La Provincia
Jueves 19 de Febrero de 2015

Se atiende poco la accesibilidad para personas con discapacidad

Si bien existe mayor conciencia social y hubo avances en materia de inclusión, todavía existen cuestiones que no se respetan. Falta infraestructura y las obras sociales no cumplen con la ley

Laura Meroi vive en Sauce Montrull y el fin de semana largo fue a visitar a una amiga a Victoria. De paso, se quedó a disfrutar de los corsos de esa localidad.


Ambas se dispusieron a reservar una mesa para presenciar cómodas el espectáculo, ya que Laura no puede permanecer mucho tiempo de pie, debido a que padece polineuropatía, una afección que puede dañar las neuronas, las fibras nerviosas y la mielina que cubre los nervios.


Habitualmente se traslada con un andador que le brinda independencia y así fue que con su amiga llegaron a la Municipalidad el lunes al mediodía para encargar el lugar.


Había una fila extensa de gente esperando y a pesar de pedir a un encargado que se les brindara prioridad en la atención por la discapacidad de Laura, esta persona les negó este derecho. “Siento muchísima vergüenza. Laura tiene evidentes problemas motrices. Al ir a comprar una mesa, el encargado de brindar información no me permitió ir directamente a la caja sin hacer la fila, que por cierto era bastante larga. Sí recibimos la gentileza de la cajera que estaba a cargo de la venta de entradas, que la llamó y la atendió”, contó Patricia Torres, quien decidió exponer la situación en las redes sociales.


En referencia a lo ocurrido, Laura contó a UNO: “Los que me conocen saben que me gusta andar para todos lados y disfruto de todo. En mi caso, no me enojé, aunque mi amiga sí y por eso decidió hacer público este hecho. Sin embargo, sentí que ningún discapacitado puede ser parte de esa fiesta tan importante si no hay una manera especial de recibirlo. Es por eso que yo quedé como ‘sapo de otro charco’. No vi a ninguna persona en silla de ruedas, con andador o con muletas”.


En este marco, reflexionó: “Después de este hecho, no me importó demasiado el tema de la colatan larga, pero me di cuenta de que hay algo que no funciona bien y es que no hay nada preparado para alguien que tiene una discapacidad. No necesariamente tiene que ser una persona con un problema permanente, sino que puede ser alguien que se preparó todo el año porque quería ir a esa fiesta y se quebró justo una pierna; no puede ir, siendo que si hubiera un lugar para ese tipo de necesidades otra sería la historia”.


Por último, señaló: “Para entrar al carnaval, tuvimos que caminar un montón, además. Al ingresar al lugar, el trayecto es prácticamente intransitable para alguien con mi problema. Realmente me costó llegar, al punto que esa noche mis calambres se hicieron notar. La peor cruz que debe soportar una persona es no tener la posibilidad de disfrutar de las cosas que existen”.


La de Laura no es una vivencia aislada. A pesar de que hubo avances en algunas cuestiones, en Entre Ríos los problemas de accesibilidad se siguen presentando cotidianamente para quien tiene una discapacidad.


Ricardo López es integrante de la Asociación de Discapacitados de Entre Ríos (Adiser) y aseguró a UNO que hay muchos aspectos que no se atienden. “En materia de comunicación, por ejemplo, hay varios lugares donde falta un intérprete de lengua de señas; las páginas de organismos oficiales no son accesibles para ciegos. La accesibilidad laboral es otra cuestión difícil y es un tema que está muy postergado”, aseguró. Asimismo, comentó: “El tema de la integración escolar está encarado con mucha voluntad, pero a veces se priorizan otros intereses que no son los del alumno o de los padres”, agregó.


Por otra parte, hizo hincapié en la falta de cumplimiento que existe en general por parte de las obras sociales al momento de tener que dar cobertura a los tratamientos. “Cada caso es una lucha permanente. Existe una normativa y no se cumple. Es habitual que haya que presentar amparos para que se hagan cargo y poder recibir la ayuda que el afiliado necesita. Es desgastante”, concluyó.

 

 

 


La odisea de circular en silla de ruedas por las calles locales

 


Leonardo vive en Paraná y a diario se traslada en silla de ruedas, sorteando los inconvenientes de una ciudad que no logra adecuarse a las necesidades de personas con discapacidad.


Cuando tiene que recorrer largas distancias, la falta de colectivos adaptados se convierte en un problema. Incluso las unidades que unían a la capital provincial con Santa Fe ya no circulan. “Eran tipo urbanos y cuando la ruta N° 168 se transformó en autovía, por la Ley Nacional de Tránsito no pudieron circular más. Los sacaron sin reemplazarlos por coches aptos. Desde ahí, las personas con discapacidad que deambulamos en silla de ruedas nos vemos obligados a viajar solo en Etacer, que tiene coches con baulera para llevarlas. Pero son altísimos. En mi caso debo subir de cola, escalón por escalón”, explicó a UNO, y agregó: “No sé porqué aunque sea no dejaron estas unidades en Paraná, porque cuando tenemos que movernos nos vemos obligados a usar taxis y remises, que no son nada baratos”.


En referencia a las rampas que hay en la capital provincial, señaló que son pocas. Incluso aseveró que varias están mal construidas y que existen casos en que son inutilizables para alguien que tiene una discapacidad motriz y quiere trasladarse solo. “Eso pasa porque muchas se hicieron por compromiso; nunca consultan a los futuros usuarios de las mismas si una rampa así planeada sirve o no, si es muy empinada, si el material es resbaloso. He visto rampas hechas de mármol, que en días de humedad es imposible bajarlas; también hay otras en curva, o con un escalón en los extremos; o clausuradas, inutilizadas, o con obstáculos. La de la Catedral, por ejemplo, está mal construida o inconclusa. No hay controles sobre esto”, afirmó.


Por último, sostuvo que hay más de 10 ordenanzas de discapacidad vigentes que los vecinos no respetan de forma crónica. “Algunas tienen más de 15 años y nunca se cumplieron”, afirmó.

 

 

 

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