La Provincia
Domingo 17 de Enero de 2016

Se caen muros, se levantan otros y hay cada vez menos áreas verdes

A contramano de la tendencia de las saturadas concentraciones urbanas, dos shopping se abren paso en el centro de Paraná. A la par del alto crecimiento poblacional, retroceden y se pierden potenciales nuevos espacios públicos. 

Daniel Caraffini 
dcaraffini@uno.com.ar

Habrá quienes crean, convencidos, que la construcción de un shopping será la gran solución para la falta de oferta de recreación y entretenimiento en la capital provincial. También habrá muchos otros que, apasionados por la naturaleza y el disfrute al aire libre, creerán que no hay nada mejor para la sustentabilidad de una comunidad, que garantizar más y mejores espacios verdes, de uso público.
El debate sobre el destino del histórico predio del exhipódromo está pendiente en la ciudad, desde la génesis del proceso que desembocó en la declaración de quiebra allá por inicios de la década pasada y su posterior levantamiento en 2009, o incluso desde antes. Eran terrenos privados, es decir, de una entidad deportiva, pero sus acreedores eran el Estado, en sus distintos niveles –Nacional a través de la AFIP, Provincia y Municipalidad–. 
Hace más de medio lustro se anunció una megainversión y la apertura de un gran centro comercial, que estaría concluido en 2012. Nada de eso avanzó y por el contrario, el tiempo permitió dar cuenta del sensible y fuerte impacto favorable que tuvo en la comunidad el uso de la plaza Mujeres Entrerrianas y fundamentalmente de los amplios espacios lindantes.
Su utilización diaria, multiplicada por miles los fines de semana, fue la agradable e inesperada alternativa de los paranaenses de la zona este de la capital provincial, donde vive más de la mitad de la población, por su cercanía y fácil llegada. A diferencia del centro, del norte e incluso del oeste, ese sector urbano está alejado y excluido de las bondades que ofrece la geografía paranaense: sin costa ni grandes áreas públicas, como el Parque Urquiza o el Humberto Varisco.
Desde hace varios días, la Gran Manzana de Paraná –mide más de 400 metros de largo por 200 metros de ancho– está siendo prolijamente perimetrada para empezar a marcar ese contraste urbano aún no saldado: el uso privado con fines comerciales, frente al uso público, para la recreación y esparcimiento. Otro muro se levanta, y empieza a cercenar un ancho manchón verde que es utilizado tanto para uso recreativo como deportivo, y que ostenta un alto valor ambiental –por estar libre de cemento–, y hasta paisajístico, por su amplio horizonte. 
Al mismo tiempo, en el céntrico y generoso expredio de la Compañía de Fósforos, sin uso hace más de tres décadas, avanzan las obras para la construcción de otro shopping, con un desmantelamiento edilicio que abre interrogantes, en su caso, en torno de la real preservación histórica.

Otro shopping se abre paso, en forma casi irreverente. Y de repente, la ciudad corre detrás –y en forma tardía– del fenómeno de los grandes centros comerciales, cuando la tendencia de las ciudades más grandes –cada vez más inviables por su alta concentración demográfica– apuntan a recuperar y constituir nuevos espacios públicos. En todo caso, aquellas urbes más progresistas generan zonas para esos grandes emprendimientos, que complementen y acompañen la urbanización de sectores periféricos, hacia donde se van expandiendo las ciudades.
Claro que son dos casos distintos, por superficie y por la propiedad de la tenencia. En el primero hubo un fabuloso negocio inmobiliario facilitado, mientras que en el otro, una inversión privada que hubiese requerido mayor protección del valor histórico del predio.
De todos modos, mientras algunos se deslumbran con las grandes luces y soberbias construcciones futuristas, también hay muchos otros que sonríen y se llenan con la tranquilidad que irradian los amplios espacios verdes, con sonidos de niños corriendo y gritando, y pájaros trinando.
Porque tan cierta es la afirmación de que hay quienes van a Santa Fe para visitar un shopping, como también tantos otros que deben apostarse a la vera de peligrosas rutas –como Circunvalación o el Acceso Norte– para encontrar un poco de espacio verde. En los últimos años, la ciudad –se ha dicho hasta el cansancio–, ha retrocedido y degradado su calidad ambiental, también por la falta de crecimiento de sus espacios verdes: el Parque Urquiza quedó chico, atrapado; y el Parque Humberto Varisco ha sido lo único que se ha sumado en casi 80 años, a partir de una profunda visión estadista del exintendente, que lo adquirió a Loma Negra y lo pasó a la órbita pública a fines de los liberales y privatistas años 90. Mientras tanto, la mayoría de la decena de kilómetros de costa del río, por el norte y el oeste que abrazan a la ciudad, está excluida al acceso público.
Antes que los aires de nostalgia y de desazón que suele embargar a la comunidad con el paso del tiempo –frente a la pérdida de lugares, clubes y de espacios reflexionada tiempo después con los hechos consumados– sería una buena excusa el debate y la construcción colectiva para que una mayoría se expida sobre definiciones urbanas tan cruciales para la sustentabilidad y la calidad de vida de una comunidad.  
En ese sentido, vale recordar que ya perdieron estado parlamentario, proyectos presentados en el Concejo Deliberante para la preservación y uso público del lugar. En tanto, en la Legislatura Provincial se presentó meses atrás un proyecto para la expropiación de los terrenos y creación de un parque público, propuesto por la exdiputada socialista María Emma Bargagna.
“Seguramente, si hubiera habido una instancia de consulta al pueblo acerca del destino del espacio verde, no dudamos de que los vecinos se hubieran expresado por abrumadora mayoría de manera favorable a la expropiación del predio con destino a parque de uso y goce público”, fundamenta la iniciativa, que pretende contrarrestar la ola de construcciones, edificios en torre, emprendimientos comerciales y de juegos de azar, y un gran shopping. E insta “a la declaración e Interés Público y sujeto a Expropiación los terrenos del ex–Hipódromo, para que Paraná no pierda la oportunidad histórica de construir un parque en su centro geográfico”.
Resulta llamativo, eso sí, que en todos estos años, la resolución sobre el destino estuvo circunscripta exclusivamente a ámbitos cerrados como el Concejo Deliberante o eventualmente profesionales ligados a los desarrollos urbanos, sin ampliarse a otros horizontes ciudadanos.
Que sea, en todo caso, una decisión colectiva a favor de una u otra senda, la que marque también la elección de un modo de vivir. 

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