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Martes 06 de Septiembre de 2016

Septiembre invita a ver cine del bueno

Se renueva la propuesta del ciclo "Miércoles de Cine" en el Círculo Odontológico

Con setiembre, se renueva la cartelera programada para el ciclo Miércoles de Cine en el Círculo Odontológico de Paraná. Mañana proyectarán Picnic en las rocas colgantes. La cita es, como siempre, a las 20.45 en el auditorio ubicado en Corrientes 218, con acceso libre y gratuito.

La película es el resultado de una actividad colectiva que se arma a partir de un libro o argumento. El encargado de realizar y construir cinematográficamente las ideas de ese libro es el director.

El valorado profesor y teórico ruso León Kulechov afirmaba que la primera condición para llegar a ser director cinematográfico es tener talento. Un buen libro no se aprecia porque tenga una buena idea o un tema revolucionario si está escrito burdamente. La idea en la obra de arte se expresa por imágenes y para que esta forma de expresión sea pujante, creíble y sincera, quien la produce debe tener condiciones natas de artista.

Cabe destacar también que de todos los elementos presentes en un film, los relacionados con la puesta de escena son los que prevalecen. La expresión puesta en escena viene del teatro y significa montar un espectáculo sobre el escenario y en términos cinematográficos comprende todos los elementos y formas que aparecen en un encuadre, desde el movimiento de cámara hasta el decorado, iluminación , vestuario, movimiento de los actores. Un director talentoso que maneje adecuadamente estos elementos puede producir una sólida narración, un relato milimétrico que atrape al espectador de principio a fin.

Pero existen directores que, además de talento, poseen una rara y envidiable capacidad, un innegable olfato para crear climas atrapantes, rodear la historia de envolvente misterio, impregnar el ambiente con inquietante aprensión. Es lo que logra el australiano Peter Weir en Picnic en las Rocas Colgantes, situaciones incómodas cargadas de angustia e inseguridades. Más allá de que si el episodio de las jóvenes desaparecidas fue real o ficticio y nunca aclarado. Weir se preguntaba si el desarrollo de una historia presa de una atmósfera opresiva, de algo que no tiene solución sería aceptado por el público. Contribuye indispensablemente al atrapante clima de esta realización la sugestiva música del rumano Gheorghe Zamphir.

En tanto, el miércoles 21 será el turno de La hora del crimen (La doppia ora) del italiano Giuseppe Capotondi, dos ejemplos de cómo se puede hipnotizar al público con historias donde el enigma y el misterio ocupan la centralidad de la obra.

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