La Provincia
Domingo 29 de Mayo de 2016

San Benito no es Macondo

Prácticas políticas. La denuncia al intendente Donda por la colocación de cámaras para vigilar a los concejales opositores tiene un contexto: la difamación como herramienta habitual.

Carlos Matteoda/ De la Redacción de UNO
cmatteoda@uno.com.ar


Suele decirse en la jerga de la política que tal lugar “es Macondo” porque allí suceden cosas extrañas. Macondo, se sabe, es un pueblo ficticio, creado por el genial Gabriel García Márquez, donde se daban situaciones infrecuentes para deleite de los lectores, e inexplicables muchas veces.

Menciono esto a propósito de lo ocurrido por estos días en San Benito, a quien un amigo atribuyó durante una charla el mote de “nuevo Macondo” de Entre Ríos. Discrepo con la idea, al menos en lo que refiere a lo imprevisible del acontecer político de la comunidad.

Se publicó el viernes que un concejal opositor (Exequiel Sosa) denunció que el intendente Ezequiel Donda había colocado cámaras en el recinto legislativo local para vigilarlos, y que esas cámaras también captaban audio. Conocí la situación el mismo día en que los ediles se enteraron de la colocación de las mismas, pero publicamos la noticia el día en que se formalizó la denuncia judicial. Es obvio que la situación tenía poco sentido, ya que las cámaras espías estaban a la vista. La noticia era la denuncia, que daba cuenta de una presunta intromisión del Departamento Ejecutivo en el Concejo Deliberante, sometiendo a los ediles a la vigilancia paternal de Donda, que mientras participa de audiencias en la sede del Ejecutivo iba a poder monitorear la actividad de los concejales.

Esa era la noticia periodística y política. Nadie puede creer que un intendente que es policía (o, un policía que es intendente) va a espiar a nadie con esas cámaras tan voluminosas. La denuncia de Sosa da cuenta de una situación de enfrentamiento con el intendente. Luego de la presentación judicial, el presidente del Concejo salió a explicar que se olvidó de avisarle a sus pares lo de la colocación de las cámaras, y que se lo dirá también al fiscal.

Donda dijo que la denuncia no tiene pies ni cabeza, y parece tener algo de razón. Pero puede recordarse que este Concejo fue noticia, durante la anterior gestión, por la discusión sobre sacar o dejar el cuadro del intendente, luego de que el intendente decidiera “bajar los cuadros” del recinto de las personas que no eran de su agrado. El viceintendente Eduardo Massei se había peleado con Vázquez Junior, a quien antes comparaba poco menos que con Teresa de Calcuta, y ahora le atribuía las peores conductas. Los Vázquez no le iban en zaga y reconocían que lo habían “comprado por gil” pero después “le crecieron las uñas” aludiendo a supuestos reclamos económicos insatisfechos.

Es el mismo municipio donde una de las primeras medidas del actual intendente Donda fue sacar las placas que recordaban al tirano prófugo Ángel Vázquez o a su vástago, a quien Papá Vázquez propuso para intendente al agotársele sus posibilidades legales de reelección.
No intento en lo más mínimo una defensa de Los Vázquez, quienes gobernaron 12 años consecutivos la ciudad, tras lo cual perdieron la elección del año pasado. Señalo en todo caso que se trata de una ciudad donde las prácticas políticas transitan por el barro con lamentable frecuencia.

El intendente Donda dijo estar “anonadado” por la denuncia. Donda está desconcertado y sorprendido porque el FPV lo denunció ante la Justicia. No debería estarlo, ya que no es la primera vez en estos meses: ya ocurrió por el incidente de las placas, que debieron ser repuestas. Pero también Donda denunció periodísticamente (y prometió hacerlo en la Justicia) a los hoy opositores por una supuesta transición “entre gallos y medianoche”, cuando en realidad se trató de un acto acordado.

Ahora Donda dejó trascender que el “ataque” sufrido por el tema de las cámaras obedece a que prepara una denuncia por supuestos sobreprecios pagados en una obra de asfalto realizada durante la gestión de uno de Los Vázquez, aunque no se sabe de cuál de los dos. Con precisión, Donda entiende que el accionar de los ediles del FPV no es autónomo, sino que responde a la conducción del hoy diputado Ángel Vázquez.
Un zarandeo de estos datos nos permite ver algunas cosas.

Lo cierto es que si Donda advierte irregularidades está obligado a denunciarlas, no es una facultad discrecional sino su deber como funcionario. Es cierto que la denuncia de espionaje, literalmente, suena descabellada porque las cámaras estaban a la vista. Lo que se denunció, en todo caso, es la intromisión de un poder sobre otro.

También es cierto que con Donda en el gobierno, hechos descriptos como autoritarios se han vuelto frecuentes. En el Concejo la oposición le ha endilgado un astronómico aumento del gasto político (sueldos y otros fondos para uso del intendente y sus funcionarios), persecución ideológica a los trabajadores de menores recursos o el cierre transitorio de los comedores comunitarios a pesar de contar con fondos para sostenerlos, con el objetivo de demostrar “la pesada herencia” recibida del vazquizmo.   

En cuanto a la confrontación política que se vive en esa comunidad, podría decirse que la denuncia de las cámaras es más de lo mismo.

El  Foro de Intendentes de Cambiemos salió en defensa del novel integrante Donda (se pasó a Cambiemos luego de ganar la intendencia por el partido de Sergio Massa). Sostuvo que en San Benito se vive la nueva política. Tal vez sea cierto, tal vez no. Merecen respeto los vecinos que votaron a Donda buscando un cambio en la política y tal vez desde ese punto de vista se admita pensar como un hecho injusto que el presidente municipal sea solo noticia en los medios provinciales por las denuncias de la oposición.

Tal vez con una mirada retrospectiva, puede observarse ahora la penosa situación que se vivió en la localidad en los meses previos a la elección de octubre, cuando el asesinato de la joven Priscila Hartmann fue utilizado, sin ningún escrúpulo, como argumento electoral. Es probable que Angelito Vázquez hubiera perdido la elección de octubre de no existir esa campaña sucia, ya sea por la potencia de la ola macrista, por el cansancio de las gestiones de Los Vázquez, por las virtudes de los candidatos opositores, por haber sido un mal intendente; o por alguna otra razón que se quiera suponer. Pero la oposición, Donda incluido, se favoreció de una campaña inescrupulosa que vinculó al entonces intendente al crimen, pese a no haber ningún elemento judicial en qué sostener tamaña imputación.

Poco le importó a la clase política de San Benito el dolor de los familiares de la chica asesinada, que escuchaban permanentemente estas afirmaciones y la supuesta preocupación por el caso. Lo cierto es que una vez que Vázquez perdió la elección, a ninguno le importó más el tema y se olvidaron de la supuesta vinculación el entonces intendente con el crimen. Si sabían tanto, si estaban tan seguros, se convirtieron en cómplices.

Tampoco les importó el dolor de la familia Bressan por la situación de Facundo, el muchacho que fue condenado, y de cuya inocencia parecían tan convencidos en la campaña. Muchos de ellos iban a misa y acompañaban marchas de reclamo antes de las elecciones.

Toda esta maniobra fue urdida por el astuto exintendente Aníbal González, quien conduce buena parte de la política de San Benito con las publicaciones de su blog de noticias. Desde que González dejó la Intendencia en 1995, ha intentando regresar a la conducción municipal siendo candidato en diferentes partidos, al igual que su hijo Marcelo González. Tras perder la interna del massismo, González se sumó a la campaña de Donda y ahora colabora con su gobierno. Además su hijo integra el bloque oficialista, junto a la mamá del intendente.

En Macondo los personajes de la familia Buendía se suceden con nombres semejantes que contribuyen a la pérdida de individualidad y a la identificación de rasgos comunes. En San Benito, los nombres no son semejantes, pero las prácticas políticas se asemejan bastante. Por eso es extraño escuchar que el intendente está sorprendido por la denuncia de las cámaras, si esto ocurre en un contexto donde las acusaciones traídas de los pelos son solo una parte más de un vale todo del que casi todos participan, contentos cuando enlodan a otro y enojados cuando los salpican.

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