Espectaculos
Miércoles 25 de Febrero de 2015

Recuerdos de Pappo en su paso por Paraná

A 10 años de su muerte, cuatro fotos inéditas

Román Mayorá / (Lic. en Comunicación Social, Docente UNER – UADER)

 

Es curioso notar cuántos próceres del rock nacional han muerto desde el accidente de moto que se llevó a Norberto “Pappo” Napolitano, “El Carpo”, un 25 de febrero de 2005, hace ya 10 años. Luis Alberto Spinetta, su amigo de la juventud, se despidió en 2012. Luego se fue Pajarito Zaguri, en 2013, quien apenas ahora comienza a ser reconocido por sus escándalos de los 60’ como líder de Los Beatniks. En 2014 se fueron dos figuras que, cada uno a su modo, fueron claves en el devenir del rock nacional desde los 80 para acá: Gustavo Cerati y Omar Chabán.


El personaje que Pappo fue construyendo a lo largo de su carrera se transformó hacia sus últimos años en un tipo un poco rudo, de risa tan fácil de ganar como de perder en una conversación cualquiera, y afecto a las guitarras, los autos, las motos y las mujeres.


Hay muchas historias conocidas del músico: sus viajes por Inglaterra, su relación con músicos famosos de la escena del heavy y el hard rock de Inglaterra y Estados Unidos (Motorhead, Guns N Roses) y la recordada anécdota de la guitarra que le regaló Spinetta y que El Carpo vendió pocos días después, una historia que comenzó a escribirse en el famoso libro “Cómo vino la mano” de Miguel Grinberg. El destino de la guitarra fue todavía más insólito, ya que terminó en manos de uno de los integrantes del grupo humorístico Les Luthiers.


En 2014, en la muestra “Yo, Sandro” que recorrió buena parte del país y de Latinoamérica, se expuso una foto muy curiosa de Sandro, cantando delante de una escenografía que reconstruía un callejón abandonado. Lo acompañaba un grupo de músicos vestidos con ropa negra de cuero. No eran otros que los Riff, la banda de heavy metal de Pappo, quienes participaron de una forma bastante bizarra en el programa de televisión “Querido Sandro”, que se emitió durante 1990 en Canal 13. Presentaron tres temas. Dos de Sandro: “Vengo a ocupar mi lugar” y “Salvaje”, y uno de Riff: “Susy Cadillac”. Interpretados en un desprolijo playback, son una joya hoy, en tiempos de YouTube, donde basta buscar “Sandro y Riff” para ver el video.


La carrera de Pappo tuvo varias derivas, algunas más conocidas que otras, graciosas y no tanto, que merecen ser recordadas.


Al cumplirse una década del fallecimiento del mayor guitarrista de blues de la Argentina no puedo evitar volver a mi propio recuerdo de juventud.


Mi primer recital fue cuando tenía 14 años, en 1997. En ese entonces en Paraná el máximo evento había sido un show de Los Fabulosos Cadillacs en una discoteca de la ciudad. Definitivamente, no tenía edad para ir a un show del Carpo, pero de tanto insistir logré que me dejaran ir, solo, un domingo a la tarde, al Anfiteatro Municipal Héctor Santángelo.


Un álbum de fotos, de un rollo de 24 que utilicé ese día con la cámara automática que había tomado prestada de mi familia, me recuerda ese concierto.


Ese año, a alguien se le ocurrió que sería bueno realizar un espectáculo para el Día de la Madre (nunca supe si fue la gestión municipal de aquel momento o una radio de la ciudad). Así fue como en Paraná, el domingo 19 de octubre de 1997, Pappo dio un recital en el Anfiteatro de la ciudad, ese hermoso auditorio a cielo abierto construido en la década del 80 a favor de la geografía del río y la barranca.


La letra de un impensado hit del Carpo, publicado en 1992, llevó a los organizadores a elegir a Norberto Napolitano para ese homenaje a las madres. Mi vieja es una canción escrita por Sebastián Borensztein (hijo del actor y humorista Tato Bores) que Pappo grabó a regañadientes para su emisión en el programa televisivo “Tato de América”. La canción tuvo un inesperado éxito, tanto que lo ayudó a reposicionarse en términos de difusión masiva.


El show de Pappo del día de la madre tuvo un ingrediente que lo volvió todavía más extraño: el auspicio de una ya desaparecida marca de toallitas femeninas, en una bandera gigante colgada a un lado del escenario.


El álbum de fotos de ese día comienza con una imagen del colectivo Mercedes Benz negro, con trompa roja, y con el logo de Riff estampado atrás en blanco, brillando bajo el sol. Era temprano, la hora de la eterna siesta, y mi vieja (no la de Pappo) me había llevado hasta el anfiteatro.


Las primeras horas de la tarde de ese domingo fueron las mejores del día: Pappo salió del colectivo, con los ojos cubiertos por lentes oscuros y muy mala cara, para hacer una prueba de sonido que hoy rememoro como una zapada de más de una hora y con solos interminables, que las 10 o 12 personas que estábamos presentes vimos y escuchamos sentados en silencio a un costado del escenario.


Después de eso, todos los músicos regresaron al colectivo, y nadie volvió a verlos hasta la noche, en que las tribunas ya estaban repletas de gente.


Casi una hora después del horario anunciado para el show, en el trayecto entre el micro y el escenario, el mismo puñado de personas que habíamos estado en la prueba de sonido interceptamos a Pappo para sacarnos fotos y pedirle autógrafos. Su firma quedó estampada en tinta plateada, en el reverso de un folleto que junté del piso y que anunciaba un recital de Velada Paketa, una de las bandas de Paraná que sonaba por esos años.


El recital duró menos de 5 canciones. No recuerdo exactamente cuántas, pero obviamente tocaron “Mi Vieja” y después hubo tres incidentes con fans un poco borrachos que se treparon al escenario y al grito de “¡Genio Pappo!”, intentaron abrazar al guitarrista. Él se los sacaba de encima a puro forcejeo y sin dejar de tocar la guitarra.


Un dato curioso es la falta de seguridad, ya que en las fotos se ve mucha gente haciendo una ronda alrededor de la banda, sobre el mismo escenario. Una vez que el fan de turno desistía de su abrazo, Pappo interrumpía el tema y volvía a empezarlo. La segunda vez hizo una advertencia: “A la próxima me voy”, y la próxima vino: otra vez alguien quiso demostrarle cuánto lo admiraba, interrumpiendo el tema.

 

El Carpo se fue del escenario sin decir una palabra, se subió al colectivo y no volvió a salir.


Fuimos varios los que corrimos detrás del escenario. Hoy, a 10 años de la muerte de Norberto Napolitano, El Carpo, recuerdo muy vívidamente su voz cuando me subí al primer escalón de la puerta del colectivo y lo vi de refilón, guardando su guitarra mientras puteaba y repetía una y otra vez “así no se puede tocar loco, así no se puede”.

 

 

 

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