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Martes 11 de Octubre de 2016

Roger Waters y The Who fueron el broche de oro del Desert Trip

El ex líder de Pink Floyd y el legendario grupo británico cerraron el festival que hizo historia. Hubo mucha música y críticas a Donald Trump.

Las reflexiones políticas y odiseas siderales de Roger Waters y la energía de The Who culminaron el domingo por la noche el viaje nostálgico del festival Desert Trip, que en tres días devolvió al presente el mejor rock de los años 60 y 70 de la mano de mitos como Bob Dylan, los Rolling Stones, Neil Young y Paul McCartney.

Al margen del próximo fin de semana, en el que el Desert Trip repetirá exactamente las presentaciones de estos días, será casi imposible reunir a todas estas figuras en una misma ocasión, por lo que los adjetivos "histórico", "irrepetible" y "único", que han sobrevolado constantemente el evento, parecieron justificados. Y es que en sólo 72 horas, el público —veterano en su mayoría pero multigeneracional en conjunto— pudo ver a McCartney y Young cantar "A Day In The Life" (el sábado), disfrutó de los Rolling Stones versionando "Come Together" de los Beatles y contempló a Dylan entonando un himno generacional como "Masters of War" (el viernes).

El cierre del evento, que tuvo lugar en la ciudad californiana de Indio (el mismo recinto del festival Coachella), llegó con Roger Waters, que ofreció un desbordante recital de rock atmosférico cargado de crítica política que es la marca de la casa. El ex bajista de Pink Floyd comenzó con la insinuante "Breathe" y el célebre disco "The Dark Side of the Moon" (1973) monopolizó el primer tramo con las apabullantes "Time", "Money" y "Us and Them".Pasan los años y los fans de Pink Floyd, el grupo que mejor rentabilizó la pasión por el rock progresivo, se mantienen fieles e irreductibles, tanto que los relojes y el dinero en las pantallas que antecedieron a "Time" y "Money" se celebraron casi como goles.

La factura audiovisual de los conciertos de Waters siempre ha sido uno de sus puntos fuertes con imágenes de paisajes espaciales, ambientes apocalípticos, escenas alucinadas y figuras espectrales que redondean la experiencia del show. Tampoco escasearon las consignas políticas y en las pantallas se leyó "si no estás enojado, no estás prestando atención" ante las críticas al racismo, la discriminación y la violencia de "Fearless". Sostenido por una banda preparada al centímetro para los extensos desarrollos instrumentales, un carismático Waters abordó una intensa "Shine On You Crazy Diamond" y una desgarradora "Wish You Were Here".

"Ignorante y mentiroso". Sirenas y alarmas anunciaron la aparición de cuatro chimeneas para convertir el escenario en la portada del disco "Animals" (1977), poco antes de que Donald Trump se convirtiera en el blanco de Waters. "Trump es un cerdo", en letras gigantes, despertó enormes aplausos cuando sonaba "Pigs (Three Different Ones)". Además, el famoso cerdo volador de Pink Floyd se paseó por el cielo con el rostro del candidato republicano a la Casa Blanca junto a los adjetivos "ignorante", "mentiroso", "racista", "sexista" y un remate final que no dejaba dudas: "Que lo jodan a Trump y a su muro".

La afilada "Another Brick in the Wall Part 2" anunció el final del espectáculo total de Waters, que bajó la persiana cargando contra la ocupación israelí de Palestina y hermanándose con el público en una aclamada "Comfortably Numb".

Excesivo y al máximo. La jornada había comenzado antes con los legendarios The Who, que con "I Can't Explain" y "The Seeker" dejaron claro que lo suyo iba a ser una exhibición de rock excesivo y al máximo de revoluciones. Una tremenda "Who Are You", que cayó como una bomba sobre el Desert Trip, certificó además que el show de los británicos se destacaría por su cuidada apariencia visual, repleta de colores y detalles impactantes. El guitarrista Pete Townshend recordó la participación de la banda en el festival de Monterey de 1967 y deseó con ironía "buena suerte" al público de cara a las elecciones estadounidenses, al mismo tiempo que Hillary Clinton y Trump se enfrentaban en su segundo debate televisado.

Pero la noche no era para la política sino para la música, y The Who se lució con clásicos como "My Generation", poco menos que un tratado de fe para muchos de los asistentes. Los habituales molinillos con el micrófono de Roger Daltrey, con un chorro de voz imponente, encontraron el espejo ideal en las también clásicas ruletas de Townshend, un torbellino con su guitarra durante toda la noche. Una parte dedicada a "Quadrophenia" (1973) dejó algo frío al público, que se reenganchó en la recta final gracias a "The Pinball Wizard" y "See Me, Feel Me".

The Who finalizó con las irrebatibles "Baba O'Riley" y "Won't Get Fooled Again", con las que muchos de los espectadores, más preocupados en su día a día por su plan de pensiones que por los dilemas de los veinteañeros, acabaron gritando a pleno pulmón temas acerca de revoluciones juveniles y la trágica desilusión de la adolescencia. Cosas mágicas del rock.

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