Espectaculos
Domingo 15 de Noviembre de 2015

Reverberancias de Los Andes en la Biblioteca Provincial

Alfredo Arce, Oscar Sosa y José Luis Viggiano dieron un espectáculo de música nativa.

Luciana Actis/De la Redacción de UNO  
La del viernes fue una noche de intensa actividad cultural en Paraná. Entre las variadas propuestas, en el patio de la Biblioteca Provincial hubo una velada de música de los pueblos ofrecida por el aerofonista Alfredo Arce, el guitarrista Oscar Sosa, y el percusionista José Luis Viggiano. 
Nativo, así se tituló el espectáculo, cuyo único defecto fue la impuntualidad –comenzó 35 minutos tarde–, problema completamente atribuible al público paranaense, más acostumbrado a manejar su propio horario que a respetar el pautado por los artistas.
Cuando la concurrencia por fin se dignó a acomodarse en sus sillas, Arce se acercó a su lugar para iniciar el recital con un solo de un instrumento aerófono difícil de identificar, pero de cadencias agridulces. Un poema a José Gabriel Condorcanqui –el inca Túpac Amaru salvajemente asesinado por defender la dignidad de su pueblo– fue lo segundo que el público escuchó.
Una acertada puesta de Yara Lencina, con semillas y arena dispuestas en el piso cual sagradas geometrías de los pueblos más australes del continente; velas que acompañaban ofrendas del más preciado tesoro de las américas -el maíz-; rústicas imágenes proyectadas sobre la pared; y un puyo cubriendo la mesa en la que Arce depositaba su abanico de aerófonos sirvieron para infundir mística al espacio por el que sobrevolarían ecos andinos y de otras latitudes.
a percusión sincopada de Viggiano y las armonías de la guitarra de Sosa le daban aires jazzísticos a las quenas melódicas y épicos sikus con los que Arce interpretó Montaña de siete colores, del maestro Uña Ramos. La música se fue entretejiendo con poemas de Atahualpa Yupanqui, Armando Tejada Gómez y Darío Domínguez. 
Arce remarcó que su objetivo no era hacer folclore, en el sentido más oxidado de la palabra, sino música de los pueblos, tal como se lo había descrito el genial pianista Francisco Manuele, tras escucharlo tocar. Fue así que a la música de ecos andinos le añadió clásicos internacionales como Aquarela do Brasil y canciones del repertorio internacional. 
Música en cantidad y calidad, interpretada con plena entrega, trajo a flote las raíces de la América nativa, la de los primeros pueblos.

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