La Provincia
Lunes 22 de Junio de 2015

Rolando Vitas: una novela sobre viajes y mucho más

Presentación. El escritor paranaense presentará su nuevo libro: , incluso el olvido., una novela donde se cruzan historias truncas. La cita será el viernes, a las 20, en el Aula Magna de la UCA Paraná

Ferny Kosiak / Especial para UNO
fernynice@hotmail.com


Rolando Vitas sonríe desde el otro lado de la mesa, entre los hilos de vapor del café y responde acerca de su última novela: , incluso el olvido., que será presentada el  viernes 26 a las 20 en el Aula Magna de la UCA (Buenos Aires 239). Rolando nos cuenta de su nuevo libro y de su avance por el territorio de la literatura paranaense: ya ha editado dos libros de cuentos, Detrás del reflejo y Vengo por el aviso, y ahora se anima a la novela.  

–¿Cómo encarás el salto cualitativo y cuantitativo que es pasar de escribir cuentos a una novela?
–En su novela La Sexta Lámpara,  Pablo de Santis dice que él escribe los capítulos de la novela como si fueran cuentos. Me gustó mucho la lectura de ese libro y también esa manera de escribir, así que quise hacer eso: cuentos que se relacionaran de alguna manera, no forzada, no necesariamente hilando una trama. Necesitaba que tuvieran algún parentesco, nada más. 


–¿Cuándo empezaste a escribir?
–Este libro hace cuatro años, pero escribo desde hace unos quince años. En realidad a mí me gustaba el cine, el de autor. Cuando me pude comprar la camarita Súper 8 para filmar dije “ahora ¿qué filmo?”. Necesitaba un argumento y empecé a barajar historias posibles. Cuando se me ocurrió una que me parecía bastante buena me di cuenta de que era imposible de ser filmada. Por lo menos acá. Pero me gustó el resultado de lo que había escrito y vi que eso podía remplazar bien, podía ser una salida elegante para esa idea que no podía llevar al cine. 


–Para canalizar por algún lado.
–Claro. Empecé a pensar otras historias y me fue gustando.


–¿Y cómo siguió tu camino como escritor?
–Empecé solo y después le fui mostrando lo que había escrito a algunas personas que me recomendaron ir a un taller. Ahí empecé taller literario con María Elena Lothringer y seguí con ella varios años. Cuando lo conocí a Juan Manuel Alfaro él también me ayudó, a corregir sobre todo. En aquel entonces sabía muy poco y aunque hoy siga necesitando ayuda, en aquel entonces era un manojo de lagunas de conocimientos.  Después convencí a Juan Manuel para que diera un taller y fue un lujo contar con la enseñanza sistemática de él, con el conocimiento, la puntería y la fineza en el trato de la palabra que tiene él como escritor. Aprendí mucho o supongo que aprendí mucho. 


–¿Hoy cómo es tu proceso de escritura?
–Método no tengo. Me dio tranquilidad leer que Abelardo Castillo confesaba que no tenía ningún método y que sospechaba que ningún autor lo tiene.


–Volvamos a ,incluso el olvido. El libro tiene ciertos rasgos de la teoría del iceberg: son historias que se van tejiendo, que a veces se construyen pasados y futuros y a veces no, y el lector se queda con ganas de algo más
–Es lo que intenté. Es infinitamente más rico cuando uno sugiere algo por debajo de la superficie que cuando uno lo muestra, así es mucho más rico el texto. Por lo menos es lo que me gusta leer a mí. Me inclino por leer textos que no vienen masticados y esa era mi idea de escritura.


–Son historias truncas que quizás convenga dejar como hilos sueltos y no atarlos…
–Se sobrevuelan las ideas. Están en el aire y cada uno podrá hacer lo que quiera y pueda con ellas.


–Ese es uno de los logros de la novela. Sigamos. En la Literatura hay dos grandes temas: el viaje y la ciudad sitiada. Vos te quedás con el viaje, la migración. ¿Por qué elegís este tema, estos personajes?
–La idea nació de la historia real de mi abuelo que a los trece años fue puesto arriba de un barco para salvarlo de las guerras. A eso se fueron sumando otras historias del mismo tenor. De todos modos hay poco de biográfico porque no tengo nadie con quien recuperar esos datos, así que tuve que buscar a través de los sentimientos. Fue una traba pero también un disparador donde la única manera era situarme y sufrir con mis personajes. Siento que estuve arriba de ese barco.


–En uno de los capítulos se pinta, con dos o tres detalles, la inmigración: son personajes que llevan herramientas y semillas como metáforas…
–Juan Manuel en su otro papel, el de la amistad, me propuso visitar las colonias judías. Y fuimos y preguntamos qué traían, averiguamos experiencias, historias. Me contaron que cuando llegaron a Entre Ríos la gente no tenía nada de nada y hacían un pozo en la tierra para poder dormir ahí, taparse con hojas y la ropa. Dormían en pozos hasta que pudieron construir. Fue así, no invento nada, y son historias que vale la pena rescatar. 


–En la novela hay otros grandes temas: la pobreza vista desde la búsqueda de un lugar mejor y la simbología del inmigrante que esconde en su boca una moneda de oro…
–Es la historia de la Argentina, en este caso hablo de una inmigración donde la pobreza no es lo principal, sino la persecución. En todos los casos de inmigraciones que me contaron conocidos el principal motivo era la pobreza. En la novela es una consecuencia pero no la causa. 


–El otro tema es el de la familia, de los padres, donde existe una imposibilidad de acercarse afectivamente. 
–Esa parte es autobiográfica pero que creo que muchos la comparten más allá de la autorreferencialidad. Son historias que son transferibles. En esa etapa yo estaba en la rebelión de adolescente y es una manera de purgar culpas. 


–¿Por qué los signos gráficos del título, por qué esa coma y ese punto? 
–Porque es el final de una frase. La idea es que se muestre como una frase ya empezada y esto es solo el final. Hay otro elemento que desconocemos, el principio, que puede ser una enumeración también: tal cosa, tal cosa, e incluso el olvido. Había pensado en varios títulos desde que lo empecé, tenía varios títulos en la cabeza pero para mí la escritura es un descubrimiento y un cambio. 


–¿Qué expectativas tenés para el 26?
–Poder invitar a la gente a acercarse, a leer el libro, a leer-me, en el sentido más exacto, más literal del término, como si yo estuviera escrito. 

Todos estamos tocados, de uno u otro modo, por la inmigración. Todos estamos invitados a descubrir cómo Rolando Vitas se apodera del tema y lo vuelve sentimientos y aventuras, es decir Literatura. 

 

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