Día del canillita
Domingo 06 de Noviembre de 2016

Sebastián Nievas, el hombre que pedalea las lomadas de Victoria

Tanta confianza le tienen, que le dejan la puerta abierta de sus casas y el pago arriba de la mesa

Ricardo Cruz
cruzdevictoria@yahoo.com.ar

Victoria es una de las ciudades donde la gente está informada de los temas locales. Los receptores de radio permanecen encendidos todo el día, tanto en AM como en FM, el informativo local en el canal de cable tiene máximo nivel de audiencia, las páginas digitales con fotos y noticias de la ciudad son permanentemente consultadas, y a pesar de eso, el que más o el que menos, recibe algún diario o semanario en su casa.
Prensa Libre, La Tarde, La Mañana, y Crisol tuvieron canillitas que llegaron a vocear las noticias, pero con la llegada de la AM (Lt39) en 1972, esto empezó a perder sentido, y las voces de estos trabajadores se limitaron a un simple "diario".
Igualmente la tarea clave siempre fue la distribución de las publicaciones, principalmente diarios, lo que convertía (y convierte) a los canillitas en piezas clave del éxito o fracaso de los periódicos. Es por eso que los niños fueron dejando lugar a los jóvenes, y luego a los adultos que eran disputados por los distintos puestos de revista, porque su responsabilidad y agilidad en hacer llegar los diarios por debajo de la puerta les garantizaba la satisfacción del cliente.
Alfredo Sebastián Nievas sabe cuándo cobran en la casa, a qué hora la puerta de calle queda sin llave, y puede entrar sin ser visto o escuchado sin problemas en varias viviendas. En un hogar como tantos con necesidades, la oportunidad le ofreció varios caminos, pero él eligió ser canillita.
Hoy pisando los 40, se banca con su bicicleta los caprichos del terreno poco amigo de subidas y bajadas de Victoria, y aseguró que no cambia "por nada" este oficio que abraza con alegría desde hace más de 20 años.
"Conozco gente, hago amigos, y me salen permanentemente changas con las que ayudo a mi vieja", contó Sebastián, que hoy es uno de trabajadores de casa Colman, uno de los principales distribuidores de diarios y revistas de la ciudad.
Como tantos niños, comenzó haciendo los mandados en una librería de calle San Miguel casi Yrigoyen. Después ayudaba a ordenar los útiles, comenzó llevando las publicaciones a algunos clientes y se convirtió, casi sin darse cuenta, en canillita.
"A las 8 llegan todos los diarios a Victoria y comienzo a repartirlos hasta las 2 de la tarde. Como a las 4 salgo nuevamente con mi bolsita hasta completar la distribución", contó orgulloso de su sacrificio.
El oficio exige memoria para recordar el recorrido, los horarios de cada familia, la casa en donde tiene que ir a cobrar y los gustos de los lectores para avisarle cuando llegaron sus revistas preferidas. "Antes a El Gráfico y a Gente no había con qué darle. Hoy son Pronto, Caras y Gente las más leídas, junto con Clarín, La Nación y todo lo que sea local", agregó.
Es tal la confianza que le tienen algunos clientes que le dejan la puerta sin llave y el dinero sobre la mesa. Sebastián entra sin hacer ruido, se cobra, deja el cambio, los diarios y se va por donde vino; vestigios de una época de gente mateando en la vereda, de niños despreocupados jugando hasta la noche y de rejas pensadas como decoración, nunca como seguridad. Sebastián también parece formar parte de ese cisma en el tiempo, gente de ambiciones moderadas y dispuesta a dar una mano. Que aman la vida que les toca vivir y agradecen a Dios el destino de ser, en este caso, canillita.



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