A Fondo
Lunes 08 de Febrero de 2016

Ser o no ser occidentales, a 500 años del arribo de Solís

Descubriendo Entre Ríos. Europa y los Estados Unidos se llaman occidente, ¿qué nos acerca y qué nos separa de su sistema, cuando se cumplen cinco siglos del desembarco, cerca de la desembocadura del río Uruguay?

Tirso Fiorotto / De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar 


En nosotros y en muchas de nuestras comunidades podemos reconocer rasgos de lo que no debemos ni queremos ser, porque la relación principal que tenemos con occidente es una violación masiva.

En Entre Ríos había una docena de culturas. Llegó occidente y dividió el territorio en cinco estancias, todas para Europa. ¿A qué llamamos occidente allí, a los charrúas, chanás, guaraníes, chaná timbúes, yaros, etcétera, todos desterrados? ¿O al europeo? 

No cabe duda. Occidente es el que viola, mata, destierra, esclaviza. 

Parta el estudioso Walter Mignolo, la colonialidad es constitutiva de la modernidad, y no un derivado. El mundo moderno nace en el genocidio del Abya yala y la esclavización de África, para el saqueo.

Hoy mismo los haitianos sufren las consecuencias de su sangrienta lucha por la libertad ¿contra quién? Contra la Francia que declamaba libertad, igualdad fraternidad, pero esclavizaba a los habitantes del Abya yala. Occidente es Francia, Haití es Abya yala (América).

Pasado y presente

El planisferio mismo engaña. Con el pacífico en el centro, veríamos el Abya yala en el oriente… 

La invasión no es una cuestión del pasado remoto. La presencia de multinacionales como Monsanto, Walmart, Chevron, los bancos, el dólar, Carrefour, o la presencia de Gran Bretaña en Malvinas, y sus socios internos, todo eso es colonialismo y colonialidad. 

Al cumplir 500 años del desembarco de Juan Díaz de Solís en estas tierras, lo menos que podemos hacer es decir que eso no somos.

¿Qué son Rusia y China, dos imperios que también cumplen roles coloniales, imperiales? Podría decirse que son fruto de la occidentalización, porque el capitalismo (occidental) se ha impuesto. 

Si en la universidad hablamos de Aristóteles o Kant y no hablamos del sumak kawsay (vivir bien), es porque la universidad es occidental, no hay otra razón. 

Tampoco hablamos de Abya yala, ni hablamos de yanantin, chachawarmi, complementariedad, Pachamama. 

En nuestras aulas no está nuestra biodiversidad, no están los pensamientos antiguos de este suelo, las tradiciones. Por eso nos rebelamos y nos decimos no occidentales. 

¿Es fruto del azar, que los temas hondos de nuestros pueblos antiguos sean ignorados por completo, en serie, en nuestros establecimientos educativos?

Primaria, secundaria, universidad, y jamás escuchamos en esos ámbitos la palabra ayllu. Tampoco en las clases de catequesis, tampoco en casa.

En todos esos ámbitos hemos visto a los pueblos milenarios de este suelo como cosas muertas, del pasado, y en sentido peyorativo. Todo eso porque occidente nos torció el eje, como diría Juan José Rossi.

Sin embargo, el ayllu es una organización milenaria que subsiste, y que sólo nuestra cárcel occidental nos impide ver, analizar, conocer. 

La tierra sin mal

A muchos de nosotros nos obligaron a estudiar los viajes de Colón. ¿Cuánto estudiamos la filosofía del ivy maraei?  (Ivi maraei, entre los guaraníes, la tierra sin mal).

Todo fue perfectamente extirpado, y el colonialismo sigue. No hablamos de los alacaluf, no hablamos de los yámana, no hablamos del tekohá (ámbito del vivir bien en los guaraníes, junto al árbol)… Tampoco hablamos de los esclavizados, sus culturas, su origen. Nada de nada.

En los medios y la escuela no entran los pájaros, no entran los peces, no entra la tradición del mate, no entra el paisaje, eso equivale a un epistemicidio, porque no entran modos propios del conocimiento, y la responsabilidad está en el europeísmo de nuestra educación, es decir: occidente.

Próceres excluidos

Nuestros próceres que combatieron a las expresiones más acabadas del occidente (la invasión, el atropello, el racismo), todos sin excepción fueron excluidos de la educación occidental: Pétion, Dessalines, Louverture, Zumbí, Zapicán, Yandianoca, Sepé, Artigas, Túpac Amaru, Guacurarí, Bartolina Sisa, Micaela Bastidas... Por supuesto que algunos de ellos se llamaban cristianos, pero eso no nos hace occidentales.

No somos occidente aunque quisiéramos serlo, porque es falso. 

Llamar occidentales a los habitantes del Abya yala es una burla. Occidente es el nombre del poder genocida, racista, esclavizante, saqueador.

Quizá sean mayoría los que aceptan y promueven nuestra pertenencia a occidente. Que sean muchos no les da la razón.

Occidente ha calado hondo, es cierto. Nuestras comunidades están regidas por el capital, el consumo, la ganancia...

Todo el mundo sabe que ni África ni Abya yala ni la India son el corazón de occidente. 

Europa misma se constituye como Europa y allí sus habitantes en el poder empiezan a llamarse “blancos” para aplastar el Abya yala y África, para destruirnos en todos los sentidos.

Si vamos por el conocimiento y la conciencia, debemos desoccidentalizarnos, descolonizarnos. Occidente ha sido una borrachera, y de la borrachera no se sale tomando un poco menos, se sale cortando con el alcohol.

Estamos recordando 500 años de genocidio, biocidio y esclavización. ¿Vamos a dudar que fue obra de occidente? 

España, Portugal, Holanda, Alemania, Francia, Bélgica, Italia, Gran Bretaña y su hijo Estados Unidos, ¿no es eso occidente? Ellos mismos se llaman así. Nada que inventar. 

Deudas y fraudes

¿De quiénes eran los barcos negreros? ¿Quiénes se repartieron las tierras en Entre Ríos? ¿Eran de Oceanía? ¿Quiénes se beneficiaron con el oro y la plata y la producción del Abya yala, y luego volvieron a reducirnos a servidumbre con sus bancos (Baring brothers) y sus industrias? ¿El Congo quizá? 

El tema del día es el endeudamiento y los buitres. Las presiones de occidente persisten.

Occidente naturaliza el racismo, y procura sostener su dominio genocida hasta el fin de la vida, ese final que occidente acelera y que el Abya yala, en cambio, anticipa.

Llamarnos occidentales es como darle al niño el nombre del violador de su madre.

Si el violador tiene un hermano músico y el otro poeta (que los tiene), poco nos importa para el caso.

Una vez que nos saquemos de encima al violador, entonces, libremente, podremos disfrutar del arte de su hermano que puede llamarse Bach o Juan Ramón Jiménez o Cristiano Ronaldo. 

Nadie en el mundo debiera desear ser occidente, pero menos aún los habitantes del Abya yala y del África que somos sus víctimas, y ni hablar, cuando estamos sensibilizados por los 500 años del arribo de Solís.

Libres de corazón

Los méritos que pueda haber en la geografía europea y norteamericana (donde el nombre occidente mejor calza) se desvanecen cuando vemos el genocidio y la esclavización en Abya yala, en África y en la propia Europa, por nombrar algunos; y cuando vemos la continuidad. 

Hoy el occidente nos quiere uniformados para comprarnos y vendernos como siervos. Por eso conocemos a John Wayne, Richard Gere, y no conocemos a diez mil actores de otros 300 países. Por eso tomamos Coca Cola. Por eso sembramos transgénicos patentados por el imperialismo occidental. 

Hay autores que recordaron a los europeos, cuando Hitler, que no era una novedad. ¿No me diga que ahora anda un Hitler por ahí?

¿Ahora que se les volvió en contra a ustedes mismos, entonces sí les resulta grave? Los Hitler de occidente exterminaron centenares de culturas en el mundo, y eso recordamos ahora que se cumplen 500 años de su irrupción en el litoral.

Eso no equivale a decir que occidente es todo lo malo. No decimos eso, no es verdad.

El occidente despliega su peor  faceta (el capitalismo ladrón y genocida) en el intento de matar el Abya yala. Por eso no somos occidente, ni queremos ni debemos serlo. 

Que en el mientras tanto vivamos en su red, no quita que en la conciencia nos apartemos de ese sistema. 

Un grupo de entrerrianos y santafesinos nos declaramos, hace varios años, contra la frontera con Uruguay. Es simbólico, para el ámbito de la conciencia, lo demás se dará por añadidura. Hay una infinidad de caminos para poner en práctica, pero lo importante es ser libres en el corazón.

¿Los wichí o La Forestal?

Cuando decimos sumak kawsay hablamos de futuro, decimos comunidad, complementariedad, decimos armonía con el entorno, y estamos hablando de una cosmovisión que bien podría salvar al planeta de los daños de occidente.

No hay modo de confundirse. ¿Quién produjo la mayor tala rasa, los wichí o los ingleses en La Forestal? 

Quinientos años es un lapso prudencial para conocer al occidente moderno. Y no va con nosotros. No hay modo de encajar allí. 

El indio que pide una hectárea para sembrar zapallos y adorar a la luna, es Abya yala. El ingeniero que justifica el glifosato para una producción del pool de siembra en 10.000 hectáreas, es occidente. 

Convivimos, pero hay una línea milenaria auténtica y otra reciente.

La vida en armonía con la naturaleza, el humano en el paisaje, trabajando en comunidad: eso se llama sumak kawsay, ayllu, complementariedad, y no es occidente.

Somos selva y río, y si no advertimos este aire nuestro es porque occidente nos tuvo estrangulados por 500 años. 

Doblemente Abya yala

Occidente, hoy, se reproduce a través de los medios masivos, la familia, la iglesia, las universidades, todas instituciones que reproducen occidente y desprecian el Abya yala. 

La universidad sirve al occidente como la televisión, es una propaganda. (Siempre con excepciones, claro está).

Compartimos muchas cosas con toda la humanidad. También con Europa. 

Pero los (por lo menos) 20 mil años de vida propia en este continente nos dieron principios comunes, identidad propia. A ello se suma el último tramo de la historia, en que padecimos un genocidio bajo los cascos de occidente, de modo que en la resistencia nos hicimos doblemente Abya yala.

Occidente mató a millones de habitantes del Abya yala y de África para apoderarse de sus tierras y sus riquezas. En este mes de febrero o en marzo se cumplen 500 años de su desembarco en el cono sur. Juan Díaz de Solís abrió el camino, y perdió la vida en el intento. 

Preguntemos a Europa qué se entiende allá por occidente. Dice la Real Academia: “conjunto de países de varios continentes, cuyas lenguas y culturas tienen su origen principal en Europa”. ¿Entonces reconoceremos a España como la madre patria? 

Si mañana nos invade China y empezamos a hablar el mandarín por exigencia de los chinos, ¿pasaremos a ser chinos, resignados?

Pero pasemos a otro plano: ¿nuestra cultura tiene su origen principal en Europa?

Los entrerrianos tenemos como Constitución las Instrucciones del año XIII que mandan independencia, principalmente de Europa; el Reglamento quita las tierras a los malos europeos y peores americanos (por contrarrevolucionarios) para dar espacio a los negros y los indios y los criollos pobres. Llamamos Abya yala al continente y Europa lo llama América. Occidente nos manda las multinacionales y para nosotros las multinacionales destruyen la vida.

Nuestra relación con la Pachamama a través de la rueda de mate, mediante la savia, los minerales, ese modo tradicional que rompe fronteras geográficas y temporales, es hondamente del Abya yala, nada tiene de occidental.

En nuestros hermanos llamados indios y los llamados esclavos, ahí están nuestras fuentes. 

Unidad verdadera

Por supuesto que cualquier civilización aporta cosas interesantes, arte, lengua, modos, y es obvio que en todas las culturas hallaremos linduras y flaquezas. La humanidad es una.

No somos occidente. Sin embargo, es tal la penetración de siglos que, apenas el Abya yala se despereza, llueven advertencias sobre el “indigenismo” y la “leyenda negra”, y los intereses imperialistas para dividir Nuestra América… 

Una corriente de estudiosos llamados de izquierda señala que Nuestra América debe su unidad al idioma y la religión de España y Portugal.

La unidad del Abya yala en la relación del humano y la naturaleza, la relación horizontal en los seres vivos, la vida comunitaria, la complementariedad, la no apropiación privada de los territorios, es milenaria. Y esa unidad se fortalece con las luchas comunes por la independencia y la emancipación. 

Hoy mismo, en estas horas, Haití lucha por la emancipación, y nos sabemos hermanos aunque los haitianos hablen el creol y practiquen el vudú.

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