación afectiva entre la mamá y el bebé. Eso es sexualidad, ahí arranca nuestro erotismo. Fijate que está tan desvirtuado todo lo que tiene que ver con la sexualidad, tan maltratada la información y el conocimiento, que poco se ve desde ese lugar.
Cuando uno puede desandar ese camino y ver que la sexualidad es comunicación afectiva, está presente en todas la relaciones interpersonales, y nos relacionamos para sentirnos bien, a no ser que estemos enfermos, establecemos relaciones que nos permiten sentirnos bien, crecer, desarrollarnos y demás. Y eso lo marca nuestra sexualidad. Fijate si es importante nuestra sexualidad. Es fundamental para las relaciones interpersonales. Entonces uno mirando desde ese lugar, las estrategias educativas están lejos de lo que se hace, que solo es prevención de enfermedades.

—En ese sentido, tampoco han mejorado algunas realidades, como embarazo adolescente, por ejemplo.
—La educación sexual es con la familia en la escuela. Ese era el mensaje. La capacitación y formación también tiene que llegar a la familia. La puerta tiene que estar abierta, más allá de que luego participe o no. Pero la idea es que los mismos temas que se trabajan con los alumnos, se vea con los padres. Porque en realidad es como vos decís, las dos instituciones son fundamentales en toda la educación, pero en esto aún más hay que lograr una coherencia, frente a los distintos mensajes que permanentemente van recibiendo. ¿Qué es lo que está pasando con la educación sexual respecto a hace 20 años? Hay una sobreestimulación: todo se muestra, todo se habla, ha salido de la clandestinidad y en los programas se habla de todo; hoy se ha blanqueado. Pero hoy hay una gran sobreestimulación para los niños y niñas y jóvenes, un gran caudal de “información”, muchas veces no es correcta, y un silencio de las instituciones educativas y la escuela, de la familia y la escuela. Allí es donde está la dificultad.

—En referencia a ello, a toda esa “información” o sobreestimulación, encontraba referencias que el docente también tiene hasta temor porque puede pensar que saben más los chicos que ellos.
—Si ese docente tiene una muy buena formación no le va a pasar eso. Incluso el tema de los padres. Veo de parte de los docentes una gran necesidad de que se les den recursos y elementos de formación para trabajar. Hay muchas ganas de trabajar, gente en toda la provincia con ganas y compromiso con la temática, pero falta formación, porque la formación que nosotros damos es privada y no toda puede pagarla durante dos años. Teniendo una ley, esa formación debería estar a cargo del Estado. Es una responsabilidad del Estado; la dificultad sigue estando para la instrumentación del trabajo en el aula, sigue estando en la falta de capacitación profesional. El interés de los docentes está, también de los padres, para que sus hijos tengan formación, pero si no hay formación sólida profesional, hacen agua.

—¿Desde qué nivel planteaba la enseñanza esa ley, y desde qué momento es más pertinente su enseñanza?
—A nivel privado trabajo con padres desde los 45 días. La sexualidad es comunicación efectiva; qué tipo de comunicación se establece entre los padres está marcando lo que será la sexualidad. Fijate vos que antes se pensaba en arrancar en la pubertad; en realidad, en la pubertad se está con la papa caliente y no sabemos para dónde tirarla. Lo que pasa es que hay una gran negación de la sexualidad, mucha carga de prejuicio, el temor, el pecado, por todo esto. Y a partir de la pubertad llega el desborde hormonal y todo lo demás. Entonces cuesta a padres y madres, familia, y aún más a los docentes. Y mucho más ahora que se ha perdido el límite entre lo público y lo privado, la intimidad, el pudor, la vergüenza, aspectos que hacen a la sexualidad, que antes se mantenían dentro del ámbito de lo privado y la familia. Entonces todo era más sencillo. Hoy está todo abierto y en ese mundo donde se ofrece todo a niños y niñas no hay un sustento de formación que realmente los ayude a poder crecer y desarrollarse y enfrentarse a ese mundo.

—¿Hay diferencias en la enseñanza entre las escuelas públicas y privadas? ¿O en ambas son experiencias o acciones aisladas?
—He trabajado tanto en privado como público, en mi profesión privada, y lo que veo es que en todas las instituciones hay mucha gente con ganas de trabajar, no podría marcar diferencia entre una y otra.

—Digo por lo dogmático.
—En su momento, cuando se desarticuló el programa en el Consejo General de Educación, fue por injerencia de la Iglesia. Y sin embargo yo estaba trabajando y seguí trabajando en una escuela católica. Más que la institución, tenemos que ver las personas. Siempre voy a agradecer que la primera escuela que me convocó a trabajar en principios de los 90 fue la escuela de la iglesia Luján. Por eso estoy agradecida a la Iglesia y tampoco nos tenemos que teñir de prejuicios, si se puede o no. Lo que pasa es que podemos conciliar muchos temas, pero no podemos ir contra la verdad. Te doy un ejemplo: cuando capacitando docentes, por ejemplo, había accedido a una escuela religiosa un médico que trabaja en todo lo que es salud sexual y reproductiva y había dicho que lo que eran métodos anticonceptivos orales eran abortivos, yo contra eso no puedo conciliar, porque eso es una falacia, porque los anticonceptivos orales no son abortivos. Entonces allí sí se presentan las dificultades.

El conocimiento y la metodología
—Como usted hablaba antes, hay una sobreestimulación, y seguramente es más importante la educación, porque hay que advertir y discernir entre tanta “información”, para saber cómo actuar.
—Hay mucha más información y todo es más complejo. Por eso la metodología para trabajar es importante; el docente no solo necesita el conocimiento sexológico, sino también la metodología. Uno tiene que generar espacios de reflexión, de compartir entre todos, lo que todos y todas traen. Acá no hay un docente que tenga todo el saber con el concepto bancario de la educación que ‘yo vengo y te transmito lo que no sabés’. Esto debe ser una educación horizontal porque cada uno, trabajemos con niños y adolescentes o adultos, cada uno tenemos y venimos al acto educativo con un caudal de cosas, vivencias en relación a la sexualidad, y desde allí hay que trabajar. Entonces la metodología es muy importante para generar espacio entre lo que es informar y lo que es educar: informar es aportar datos, por ejemplo si hablamos de educación sexual y reproductiva es enseñar métodos anticonceptivos, cuáles son los convenientes para cada caso. Si queremos que nuestras parejas hagan uso adecuado de eso, no alcanza con la información: tenemos que promover la educación, que se refleja en un cambio de actitud. Si ello no ocurre en el mediano o largo plazo, quedamos en la información y no se dio la educación. Esto pasó mucho con VIH sida, por más que se sepan cómo son los medios de cuidado, cuáles son los riesgos, la gente se sigue infectando igual. Por ello se requieren recursos metodológicos para trabajar. Son tres los pilares para la educación en la sexualidad: conocimiento científico sexológico actualizado, metodología y una revisión personal de lo que pasa con la propia sexualidad. Si no vivimos la experiencia de revisar qué pasa con nuestras emociones, difícilmente podamos llevar de una manera satisfactoria el trabajo en el aula.

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