Narcotráfico
Viernes 29 de Julio de 2016

Revelan roles y tareas en el juicio a una banda narco en Concordia

Desde la jefa y su hijo hasta los vendedores están implicados en venta de cocaína en la capital del citrus.

La banda había recibido cocaína demasiado "cortada" y, por la queja de los clientes fueron a reclamarle al proveedor en Buenos Aires. En el viaje de regreso hacia Concordia, con la droga de una pureza más elevada, los gendarmes que venían investigando la organización narco decidieron dar el golpe. El 23 de mayo de 2014 interceptaron en Puerto Yeruá un colectivo en el que viajaba Silvio Blanco, a quien le secuestraron dos kilos de cocaína y quedó detenido. Momentos más tarde se hicieron los allanamientos para terminar de desbaratar la banda: uno en la casa de Norma Beatriz Cabrera y su hijo José María Rey, y otro en el kiosco (que era la pantalla del negocio) donde vivían Juan Martínez y Natalia Bonazzola. Todos quedaron presos.

Ayer, dos años después, llegaron a juicio todos menos Blanco, que no estaba en su casa y fue declarado en rebeldía a pedido del fiscal José Candioti. En el Tribunal Oral Federal de Paraná comenzaron las declaraciones testimoniales, principalmente de los gendarmes que intervinieron en la investigación.

La escuchas telefónicas resultan elocuentes respecto de quiénes y para qué se comunicaban, así como del rol que cada uno cumplía en la banda. Según la acusación, Cabrera era la jefa, dictaba las órdenes y distribuía las tareas. La Peti, como la conocen, de 43 años, mandaba a su hijo Rey, de 20, a cruzar la frontera por el puente hasta Salto, donde compraba los dólares necesarios que le servirían para adquirir la cocaína. De esta transacción se encargaba Blanco, como se dijo, quien se encargaba de hacer los viajes a Buenos Aires. Martínez, de 36 años, y Bonazzola, de 32, se encontraban con Blanco en la ermita de San Expedito de la plaza España y hacían el traspaso de la droga. La pareja la vendía después en un kiosco que era en realidad la pantalla para cubrir la actividad de narcomenudeo.

El crecimiento patrimonial de todos los implicados fue fenomenal, y les será difícil de explicar. Peti Cabrera dijo que tenía cuatro locales de ropa y cuatro puestos en la feria Las Pulgas de Concordia (ahora le quedan solo dos), con lo que recaudaba 30.000 pesos mensuales. A su vez, contaban con un auto VW Bora que está a nombre de la novia de Rey. Por su pare, Martínez dijo que es cosechero y que gana 12.000 pesos por semana, en tanto que Bonazzola explicó que en el kiosco les va bastante bien, ya que les da 2.000 pesos diarios de ganancia.

La droga secuestrada equivalía a 30.000 dosis de cocaína, lo que a valores de hoy se podría estimar en medio millón de pesos.

Ninguno declaró al inicio del debate, pero sí se dio lectura a la defensa de su hijo que esgrimió Cabrera en la etapa de Instrucción, al sostener que ella obligó a su hijo a ir a Salto a comprar dólares, aunque no explicó para qué los necesitaba. Acerca de Blanco, el ausente en el banquillo de los acusados, se informó que la Federal no pudo ubicarlo en Concordia porque aparentemente dio una dirección inexistente. De igual modo se ordenó su búsqueda.


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El vínculo con la cocina de cocaína

El inicio de la investigación al grupo liderado por Norma Cabrera fue cuando explotó en Concordia una cocina de cocaína que funcionaba en pleno centro, el 27 de marzo de 2011, donde como consecuencia falleció Elizabeth Tamay. Por ese hecho fue condenado Rafael Benítez por fabricación de estupefacientes. Una línea de la pesquisa llevó a Mariano Barrios, un empleado de la Secretaria de Salud en Concordia, y a su vez pareja de Cabrera.

Barrios quedó desligado de la cocina de droga, pero siguieron investigando sus movimientos porque las sospechas de que movía buena parte de la cocaína en la zona este de la provincia seguían firmes. Finalmente, el hombre fue capturado en la localidad de Eldorado, provincia de Misiones, cuando tenía en su poder una importante cantidad de droga. Desde entonces, su mujer tomó las riendas de la organización.


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Investigador y sospechado

Uno de los gendarmes que impulsó la investigación de la banda de la Peti Cabrera es Carlos Acosta, quien el año pasado cayó detenido por presunta complicidad con un narcotraficante de Concordia, Mario González. En esa causa hay otros tres integrantes de fuerzas de seguridad imputados, y una decena de personas acusadas de conformar la organización de El Gordo. De todos modos, Acosta declarará en el juicio que comenzó ayer en el Tribunal Oral Federal por su participación en la pesquisa que desbarató ese nicho comercial ilícito.

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