Narcotráfico
Domingo 09 de Octubre de 2016

"Se puede hacer mucho contra la droga, pero no hacemos nada"

El padre Pepe Di Paola estuvo en Paraná para compartir su propuesta que integra al club, el colegio y la capilla. Habló de la marginalidad, descontrol y banalización de un flagelo que corrompe al entramado social del país

El padre José Pepe Di Paola llegó a la Redacción de Diario UNO para compartir un proyecto que integra colegio, capilla y club para enfrentar el flagelo de las drogas. Y como el ejemplo puede más que las palabras, en su presencia conjugó las tres C que pregona: con su campera de Huracán demostró la importancia del club en su vida; su comprometido sacerdocio sintetiza el lugar de la Iglesia en la periferia junto a los que sufren y con sus palabras busca educar y guiar como lo hace la escuela.
Padre Pepe Di Paola

Pausado al hablar, claro en sus dichos y seguro en que hay un sinuoso camino que desandar, el cura villero -como se lo conoce- viajó de su parroquia San Juan Bosco de Villa La Carcova en Buenos Aires, para compartir una charla en el club Universitario de Paraná, junto al dirigente y deportista Víctor Lupo. Ambos invitados por la organización Generación Francisco.

"Vengo a compartir una experiencia de iglesia que tiene que ver con una propuesta de integrar niños y jóvenes a un sistema preventivo y también un camino de recuperación. Sabiendo que la problemática de la droga atraviesa a la sociedad argentina en general", manifestó.


—¿Conoce la realidad de los barrios que circundan al club Universitario?
—No conozco la realidad de los barrios de Paraná en particular, pero por otros sacerdotes y laicos sé que no es ajena a la de otros barrios del país que son atravesados por la marginalidad y luego generalmente por una especie de mezcla de droga y armas que están fuera de control.


—¿Y qué se hace con ese descontrol?
—Creo que se puede hacer mucho. Lo que pasa es que en Argentina no hacemos nada (se ríe). Partamos de la base entonces de que durante muchos años se dice 'hemos probado esto o aquello' o 'la guerra contra las drogas está perdida'. La palabra guerra no es la mejor, pero acá nunca hubo ni una batalla. El Estado en Argentina nunca tomó una actitud determinante y te podés dar cuenta en los lugares de internación para los chicos que ya cayeron en la droga o en la planificación de la recuperación. La última vez que hubo una política preventiva grande fue de 1945 a 1955 donde el deporte se llamó escuela de vida y a partir de ahí se nucleó a los chicos y se llevó la libreta sanitaria y se ingresó al sistema educativo. Después en cuanto a sistema preventivo a nivel Estado se hizo poco. Por ahí sí el trabajo de un municipio o períodos gubernamentales, pero son siempre hechos aislados. Y también falta que las instituciones tomen conciencia de que tienen una responsabilidad muy grande. Las instituciones como la Iglesia, el club, la escuela, son elementos fundamentales. Por eso en la propuesta, más allá de lo que nos pide el Papa Francisco que es Tierra, Techo y Trabajo -que es la base- nosotros los sintetizamos en Casa y en los barrios deben están presentes las otras tres C: capilla, club y colegio. Tres instituciones que no deben faltar en la vida de los chicos. Si estas tres C están desorganizadas o faltan en un barrio el chico no tiene la cobertura necesaria. Pero lleva tiempo y hay algo que falta en la política, que es la paciencia. Hay cosas que se sostienen con el tiempo para saber si funciona o no. Pero hoy todo se mide por imágenes y logros inmediatos. Así estamos en Argentina. Todas las cosas que se hicieron fueron con esfuerzo, con tiempo. Como le pasa a cualquier ser humano que quiere alcanzar metas personales, como formar una familia, estudiar, trabajar significa un esfuerzo que implica paciencia, constancia para poder llegar a estos objetivos. Y tener la convicción de que es necesario y ese tendría que ser el primer objetivo en la Argentina.


—¿Hoy siente que es el primer objetivo?
—Mirá, a veces cuando sucede un hecho trágico sí.


—¿Como la muerte del sacerdote en Tucumán?
—El caso de Juan es un hecho. Todos hablan si fue suicidio u homicidio, para nosotros no hay dudas, fue muerto por la mafia. Lo dijimos en la misa que hicimos en su nombre. La autopsia no nos interesa, nos interesa que hubo una persona sola, denunciando y que se jugó por la gente y que no fue acompañado como correspondía.


—Usted vivió una situación similar.
—Sí. Son momentos difíciles. Nosotros formamos parte de un grupo de curas grande y teníamos una amenaza que vino por una denuncia que realizamos como equipo de sacerdotes de las villas. Lo que implicó que una vez que me amenazaron nos reuniéramos con Bergoglio y él tomara la decisión de hacerlo público. Tomamos un camino diferente, pero porque la situación era diferente. Lo importante es destacar que él (por Viroche) fue un ejemplo de que se jugó por lo que creía. Con la Comisión Episcopal de Adicciones hicimos nuestra misa en San Cayetano con la presencia de un montón de sacerdotes, laicos y obispos porque lo tomamos como un ejemplo y quisimos honrar su memoria, su trabajo y acompañar también a todos los curas de Tucumán que hoy día están trabajando en las periferias.


—En Paraná hay aportes desde las parroquias y los sacerdotes en los distintos barrios.
—Creo que hay que trabajar en lo que te toca, a mí me pasó tener que asumir una parroquia y sus desafíos. En 2001 el tema era la comida, así que trabajé con la gente de los comedores en ver cómo mejorábamos la nutrición infantil. En 2003 vino el paco y nos ocupamos. Hay momentos en que se debe trabajar en conjunto, por eso el equipo de villas en Capital fue muy bueno. Al momento de tener desafíos fuertes trabajamos en conjunto.


—Monseñor Lozano en su columna dominical habla de que los adolescentes y jóvenes que pertenecen a familias pobres no se sientes cómodos y están más en la esquina que en casa.
—Por eso es importante una buena actuación de las instituciones, las tres C. Cuando una capilla, un club, un colegio actúan en forma determinante en un barrio, se constituyen en red de contención, de trasmisión de valores que por ahí no recibieron en la casa o no puede recibir. No solo de ocupar el tiempo sino de aprender valores para la vida, un círculo virtuoso que cuando el chico no lo tiene lo cambia por la soledad de una esquina o la compañía de otros que están en la misma. De esta forma aumentan las estadísticas de jóvenes que no trabajan ni estudian.


—Cuando se habla de legalizar la droga ¿usted qué piensa?
—Que no es verdad que legalizando se termina con el narcotráfico. Está probado en ciudades como Colorado (Estados Unidos) donde se legalizó y un porcentaje muy amplio entra por el mercado negro. Además la ley que pretende regular el mercado no regula nunca los mercados comunes que ya conocemos, menos el de la droga. Es una mentira. Son capitales que quieren intervenir en la Argentina tratando de asumir el control de la marihuana que puede traerle muchos números.


—Hay muchas mamás que quieren sacar a sus hijos de la droga ¿qué mensaje les da?
—De aliento. Es bueno que se junten, que compartan experiencias. Las reuniones sirven para transmitir lo que han sufrido y vivido a otras que recién se dan cuenta de que su hijo es adicto. Van aprendiendo cómo manejar el tema, que es lo que no hay que hacer para nos ser codependiente del hijo. Es un camino largo y muy difícil, además en esta sociedad que no está organizada para ayudar, donde se banaliza todo. Se banaliza diciendo que el consumo de marihuana y alcohol no hace nada. En donde un falso progresismo habla de liberar las cosas. Un progresista en serio tiene que tener un pie en un barrio muy pobre y otro en la universidad, no mirar la vida cómodamente desde el lugar que tuvo en la sociedad, sino que también tiene que ponerse en el pellejo de aquellos que no tienen nada.


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Experiencias


Acompañando al padre Di Paola estuvo el dirigente del Movimiento Social del Deporte (MSD) Víctor F. Lupo. En su visita a Diario UNO manifestó: "Tomamos las adicciones desde la prevención y la curación. Los clubes han estado históricamente encajados en un barrio y forman parte de la identidad cultural. Lo recalca el papa Francisco, que se confiesa hincha de San Lorenzo. La espiritualidad lo puede, a eso apuntamos. A recuperar lo que se rompió. El polideportivo no tiene identidad. Hay una cantidad de polideportivos abandonados, esa es la diferencia con el club que nació con identidad. En el poli no hay quien se haga cargo y esos son los lugares que quedan en mano del narcotráfico. Porque no hay quien defienda ese lugar".
"Cuando fui a Santiago del Estero (destino parroquial luego de su salida de la Villa 21) me encontré con una situación de pobreza más grande que en las villas, porque vas a los parajes y no hay agua potable, electricidad, caminos. Entonces el problema acá es la marginalidad; que la sociedad esté atravesada por las leyes de la droga, la violencia, el narcotráfico, delincuencia, es el gran problema. Encima en una barriada donde hay hacinamiento, todo esto se hace más expuesto. Si en ese lugar hay un club que tiene historia le dan otro carisma", acotó Di Paola.

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