A Fondo
Miércoles 21 de Enero de 2015

Sacar provecho del caso Nisman

Marcelo Medina / De la Redacción de UNO
mmedina@uno.com.ar

 


Apenas se conoció que el fiscal Alberto Nisman murió, los precandidatos a presidentes salieron a hacer declaraciones. En un año electoral todo se utiliza para acercar sobres a la urna. El gobernador bonaerense Daniel Scioli emitió un comunicado que no quiso molestar a nadie, como es su costumbre. El diputado nacional e intendente en uso de licencia de Tigre, Sergio Massa, realizó un una conferencia de prensa efectista y, como nos tiene acostumbrados, dijo verdades de perogrullo. El exjefe de Gabinete de Cristina Fernández habló del miedo que siente la gente y la necesidad de derogar el Memorándum de Entendimiento con Irán, que no está en vigencia porque la Justicia lo declaró inconstitucional. Sin embargo, las declaraciones que más me llamaron la atención fueron las de Mauricio Macri  y su jefe de Gabinete Horacio Rodríguez Larreta.  


El expresidente de Boca pidió que “este caso sirva para desterrar una de las prácticas de la mala política, que es utilizar los servicios de inteligencia en forma facciosa. Los servicios de inteligencia tienen que estar al servicio de los intereses de la Nación y no de un partido ni en contra de otros dirigentes, como a mí me tocó sufrir ese sistema con la causa de las escuchas. La muerte del fiscal tiene que ser un antes y un después que dé transparencia y claridad a los servicios de inteligencia en la República Argentina”. Ni lerdo ni perezoso Macri habló en pasado de una causa en la que está procesado.


El martes 6 de enero de 2015, La Nación publicó que el juez Sebastián Casanello desestimó el pedido de la defensa del jefe de gobierno porteño para sobreseerlo en la causa por las escuchas telefónicas, en el marco de una estructura de espionaje montada en su administración.


Macri está todavía procesado (aunque de momento excluido del juicio oral y público) por las presuntas escuchas ilegales, que en este caso concreto apuntan a su cuñado, Néstor Daniel Leonardo. Obvio que el Servicio de Inteligencia del Estado tiene que cambiar. Ojalá el nuevo presidente argentino tome cartas en el asunto, pero no para rédito propio. En 10 años el kirchnerismo no hizo nada para cambiar la cúpula del órgano de inteligencia del Estado. En Argentina no hay control político serio de este servicio. En 2014, la comisión bicameral de control solo se reunió dos veces. Muy poco para controlar un organismo muy oscuro. 


Pero volviendo con las declaraciones rimbombantes  tampoco sumó mucho lo que dijo Patricia Bullrich, quien tiró: “Me cuesta creer que la Presidenta haya ordenado que lo maten”. En la expresión está implícita la acusación, velada, sin fundamentos. La operación política ya se puso en marcha para anidar en la subjetividad de compatriotas preocupados por lo que pasó y de otros desprevenidos o desinformados a pesar de tanto caudal informativo. Con expresiones como aquella, la República que tanto reclama no se construye. Ojalá se conozca la verdad respecto a la denuncia de Nisman, un hombre que según los libros Argenleaks (2011) y Politileaks (2014)  escritos por Santiago O’Donnell, muy vinculado a la embajada de Estados Unidos.


La denuncia del fiscal, que apareció muerto en su departamento de Puerto Madero, por encubrimiento del atentado terrorista de la AMIA contra la Presidenta de la Nación dice en pocas líneas que “el Memorándum de Entendimiento con Irán fue impulsado para vender granos y comprar petróleo. A cambio, se iban a bajar los alertas rojas de Interpol sobre los imputados iraníes”. Si la acusación es real, que vayan presos todos los implicados. La denuncia de Nisman sigue en pie.  Al fiscal, el exfuncionario menemista Alfredo Asís lo apodó Musimundo, por la gran cantidad de discos compactos con escuchas telefónicas que decía tener. Ese material está. El juez Ariel Lijo tienen que escucharlo y dictaminar.


Para cerrar me quedo con la reflexión que hizo Carlos Matteoda en el último párrafo de su Hoy por Hoy publicado ayer: “Para sostener la democracia, es necesaria la verdad y la justicia; eso es indudable. Lo que está en duda es si podremos saber qué ocurrió y si tendremos un resto de credibilidad para aceptar como válida esa versión”. Me parece que si la Justicia dice que Nisman se suicidó, muchos dirán igual que fue un homicidio. Ojalá que todos los precandidatos a presidente trabajen para revertir esta situación, más que en pensar cómo llevar agua para su molino.   

 

 

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