Tiempo sindical
Lunes 30 de Mayo de 2016

Raimundo Ongaro, un dirigente combativo

Lideró desde el gremio de los gráficos la resistencia peronista de los gobiernos militares que se sucedieron desde 1955. La pasó mal en el último proceso militar.

Raimundo José Ongaro nació el 13 de febrero de 1925, en Mar del Plata, Argentina. De padres italianos, realizó el preescolar, la primaria y la enseñanza técnica como pupilo en colegios confesionales. Con 18 años, comenzó a trabajar en 1943 como linotipista en los talleres Guillermo Kraft, y en la misma fecha comenzó su actividad sindical en la Federación Gráfica Bonaerense (FGB).

Aquella actividad laboral y sindical fue acompañada por estudios musicales en el conservatorio, que seguirían en los años siguientes. En 1949 hizo el servicio militar, por 15 meses, tras lo cual se desempeñó en 1950 como profesor de música en la Universidad Nacional de Cuyo, hasta que al año siguiente retomó su trabajo en la gráfica. A comienzos de la década del 50 se casó con Elvira Isabel Caruso, con quien tuvo tres hijos varones, y la familia se instaló en una casa en Los Polvorines, comprada con un crédito hipotecario. Entre 1943 y 1955, no ocupó cargos en el sindicato, ni en partidos políticos, ni en el gobierno, pero tras el golpe, y el inmediato comienzo de la reorganización de la Lista Verde, en setiembre de 1955 fue elegido secretario de la Agrupación Gráfica Sindical, Lista Verde de los gráficos. Entre 1955 y 1966 aquella lista integró las 62 Organizaciones, y con la división a comienzos de 1966, integró las 62 de Pie. Entre 1955 y 1966 fue miembro de Comisiones Internas y, hasta 1963, presidente de la Cooperativa Obrera Gráfica Talleres Argentinos Limitada. En noviembre de 1966 la Lista Verde ganó las elecciones en la FGB y Ongaro fue elegido secretario general del sindicato, presidente de la Federación Argentina de Trabajadores de Imprenta (FATI) y congresal en la CGT. Allí comenzó su historia pública.

Raimundo Ongaro fundó en 1968, durante la dictadura de Juan Carlos Onganía, la central sindical CGT de los Argentinos, planteada como una alternativa a las facciones participacionista —encabezada por Augusto Timoteo Vandor, que estaba dispuesto a pactar con el gobierno de facto aún después de que este reprimiera violentamente la huelga general de marzo de 1967 y la –peronista ortodoxa– de las llamadas 62 organizaciones, encabezadas por José Ignacio Rucci; la CGTA adoptó un perfil más radical que estas, denunciando la burocratización que impedía el logro de los objetivos sindicales.

Aunque algunos sectores del peronismo, en particular Rucci, acusaran repetidamente a Ongaro de trotskismo, su acción en la CGTA fue representativa del ala revolucionaria del peronismo, en la línea inaugurada por John William Cooke; estuvo ligado a dirigentes sindicales peronistas, como Ricardo De Luca y Lorenzo Pepe, al igual que a periodistas y escritores como Rodolfo Walsh, Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo y a artistas gráficos como Ricardo Carpani, Fernando Pino Solanas y el vanguardista Grupo Cine Liberación. Con Walsh había colaborado en varios textos, y artículos conjuntos habían visto la luz en la revista Cristianismo y Revolución.

Ongaro dio apoyo al alzamiento del Cordobazo, entre el 28 y el 30 de mayo de 1969. El 30 de junio del mismo año, pocas horas después de la muerte de Vandor, fue encarcelado por el gobierno militar al igual que Agustín Tosco y Elpidio Torres, las principales figuras del Cordobazo. Estaría preso varios años, y a su salida organizaría el movimiento llamado Peronismo de Base.

El 15 y 16 de setiembre de 1974, creó desde el Ingenio Bella Vista de Tucumán junto a dirigentes de esa época -Gonzalo Negro Chávez, Agustín Tosco, Atilio Santillán, Jorge Fernando Di Pascuale, Roberto Gringo Lopresti, Alberto Piccinini, Omar Turco Cherri, Francisco Barba Gutiérrez entre otros- la Coordinadora de Gremios, Comisiones Internas y Fábricas en Conflicto que desarrollaba huelgas en la FOTIA, Saiar, Matarazzo, Luz y Fuerza de Córdoba, Acindar, Propulsora Siderúrgica, Gatic y otras. Esta reunión fue la última de la CGT de los Argentinos. La vehemente oposición a la línea derecha del peronismo, representada por José López Rega, llevarían a Raimundo Ongaro de nuevo a la cárcel en 1975; estando detenido a disposición del Poder Ejecutivo conforme al estado de sitio recibió la noticia de que uno de sus hijos, Alfredo Máximo, había sido asesinado por la Triple A. Tras acciones infructuosas contra otros de sus familiares, los siguió al exilio, donde permaneció hasta la restauración de la democracia.

En 1984 regresó a la Argentina, retomando la actividad sindical. Recibió duras críticas por su apoyo a Carlos Saúl Menem durante las elecciones presidenciales de 1989. Por otra parte, en el mismo año, se pronunció en contra de la “marcha contra el indulto a las Juntas militares”, señalando que “no es momento de agitación irresponsable para fabricar una expresión opositora”, por lo que fue repudiado por organismos de derechos humanos. Su papel durante el marco de la crisis por el cierre de una planta de la editorial Atlántida fue muy criticado por sectores de trabajadores de la misma, por su falta de apoyo a los trabajadores en el conflicto. Eventualmente apoya a la recuperación de fábricas por parte de trabajadores gráficos tras la crisis económica de 2001, defendiendo la ocupación de las fábricas cerradas y la entrega de las mismas a los trabajadores, con experiencias exitosas.

De la legalidad a la clandestinidad
Ongaro estuvo al frente de la CGTA desde su fundación, y tras el comienzo de la disolución de la central, él siguió al frente de la misma, con escasos sindicatos formando parte de la experiencia, pero continuando el trabajo en las bases y en las provincias. Cabe aquí señalar distintas etapas de la experiencia de la CGTA y la dirección de Ongaro al frente de la misma. Una primera etapa entre la fundación y septiembre de 1968, donde se vio su apogeo, un comportamiento pluralista, y una integración por similar cantidad de sindicatos que la CGT Azopardo y el participacionismo, que la convirtió en articuladora de la oposición a la dictadura militar, tras dos años de escasa oposición. En ese proceso, la novel figura de Ongaro eclipsó al delegado personal de Perón, Jerónimo Remorino, encargado de articular el frente opositor que Ongaro le despojaba. Este apogeo de la CGTA y de Ongaro, comenzó a ensombrecerse con una serie de acontecimientos como la reevaluación de los éxitos de las movilizaciones del 1º de mayo y del 28 de junio, la derrota en el conflicto petrolero en Ensenada, la confirmación de Remorino como delegado personal de Perón y el aval de Perón a Vandor, para que este encarara la reorganización de las 62 Organizaciones.

Así, a finales de 1968 comienza una segunda etapa de la CGTA, marcada por el acercamiento de varios sindicatos de aquella CGT a las 62 y a la CGT Azopardo, en el comienzo de una serie de redefiniciones en todo el campo sindical: la formación de la Nueva Corriente de Opinión por parte del participacionismo, el vandorismo encargado de las 62 Organizaciones, y la CGTA con el apoyo del Bloque de Agrupaciones Gremiales y Organizaciones Políticas Peronistas y el Peronismo Revolucionario. Con este proceso de reordenamiento se llega al Cordobazo (29 y 30 de mayo de 1969), que pareció confirmar la posición combativa de la CGTA y del cual Ongaro emergió como la nueva oposición social‖, pero que tras el asesinato de Vandor (30 de junio de 1969) sufriría un serio freno. La tercera etapa de la CGTA se corresponde con la evaluación de Ongaro de que el enfrentamiento a la dictadura no podía llevarse a cabo desde organizaciones que requieren del reconocimiento gubernamental para funcionar (desde su reconocimiento legal, hasta la homologación de convenciones colectivas de trabajo)

Si por un lado muchos evaluaron que, como sugería Perón, debía recomponerse el peronismo sindical en las 62 para que estas conduzcan la CGT, y por ello se alejaron definitivamente de la CGTA, otros, más comprometidos por las experiencias desarrolladas desde marzo de 1968, buscaron reorganizar la central combativa; una vez liberados Ongaro, Tosco y otros dirigentes, estos buscaron recomponer la CGTA.

Sin embargo, las diferencias en torno a si debía hacerse en el marco del peronismo revolucionario o dejando ya de ser parte de la estrategia de Perón, impidieron que Tosco formara parte de la nueva etapa de la CGTA.

La cuarta etapa estará marcada por el trabajo desde las bases y dentro del peronismo, aunque no de las instituciones peronistas, como las 62 y la CGT. Abjurando de ellas Ongaro fue reelecto secretario general de la CGTA en el Congreso de los Compañeros, realizado clandestinamente en julio de 1970 en Wilde, Avellaneda.

Desde esta fecha la CGTA (que solo retenía a los sindicatos nacionales de gráficos y farmacia) concentró su actividad en las Comisiones y Cuerpos de Delegados de fábricas, y las Coordinadoras y Regionales formadas por representantes de las Agrupaciones de Base y los sindicatos de superficie.

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