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Domingo 08 de Febrero de 2015

Santa Fe: el recital de Kevin Johansen cambió de lugar

Hoy, domingo 8 de febrero el músico nacido en Fairbanks, Alaska vuelve a Santa Fe para mostrar sus canciones junto los locales de Eterna Siesta desde las 20.30, en el Centro Cultural.

Kevin Johansen siempre tiene buena predisposición para las entrevistas. Es como si del otro lado de la línea atendiera un amigo. Nunca marca una distancia entre el entrevistador y el entrevistado y por esta razón la charla puede durar horas. 


Hace poco estuvo en la ciudad presentándose en la Bienal de Arte Joven organizada por la UNL pero nos comenta que le gusta venir a Santa Fe ya que el público es carismático y se adapta perfectamente a los shows que propone cada vez que viene. Hoy, domingo 8 de febrero el muchacho nacido en Fairbanks, Alaska vuelve a la ciudad para mostrar sus canciones junto los locales de Eterna Siesta desde las 20.30, en el Centro Cultural.


“Esperá que me acomodo así charlamos tranquilos, estoy padeciendo el calor del verano”, explica mientras dice: “arranquemos”. 


—Nuevamente en Santa Fe y otra fecha donde la música se relaciona con los dibujos y la pintura ¿por qué estos formatos?
—Yo creo que son dos ramas del arte completamente complementarias. Nosotros hacemos música que no se ve y el trabajo de los ilustradores o los pintores no se escucha. Eso quiere decir que poder combinarlas es una idea que surgió alguna vez con Liniers pero que fue creciendo cada vez más. 
Igual este tipo de interacciones existe desde siempre no es algo que estemos inventando nosotros. La otra vez veíamos que Dalí en los años 80 había hecho colaboraciones con artistas de flamenco. Es algo que siempre existió pero para mí, hacerlo es algo que me llena de gratitud. 


“Por otro lado hay muchos músicos que dibujan bien. Un ejemplo claro es Spinetta. También hay dibujantes que son muy melómanos y el arte siempre se va relacionando de una manera u otra. Fue gradual pero orgánico. Se fue dando de a poco primero en unos temas tímidamente. Después en vivo en Buenos Aires ya había todo un mural atrás. Y ahora Liniers ya se sumó al espectáculo e incluso hizo animaciones para los shows”. 


— Y qué te pasa a vos en el momento del vivo. Supongo que estás concentrado en la música pero debés ir viendo que están dibujando y que le están diciendo las canciones ¿Cómo lo vivís arriba del escenario?
—Y es algo muy loco. En realidad trato de no mirar tanto porque mi trabajo y mi preocupación y disfrute primordial sigue siendo la música. Para que esos trabajos ilustrados estén buenos también tenemos que sonar bien. Es complementario y esa es la parte de mi trabajo. Voy con el fluir. LLevo el tema y tengo la tranquilidad que además hay una contención visual. Por otro lado me doy cuenta que la gente está como “atrapada” con imágenes y sonidos. Está bueno porque el que quiere cerrar los ojos escucha sin ver y el que quiere centrarse en el dibujo puede dejar de lado un poco los sonidos y abstraerse. Está muy bueno lo que se logra. Es un agregado muy lindo que está pensado para que lo disfruten más abajo del escenario. Arriba las cosas mucho no cambian pero sí está bueno eso de tener una contención y tocar más tranquilos. 


—La última entrevista hablamos del disco BI que ya salió hace un tiempo ya que fue editado en 2012 ¿Tenés pensado un nuevo disco?
—Siempre hay algo dando vueltas. En estos días estamos decidiendo cuando vamos a entrar a grabar el disco al estudio. Seguramente en marzo nos meteremos a grabar y ahora estamos en esa bendita etapa previa de elegir cuáles son las canciones que van a estar dentro del disco y es un laburo engorroso.


— ¿Sos de tener muchas canciones guardadas o sos de tener menos cantidad y trabajarlas con tiempo y minuciosamente?
— Hay de todo dentro de este artista (risas). En realidad como siempre digo en mi paso por Estados Unidos fue un músico oculto y no de culto. Entonces por esa condición hay muchas canciones que quedaron de aquella época. Además la máquina no descansa y siempre van apareciendo nuevas letras y melodías. De todo eso. De ese rejunte de vida y canciones va saliendo algo. Y después llega la hora de pulir lo que quedó en bruto. Tengo un poco de cada cosa. Hay canciones cargadas de emociones y llenas de contenido personal que a lo mejor salen en una tarde. Después hay otras que necesitan más elaboración y también están esas que uno puede demorar años en terminarlas o no se terminan nunca y quedan huérfanas de escenarios y discos. 
“Otra de las cosas que hago es tomar partes de varias canciones y hacer una nueva. Me gusta el desafío de la canción y que sea ella la que mande. Me divierte mucho y no lo tomo como un karma como otros músicos. Creo que debe ser así. Lo único tortuoso es cuando uno graba y no siente esa seguridad que la canción esté a la altura de lo que uno quería que fuera. 


— Recién decías, y lo decís seguido, que sos un artista oculto más que de culto ¿Si tenés que elegir una etapa de tu vida preferís esa etapa en Nueva York donde la gente no te registraba o esta etapa en Argentina donde el público ya te conoce y te acepta? 
—No me quejo de nada. Me gustan las dos cosas y las disfruté mucho. Creo que las cosas se fueron dando en su debido tiempo. Tuve una infancia en Argentina rica en sentimientos y esa calidez argenta y después me fui a Estados Unidos en mi juventud y ahí empezaron a salir los temas con las influencias de todo lo que había vivido. Ahora encontré un público y es como el sueño del pibe. Mi productor en EE.UU. me dijo alguna vez: “A vos no te veo llenando estadios pero sí con una vida tranquila musical con teatros llenos”. En ese momento no le creí, pero tenía razón y en eso andamos.

Maximiliano Marano/ Escenario Santa Fe

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