La Provincia
Jueves 08 de Octubre de 2015

Reconstruyen la represión a la ciencia en tiempos del proceso

En el libro “Ciencia y dictadura” se expone un compendio de las investigaciones que intentaron truncar en Argentina. La obra, plena de contenidos inéditos, fue editada por los expertos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria 

El libro “Ciencia en dictadura” relata en forma colectiva la producción científica y tecnológica en varias instituciones nacionales desde poco antes del golpe de Estado de 1976, a partir de la investigación con que la historiadora del Conicet Cecilia Gárgano consiguió “conectar eslabones rotos por la represión del pasado para saber qué trató de truncarse a futuro, nuestro presente”. 

Se trata de Ciencia en dictadura: trayectorias, agendas de investigación y políticas represivas en Argentina, en imprenta y editado por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) como fruto de una intensa pesquisa que lideró Gárgano. Cada capítulo -a cargo de Laura Rodríguez, Adriana Feld, Gabriel Matharán, Oscar Vallejos, Ana Spivak Hoste, Ana Larcher y la propia Gárgano- aporta a la reconstrucción del pasado científico-tecnológico analizando continuidades y rupturas en los contenidos de investigación y su relación con trasformaciones políticas y económicas del período. Con una rutina que llevó mucho trabajo de archivo y varias entrevistas, el objetivo de la reconstrucción de Gárgano fue “conectar eslabones que quedaron rotos por la represión del pasado para saber qué trató de truncarse a futuro, nuestro presente”. 

La historia de esta enorme reconstrucción comenzó cuando Gárgano -investigadora del Centro José Babini de la Universidad de San Martín y Conicet- comenzó a elaborar la tesis que la convertiría en doctora en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras: Ciencia, tecnología y dictadura: producción de conocimiento e intervención militar en el INTA. “Seleccioné el INTA porque para un país como el nuestro, el agro es un territorio que desde los orígenes plantea una disputa en la que está lo cultural, lo económico, lo político, en una batalla constante hasta nuestros días”, contó la investigadora . 

Gárgano planteó que “algo de los resortes del poder en Argentina tiene que ver con ese espacio, algo de la identidad nacional y las batallas por cómo se define también; y la característica del INTA de ser capilar” permite explayarse en el mapa argentino. 

A partir de un caso conocido, el secuestro de Marta Sierra, una trabajadora desaparecida del INTA Castelar, avanzó hasta hallar cinco desaparecidos, tres asesinados -dos de ellos anteriores a la dictadura- y 795 cesanteados desde las leyes de prescindibilidad. Hacer aparecer a un desaparecido a través del relato de sus compañeros de trabajo y exhumar los proyectos investigativos en los que estaba empeñado fue tarea titánica que implicó la reconstrucción social de una historia colectiva. “Es movilizador acceder a los materiales o a determinadas historias personales que no están escritas en ninguna memoria institucional”, rememoró Gárgano. La mayoría de los datos empezaron a aparecer por entrevistas con trabajadores del INTA que se acordaban de determinadas cuestiones, y ese dato llevaba a otro, como una bola de nieve; como acopio social de la memoria, otros traían una cajita con las fotos, el currículo, el recorte del diario de su excompañero. “Hay un extensionista del INTA que es asesinado por la Triple A en octubre de 1974 y uno de los familiares que yo entrevisté tenía su propia investigación que exponía lo que pasó con su propia memoria y archivo, lo que permitió cruzar fuentes distintas”, indicó. Así, aparecieron documentos internos de trabajo y publicaciones científicas, pero además telegramas de la embajada estadounidense, documentos de la ex-Dipba y del Archivo General de la Armada o diarios de época, que dieron cuenta tanto del disciplinamiento al interior del organismo como de los cambios en los contenidos de sus agendas de investigación y extensión rural. Es la reconstrucción de un rompecabezas “eso de conectar eslabones que quedaron rotos, con familiares que conocieron un costado de la vida de su madre o su padre pero que no tenían claro cuál era su función dentro del INTA o su participación política”, afirmó. Las compuertas de la memoria siguieron abriéndose hasta que se hizo imprescindible dar continuidad al enorme caudal que iba creciendo con afluentes espontáneos, mediante una beca posdoctoral y un espacio compartido con otras colegas -L´Hoste, Larcher y Clara Sarsale- para pensar en conjunto en el Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Técnica José Babini. 

“El convenio busca navegar estas aguas: el impacto de la represión dentro del organismo, el contenido de las agendas de CyT en el período y también cómo intervenir planteando discusiones y producciones que no queden solamente en el ámbito académico sino que tiendan puentes” hacia la comunidad, definió Gárgano. El trabajo académico prosperó en el libro y en otros frutos, como un audiovisual que recupera el trabajo de un equipo del INTA de la tucumana Estación Experimental de Famaillá, con la cooperativa agropecuaria Campo Herrera, desmantelada antes del golpe.

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Día del Trabajador Agrario

Hoy se conmemora el Día del Trabajador Agrario y en coincidencia con la miscelánea, desde la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) se dio a conocer que inspectores del organismo detectaron a una persona a la que no le pagaron los aportes previsionales durante 40 años. Sucedió en el marco de un relevamiento efectuado a trabajadores rurales en una estancia en la provincia de Chubut.  

Los agentes de la AFIP descubrieron que esta persona trabajaba desde 1975 sin que su empleador lo declarara ante el fisco ni realizara los aportes correspondientes. Por esta irregularidad, el empleador deberá pagar entre aportes, contribuciones y multas más de 300.000 pesos a la AFIP, informó hoy el organismo en un comunicado. Los inspectores de la Dirección General de los Recursos de la Seguridad Social continúan con el proceso de control de empleo registrado a lo largo y ancho del territorio nacional. 

En esta oportunidad, los procedimientos se centraron en relevar la situación previsional de los empleados rurales de Chubut, en especial de la localidad de Cholila. Durante el procedimiento, los agentes fiscalizaron al personal de la estancia llamada El Trébol, cuya actividad principal es la ganadería. Entre los empleados relevados se encontró el caso de una persona que trabajaba desde hacía 40 años y que nunca fue dada de alta ni declarado ante el fisco. 

Se trata de Orlando Sepúlveda, de 64 años, quien declaró que comenzó a trabajar en ese predio rural en octubre de 1975. “El empleador -Humberto Argentino Bonansea- evadió en concepto de aportes y contribuciones más de 105.000 pesos. Por esta irregularidad le cabe una multa que supera los 200.000 pesos”, indicó la AFIP. Además, “se detectó que el titular de la estancia, que está ubicada en una de las zonas más importantes de la provincia, se encontraba adherido al Régimen Simplificado para Pequeños Contribuyentes en la categoría B, es decir, en la más baja, motivo por el cual fue excluido del Monotributo”.   En ese contexto, el titular de la delegación Entre Ríos del registro de trabajadores rurales, José Luis Lavini, instó a los empleados de campo a “hacer valer sus derechos”.

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