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Domingo 30 de Octubre de 2016

"Ser trabajadora sexual es la alternativa cuando no queda otra"

Yasmín, joven trans de Santa Fe contó porqué ofrecer su cuerpo por dinero es su principal sustento

"Mi nombre es Yasmín Abigail Ramos Moreira, tengo 34 años, soy trabajadora sexual y militante trans independiente", se presentó la joven que hace 15 años eligió ese nombre para decirle al mundo cuál era su verdadera identidad, la de género. Yasmín compartió su historia de vida y contó cómo la discriminación y la falta de oportunidades laborales la llevaron a ofrecer su cuerpo por dinero. Se refirió a los problemas que enfrenta en la calle y al debate sobre la prostitución.
Su primer contacto con el mundo del trabajo sexual fue casi de casualidad cuando un hombre le preguntó cuánto cobraba y ella empezó a analizar la posibilidad de sostenerse con eso, después de que había tenido que dejar sus otros empleos por situaciones de discriminación. "Yo pude ayudar a mi familia y mantenerme sola. Hasta logré construir mi casa en la parte de atrás de la de mis padres. No me arrepiento", señaló la joven.
De todas maneras, reconoció que en los últimos años muchas cosas han cambiando. Que cada vez son más las adolescentes que se prostituyen desde muy chicas; y, si bien defendió la lucha contra la trata de personas, dijo que el cierre de algunos locales ha hecho que quienes no son forzadas al trabajo sexual tengan que estar solas en la calle.
"No sé si el trabajo dignifica pero siendo trabajadora sexual también fui digna. Nunca robé ni maté. Ofrezco mi trabajo sexual a cambio de dinero, no tengo proxenetas, no me manda nadie, me mando sola", subrayó. Y agregó: "Ser trabajadora sexual es la alternativa cuando no tenés otra".
El comienzo Yasmín participó hace unas semanas del panel Criminalización del Trabajo Sexual que organizó el Programa de Género de la Universidad Nacional del Litoral. Allí contó su historia que empieza con la aceptación de su identidad. A los 8 años, su familia se dio cuenta de que uno de sus 12 hijos estaba en conflicto con su cuerpo.
"Mis padres me llevaban al protomédico de Recreo porque me tendían a crecer las lolas. Yo era varoncito pero tenía muchísimas hormonas femeninas. Además me gustaban los compañeros de mis hermanos mayores", dijo Yasmín a UNO y marcó que tuvo que pasar poco más de una década para que ella pudiera decirle al mundo que era una mujer. "Yo me sentía encerrada en mi cuerpo. Llegó un momento en el que quise explotar y decirle al mundo lo que soy", recordó y siguió: "Me destapé cuando terminé la Secundaria, a los 20 años. En ese momento trabajaba, con un plan, en el Iturraspe y en Ceride, como mucama; pero después tuve que dejar los dos trabajos porque no me sentía cómoda yendo vestida de hombre. Llegaba siempre tarde porque me quedaba llorando en mi casa porque no encontraba ropa adecuada. No había una ley que me amparara para que yo pudiera trabajar vestida como me sentía".
Su papá era vendedor ambulante y su mamá se dedicaba a cuidar a sus 12 hijos y, eventualmente, limpiaba casas. Por lo tanto, la familia enfrentó siempre muchos desafíos económicos. "Eso me llevó a prostituirme", reconoció y detalló: "Cuando hice mi transformación completa empecé a ser trabajadora sexual. No reniego del trabajo porque gracias a él pude modificar varias partes de nuestra casa, hice la mía, me pagué la carrera de enfermería aunque después la abandoné y mantuve a gran parte de mi familia".
En los últimos años, pese a las dificultades que enfrentó, Yasmín se capacitó como cuidadora de adultos mayores, en el área de gastronomía y tiene previsto retomar la carrera de asistente social, de la que ya hizo hasta segundo año. Para eso cuenta con el apoyo de un programa provincial que apunta a acompañar a las personas trans en su educación. "Tuve que dejar enfermería y asistente social porque salía a trabajar a la noche para pagar los apuntes y después estaba muy cansada como para ponerme a estudiar o cursar y me dormía. En ese momento mis padres no tenían dinero para ayudarme con las fotocopias así que decidí abandonar y dedicarme al trabajo sexual", explicó. Y agregó: "Yo me sigo capacitando en muchas cosas hasta que me salga algo laboral que me permita ejercer una profesión. Mientras tanto, me banco con el trabajo sexual".

Los desafíos actuales
La joven trans señaló que mucho ha cambiado en los últimos años en el ámbito en el que trabaja. "Hay cierre de muchos lugares donde podíamos ejercer el trabajo sexual. No estoy de acuerdo con la trata de personas y me parece bien que se ayude a esas personas pero hay adultas que decidimos que ése sea nuestro sustento y los cierres nos obligan a ir a la calle, a estar paradas en una esquina. Y ahí corremos muchísimos más riesgos", sostuvo e hizo hincapié en la situación de desprotección que se vive en las calles.
—¿Cómo te decidiste a empezar a ejercer la prostitución?
—Tenía problemas familiares. Mi papá es una persona alcóholica y era agresiva. Una noche discutió con mi mamá, pero yo no permití que le levantara la mano y él me corrió con un machete. Tuve que salir y esperar hasta que se durmiera para volver. Mientras estaba en la puerta de mi casa, pasa un auto, para y me pregunta cuánto cobraba. En ese mo- mento le dije 50 pesos que hoy serían unos 500 pesos. Él aceptó así que fui e hice el trabajo. Después lo empecé a hacer sólo cuando más necesitaba el dinero. Pero con el tiempo empezó a ser más frecuente y dejé mis otros trabajos y el estudio. Yo prefería ganar plata porque lo necesitaba.
—¿Siempre trabajaste de manera independiente?
—Sí. Siempre pensé que si hacía trabajo sexual era solo para satisfacer mis necesidades económicas y las de mis padres. No los juzgo e intento darles una vejez digna, por eso también hice el curso de cuidado de adultos mayores, para saber qué van a necesitar y poderles responder.
—¿Ellos saben que sos trabajadora sexual? ¿Qué opinan?
—Sí, no están de acuerdo. Para nada. Pero yo ya era mayor de edad cuando empecé y lo empecé a ver como una salida laboral fácil, plata fácil. Pero después me di cuenta de que no era fácil porque tenía que pelear con los clientes para que me paguen. Algunos me faltaban el respeto o me quisieron violar. La calle te va cambiando, te sensibiliza muchísimo o te vuelve la más maldita. Por eso siempre digo que el trabajo sexual no es para cualquiera, es para la que sabe bien que va con un fin. Porque el trabajo sexual no se hace placentero, se hace solo con un fin como tener tu casa, bancarte un alquiler, comer o ayudar a tu familia.
—¿Cómo son las personas que buscan tu servicio?
—Hay un tipo que es el cliente amigo, que es el que ha ayudado a muchas chicas a escapar de los proxenetas. Si bien él consume tu servicio sexual se hace amigo. Yo sé que cuento con él si necesito algo. Por ejemplo si me siento mal y no puedo trabajar puedo pedirle, me ha pasado, que me preste algo de dinero y yo después se lo devuelvo con mi trabajo sexual o si necesita que le limpie la casa o le lave la ropa. Yo lo hago, no se me caen las uñas. Pero, después, está el cliente que es agresivo. Una trabajadora sexual en sus cabales lo puede rechazar o no. Ese cliente, cuando te consume, empieza con el conflicto porque quizás pagó por una cosa pero quiere exigir otra. Ese cliente es conflictivo, yo elijo no salir con esa gente. Tampoco salgo con chicos que estén tomados o tengan olor a alcohol.
—Si hubieses tenido la oportunidad, ¿habrías elegido otro trabajo?
—Sí. Si con la ayuda de Dios y de la sociedad hubiese tenido la posibilidad de elegir, no estaría parada en una esquina. Pero yo muchísimas veces me anoté para otros trabajos, como portera de escuela, pero nunca llego al escalafón. Si bien hoy tenemos la ley de identidad de género seguimos sin tener una salida laboral. Yo siempre digo que, desgraciadamente, para las chicas trans los único que nos queda es el trabajo sexual. Si vamos con otra persona que no sea trans a barrer una vereda, seguro que la eligen a ella por el qué dirán. Por eso peleamos por una ley de cupo laboral trans. Somos muchas las que estamos capacitadas para tener un trabajo.


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