A Fondo
Jueves 19 de Noviembre de 2015

Ser mejores, con o sin ley que nos obligue

Ayer fue el Día Mundial de la EPOC (Enfermedad Obstructiva Pulmonar Crónica) y hoy se conmemora el Día del Aire Puro. En este contexto, UNO dio a conocer que en la provincia hay 80 certificaciones de instituciones libres de humo de tabaco y que hay también cinco municipios en esta condición gracias al alto acatamiento de la comunidad a una política libre de humo de tabaco: Gualeguaychú, Aldea San Antonio, Oro Verde, Chajarí y Feliciano.
El médico neumonólogo Luis Darío Larrateguy, integrante de la Alianza Libre de Humo de Tabaco Argentina (Aliar), advierte que “la industria tabacalera es la única que mata a la mitad de sus clientes y utiliza gran parte de sus fabulosas ganancias para conseguir con publicidad engañosa los llamados ‘fumadores de reemplazo’, entre los que se contemplan los niños y adolescentes”.
Sin embargo, el profesional destacó que desde que se implementó en la provincia la Ley Antitabaco Nº 9.682, junto a otra serie de medidas como la campaña de advertencia sanitaria a través de la cual se colocaron en los paquetes de cigarrillos imágenes graficando las enfermedades que produce el cigarrillo, se nota una disminución en la cantidad de fumadores, que bajó del 30% al 23%.
Hace 10 años era impensado que hubiese alguna posibilidad de prohibir que se fume en lugares cerrados de acceso público. En las aulas de las universidades, en diversos espacios laborales, y hasta incluso dentro de los hospitales estaba naturalizado que alguien encendiera un cigarrillo sin importarle la molestia que provocaba en su entorno, y muchos menos si afectaba la salud de quien se convertía automáticamente en un fumador pasivo, expuesto prácticamente con los mismos riesgos que la persona que lo consumía.
La Ley Nº 9.862 –impulsada por Juan Domingo Zacarías, en aquel entonces diputado provincial– se promulgó a mediados de 2008, pero hubo que esperar hasta principios de 2011 para que se reglamentara y se hiciera efectivo su cumplimiento, a pesar de que el cigarrillo mata a unas 40.000 personas al año en el país y provoca un alto índice de enfermedades incapacitantes.
Este es un ejemplo de que se pueden modificar hábitos si se crea conciencia sobre los beneficios de llevar adelante prácticas más saludables. Esta oportunidad que los entrerrianos nos dimos de respetar que no se fume en lugares cerrados aporta una mirada esperanzadora sobre lo que somos capaces de hacer: si pudimos con esto, también podremos –quizás, tal vez, algún día– ser más considerados con otras cuestiones, como no pasar semáforos en rojo, no detener el vehículo en las sendas peatonales o frente a las rampas para discapacitados; hacer lo que sabemos que es correcto para el bien común; tratarnos de manera menos agresiva porque sí nomás; saludar al prójimo, tener en cuenta al otro y aceptar su subjetividad, entre otras acciones que son básicas y no demandan mayor esfuerzo. 
Al fin y al cabo, somos seres relacionales y necesitamos de ese intercambio cotidiano con aquellos conocidos y desconocidos con quienes nos involucramos a diario y que de algún modo nos enriquecen y nos construyen en lo individual y en lo colectivo.

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