Mundo
Martes 03 de Noviembre de 2015

Rescatista argentino reconocido por su ayuda a los refugiados

Nicolás Migueiz Montán fue fotografiado mientras salvaba a migrantes que se hundían en las costas de Grecia. El muchacho reconoció que es una tarea compleja y difícil donde se viven situaciones dramáticas y al límite

La secuencia de imágenes recorrió el mundo: un grupo de rescatistas vestidos de amarillo nadaba en el mar Egeo para intentar rescatar a un grupo de inmigrantes que llegaba a Grecia en un barco que comenzaba a hundirse.

Una de las fotografías captó a un bañero de barba y pelo largo mientras sacaba a un bebé vestido con un salvavidas. Alguien en Argentina lo reconoció: se trata del argentino Nicolás Migueiz Montán, un guardavida de 34 años que viajó a la isla de Lesbos para colaborar con las tareas de rescate.

“Al principio era muy gratificante, pero ahora se está complicando cada vez más y se hace cada vez más difícil. Está haciendo mucho frío y se viven situaciones muy dramáticas”, contó ayer el rescatista, en diálogo con radio Vorterix.

Nicolás, oriundo del partido bonaerense de Pilar, es profesor de Educación Física y vive en Barcelona desde hace siete años, donde trabaja como guardavida. Cuando terminó la temporada alta en esa ciudad española, viajó a Grecia junto a al uruguayo Daniel (su apellido no trascendió hasta el momento) y la argentina Fiorella Crotti para ayudar en las tareas de rescate organizadas por la ONG Proactiva Open Arms por la crisis migratoria que se vive en las costas del Mar Egeo.

“Terminó la temporada y quisimos venir para ver si servía dar una mano. Cuando llegamos acá vimos que cuando arriba la barca se complicaba el desembarco porque las autoridades no se metían a acercar las barcas. Los inmigrantes vienen con chalecos salvavidas que son de muy mala calidad y se ahogaban a 50 o 100 metros de la costa”, describió.

“Él siempre fue un tipo comprometido con la realidad social, en este caso eligió ir porque es su profesión, estaba bastante emocionado con la posibilidad. Junto a sus compañeros son prácticamente los únicos que están haciendo esto en Lesbos”, contó Lidia Montán, madre de Nicolás, al Diario Pilar.

Por estos días es difícil contactarse con el guardavida: en un descuido, su celular cayó al agua y quedó destruido. Por el momento, su único contacto con familiares y amigos es a través de redes sociales, pero no siempre tiene tiempo para conectarse a una computadora.

“Ahora me llaman de todos lados, que no era la idea al venir aquí. Yo estoy comunicado con mi familia y les voy diciendo que estoy bien”, explicó Nicolás.

Entre los momentos más duros que le tocó vivir, Nicolás contó el caso de un naufragio que ocurrió hace cuatro días: “Fue un naufragio entre aguas turcas y griegas de casi 200 personas. Fue desesperante porque la guardia costera griega y nosotros intentamos rescatar a la mayor gente que pudimos, pero no llegamos a todos”.

A su vez, su madre contó: “Sabemos que son tres y trabajan mucho, es muy dura la situación. Todo el tiempo están llegando cientos de personas en barcazas muy precarias”.

Por su parte, su hermana Luciana Migueiz, relató: “Cuando nos enteramos de que iba a estar ahí, nos dio mucho orgullo y admiración. Pero cuando nos dio detalles de cómo es estar en esa zona, es realmente escalofriante. Para esa pobre gente es solo el principio, después termina en campos de refugiados sin un destino cierto”.

Refugiados de Afganistán, Siria, Pakistán y otros países de Medio Oriente arriesgan sus vidas para cruzar el mar y llegar a Europa como refugiados para huir de la guerra civil que azota a sus países.

Los grupos que la ONG Proactiva Open Arms lleva a Grecia para ayudar con las tareas de rescate trabajan sobre el terreno 15 días. Luego, son regresados a su lugar de origen y reemplazados por otros. Nicolás, Fiorella y Daniel están por cumplir el plazo. Ya cuando regresen tendrán ocasión de contar a sus familias lo que vivieron.

Nuevos decesos en el mar

Al menos 13 personas murieron  ayer en dos nuevos naufragios ante las islas griegas de Samos y Farmakonisi, situadas en el mar Egeo y muy cerca de la costa de Turquía. Una de las barcazas se hundió cerca de una zona rocosa de Samos, a tan solo 20 metros de la orilla, y murieron 11 personas, entre ellas cinco mujeres, dos niños y cuatro bebés, informó la Guardia Costera. 
 

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