Fútbol
Miércoles 29 de Junio de 2016

"Resignaron mucho para conseguir la gloria"

Ezequiel Garré es hijo de uno de los campeones en México 86. Indicó que es un orgullo la manera en que consiguieron el título.

El mate estaba listo. En la mesa esperaba media docena de alfajores santafesinos para merendar. Todo preparado para una charla futbolera. Momento para recordar una fecha que quedará grabada en la eternidad de los apasionados por la redonda. El 29 de junio es un día más en el calendario general. Sin embargo, es una fecha que quedó tatuado en la piel de los argentinos. La fotografía está en la retina de los argentinos que observaron, desde distintos sectores, la última epopeya de un grupo de 23 soldados con la camiseta Albiceleste.

Ezequiel Garré tenía tan sólo cuatro años cuando su papá, Oscar Garré, fue uno de los jugadores que levantó el trofeo más deseado por estos lados. El actual marcador de punta izquierdo de Patronato tiene algunos pasajes de esa tarde de domingo de 1986. "Me acuerdo que estaba en casa saltando y gritando. No recuerdo porqué, pero con el pasar del tiempo me di cuenta porqué era", confesó, en diálogo con Ovación.

Ezequiel tiene la pasión por este deporte en las venas. Está en el ADN familiar. "Nací en la casa de un jugador de fútbol y me crié en la casa de un técnico", describe. "Mi hermano mayor (Emiliano) también jugó, mi hermano (Nahuel) más chico hizo inferiores. También está jugando mi sobrino. Todos los hombres de la familia, pelota", subrayó.


—Tu papá es uno de los campeones del mundo.
—Es un orgullo enorme, pero estamos acostumbrados a tenerlo en casa como mi viejo. Lo que más valoramos es cómo fue toda su vida, con perfil bajo. Pudo haber figurado mucho más y nosotros intentamos seguir con la humildad que él tiene.


—¿Qué genera cuando llega el 29 de junio?
—Mucho orgullo, más allá de que me toca vivirlo de cerca por mi viejo. Es un orgullo de lo que consiguieron y como lo consiguieron. Ahora se habló mucho de cómo fue esa preparación durante los cuatro años para el mundial, en lo cuales fueron tan castigados, en lo que estuvieron tan solos, en los que pidieron la cabeza de (Carlos) Bilardo. De hecho estuvieron 70 días concentrados, de todo lo que han resignado. Tengo recuerdos de estar prácticamente nada con mi viejo. No tengo recuerdo de haber visto a mi viejo en un acto del colegio. Muchas cosas que han resignado para conseguir esa gloria deportiva lo cuento y se me pone la piel de gallina.


—Se nota en tus ojos, se pusieron vidriosos.
—Es que estuvieron dispuestos a hacer cualquier cosa. Cuando ves a tipos que están predispuesto hacer cualquier cosa para conseguir algo y lo logran es difícil de explicarlo.


—Fueron muy pocos a despedirlos. En contraste a la recepción.
—Sinceramente no tengo recuerdo de la despedida. Lo que sé es lo que cuentan ellos, que estaban solos. Encima salieron muy tempranos, de madrugada, y no había nadie. Después cuando regresaron el avión dio un par de vueltas y veían lo que eran hormigas. Era increíble. Hay una anécdota que cuenta mi viejo. Mi tío era policía y estaba custodiando el micro. Iban a paso de hombre y escucha que le gritan por ventanilla "Pelado, Pelado". Mi papá pidió que paren el colectivo y Bilardo le dijo que era imposible parar el colectivo. Fue y lo buscó a Diego (Maradona). "Está mi hermano, decile a Carlos que pare el colectivo". Frenó, hizo subir a mi tío y fueron hasta Casa Rosada con él y mi hermano.


—Era capitán fuera y dentro de la cancha.
—Lo que ellos cuentan es que fue un ejemplo y las ganas que tenía él de ser el mejor. Hoy que estoy más grande y me ha tocado compartir vestuarios con gente admirada me doy cuenta de que no son fenómenos solamente porque juegan bien a la pelota, sino porque tienen muchas cosas más. Le dan ganas de mejorar, de entrenar, dan ganas de crecer, de contagiar al compañero y potenciarlo. De estar en todos los detalles. En ese mundial Bilardo preparó todo durante cuatro años para que Maradona fuera lo que fue, preparó 10 soldados para que hagan lo que tenían que hacer y que Maradona esté de la forma que estaba.


—¿Cuántas veces compartiste esas imágenes con tu viejo?
—Muy pocas. Cuando pasan algo por ahí lo vemos de pasada, pero no agarramos un momento y decimos "vamos a ver esto". Cuando era chico que jugaba en inferiores vi muchos partidos. Hablamos de anécdotas, cosas que le voy preguntando o si justo nos cruzamos con otro de los muchachos y se da la charla. Más que nada busco conocer otras cosas. Lo que se ve, lo vemos todos. En lo personal me gusta saber cómo era en la intimidad, qué hacían, cómo era uno, cómo era el otro.


—¿Alguna anécdota que quedó grabada?
—Mi viejo se perdió el partido con Inglaterra por suspensión. Lo reemplazó el Vasco (por Julio Olarticoechea) y Bilardo decide dejarlo en el equipo. Mi viejo se había comido todas las eliminatorias, las giras, y le toca salir en la parte más linda. Esa noche lloraba en la habitación. Le golpea la puerta y era Diego con el mate. Venía a consolarlo. Le dijo "quedate tranquilo, dejaste todo, en mucho de esto tuviste que ver vos. Ahora le tocó entrar al Vasco y lo hizo bien. Tenemos que estar todos unidos para conseguir la copa. Estamos orgullosos de lo que nos diste, de lo que hiciste, tenés que seguir igual porque en algún momento te puede tocar jugar". Ese es gesto de un líder. Otros no lo hacen y él en ese momento estaba en todos los detalles. Todos de la misma manera, enfocados en lo mismo con el mismo objetivo y tirar todos para el mismo lado. Sorprendió por un lado, pero por otro lado no. Por eso fue lo que fue e hizo lo que hizo.


El mismo de siempre

Oscar Garré jugó un gran encuentro ante Italia en la fase regular. Anuló a Bruno Conti, una de las figuras del seleccionado que defendía el título en México. Sin embargo, el Mago era uno de los jugadores más cuestionados. "Se lo castigaba mucho a Bilardo por haber llevado a jugadores de Estudiantes y Ferro. No entendían lo que estaba en la cabeza de Bilardo. Preparó tipos para una función. Mi viejo se preparó durante cuatro años para disputar los siete partidos del mundial. No le importaban esas cosas. Tenía que dejar el cien por cuento en cada pelota y cumplir a morir con su función. Lo castigaron mucho. Por eso valoramos más su humildad. Esperó su momento, consiguió lo más lindo que puede aspirar un jugador de fútbol y no cambió su forma de ser", resaltó Ezequiel.


La larga abstinencia

Pasaron tres décadas desde que ese trofeo fue elevado por manos argentinas. La Copa del Mundo pesa 6,170 kilogramos. Esa marca asciende cada días más para los que lucen de celeste y blanco. "Todo suma. Pequeñas cosas que no le damos valor, lo juntás con 15, 20 cosas más y es algo grueso. Lo que está pasando con (Lionel) Messi me pone muy triste. Tenemos la suerte de tener ese jugador y no lo cuidamos y valoramos de la forma que merece. Son inevitables las comparaciones. Bilardo preparó una máquina para que el diamante se luzca. Tal vez Argentina tenga el diamante y no pueda hacerlo lucir. Actualmente los jugadores no están en su mayoría acá como sucedió en ese entonces y podían trabajar más tiempo. Tengo mucha fe y más con Messi. Si tengo la ilusión de volver a ganar una copa del mundo, es con él".

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