Policiales
Domingo 26 de Julio de 2015

Radiografía de la megabanda narco que tiene a 14 procesados

Las escuchas telefónicas fueron claves para desentrañar la organización delictiva  

José Amado/De la Redacción de UNO
jamado@uno.com.ar

“Con el tema de las escuchas hay que tener cuidado, boludo”, dijo el sargento de la Policía Federal José María Gómez mientras hablaba por celular con el narcotraficante prófugo Mario Roberto González. Y estaba en lo cierto: este fue uno de los tantos diálogos registrados por la intervención de líneas telefónicas en la investigación de la megabanda narco que traficaba drogas en la costa este de Entre Ríos. Una gran cantidad de conversaciones permitieron ubicar nombres, roles, estructura y movimientos de la organización que contaba con protección de fuerzas de seguridad. Con estas y otras pruebas, el juez federal de Concepción del Uruguay, Pablo Seró, procesó a 14 personas. Luego de la feria judicial, se presentarán las apelaciones de los defensores de los acusados contra este pronunciamiento.
Según se sospecha, Javier Alejandro Caire (el Ruso, 35 años, mecánico y vendedor de autos de Concepción del Uruguay) y Mario Roberto Gónzález (el Gordo, 44 años, de Concordia) eran los líderes de la organización delictiva. Se contactaban con un boliviano en Capital Federal y Gran Buenos Aires que les proveía cocaína al por mayor.
Néstor Javier Neuvirth (Cabeza, 29 años, ayudante de mecánico de Concepción del Uruguay) y Nicolás Albeto Stur (Momo, 33 años, mecánico y revendedor de autos) transportaban la droga hasta Entre Ríos. En Concordia, esperaban Elsa Cristina Caram (46 años, comerciante) para recibir y distribuir a los puntos de venta; Rosana Isabel Tenis ( 39 años, ama de casa) y María Isabel González (La Gorda, 59 años, ama de casa) para la venta al menudeo; y Carlos Alberto Segovia (Caito, 26 años, remisero) para hacer las entregas a domicilio encargadas por teléfono. Todos ellos son, en ese orden, pareja, hermana, madre y yerno del líder Mario González.
A su vez, en Concepción, Orlando Daniel Caire (53 años, comerciante, padre de Javier, el otro líder), resguardaba parte del estupefaciente en uno de los galpones de su propiedad, y posiblemente los fraccionaba y se encargaba de la distribución a los vendedores. Entre estos, estaría Mirta Noemía Sayavedra (48 años, ama de casa y dueña de un kiosco).
Pero todo esto no habría sido posible sin el aporte indispensable de cuatro integrantes de fuerzas de seguridad: se trata de los procesados Alberto Mario Núñez (Coqui, 46 años, nacido en Viale y radicado en Concordia, comisario inspector de la Dirección Toxicología de la Policía de Entre Ríos), Carlos Francisco Acosta (Caito, 47 años, de Concordia, sargento ayudante de la Gendarmería Nacional Argentina), José María Gómez ( 43 años, nacido en San Salvador, radicado en Concordia, sargento de la Policía Federal Argentina) y Sergio Andrés García (El Perro, 40 años, de Concordia, sargento de la Policía Federal Argentina). Según la acusación judicial, estos uniformados avisaban a los jefes de la banda “sobre procedimientos e investigaciones en diferentes localidades entrerrianas, para ayudarlos a eludir las pesquisas, para que pudieran seguir desarrollando sus actividades”. Y también recibían información “sobre lugares donde se comercializaban estupefacientes, para suprimir competencia”.
El 12 de mayo y días siguientes, personal de la Dirección Toxicología de la Policía entrerriana llevó adelante una veintena de procedimientos y detuvo a los acusados de integrar esta organización. Los 14 nombrados están procesados por el delito de Asociación ilícita y la mayoría está con prisión preventiva en unidades penales de la provincia, y algunos con domiciliaria.
La investigación a esta banda surgió a partir de otro procedimiento: a media mañana del 27 de setiembre de 2013, personal policial de Toxicología de Colón interceptó a Carlos Antonio Callero cuando estaba por partir con su lancha de una rampa ubicada frente al Hotel Quirinale, con 45 kilos de marihuana y tres kilos y medio de cocaína.
El auto Fiat Duna en el que se movilizaba Callero estaba vinculado a la pareja de Javier Caire. Fue así que la Policía informó a la Justicia Federal sobre varios vehículos vinculados con el presunto vendedor de autos de Concepción, así como otras personas investigadas por venta de drogas. Luego surgió la relación con Mario González, quien estaba prófugo por una causa por narcotráfico desde 2007. Con la ayuda de informantes, se obtuvieron los números de teléfonos de celulares que permitieron comenzar a desentrañar la organización, en una paciente pesquisa que dejó a muchos sorprendidos cuando escuchaban las voces de funcionarios de fuerzas de seguridad que creían de confianza.
Mientras, Callero sigue detenido desde hace casi dos años y espera todavía la fecha para el juicio en el tribunal oral federal de Paraná.


Las sospechas de un investigador de la Policía
A criterio de esta instrucción Mario Alberto González y Javier Caire serían las cabezas de la organización, dividiéndose las tareas de provisión de estupefacientes por zonas, así González proveería al Departamento Concordia y alrededores y Caire tenía a su cargo los departamentos Uruguay y Colón. Respecto del vínculo existente ente entre ellos, esta instrucción cree que existe una sociedad comercial ilícita donde efectuaban la compra grande de estupefacientes, quedándose cada uno con una determinada cantidad acorde con el dinero que había invertido cada uno. Quien proveía de estupefacientes a González y Caire como se dijo anteriormente era una persona de nacionalidad boliviana, con quien González se comunicaba. Orlando Daniel Caire sería el encargado de guardarla y fraccionar la sustancia de su hijo, pero si bien no se pudo comprobar fehacientemente en la investigación, surgiría de los elementos que en los camiones de la heladería de Orlando Caire buscaban marihuana en una ciudad del norte y la traían para su distribución. Carlos Francisco Acosta, Sergio García, José María Gomez y Mario Roberto Núñez poseían todos el mismo rol: liberar zonas, informar sobre cuándo se iban a desarrollar procedimientos por infracción a la ley de drogas, realizar procedimientos contra la competencia de González y recibiendo dinero en pago por estos ‘trabajos’. Estos agentes de las fuerzas de seguridad mantenían el contacto telefónico con González, y este le transmitía las novedades a sus familiares y a Caire.
Datos

1. Un tal Sebastián, vendedor al menudeo y socio de la banda, quedó pegado a un hecho delictivo y era buscado por la Policía. Al respecto, los jefes Mario González y Javier Caire hablaron por teléfono:
González: “A ver quién queda a cargo de lo del Seba, boludo”.
Caire: “Y la madre va a quedar”.
G: “Y sí man, si me sigue trabajando igual morir de hambre no se van a morir”.
C: “No, aparte viven de eso, recién me llamó, porque andan pa’ el lado de Corrientes. Me dice debo tener captura, yo te aviso y nos sentamos a hablar”.
G: “Es que ellos no deben estar, se entregan ¿no?”.
C: “No sé, no sé qué irán a hacer, el Indio se entrega porque le tienen chupada la novia ahí, si yo recién pasé y están todos encapuchados ahí y está la novia sentada en el medio, boludo”.
G: “Escuchá una cosa, si no decile que se queden a vivir en Corrientes capital y que hagan un kiosco ahí, boludo, y nos sirve a nosotros”.
C: “No, pero no sirven para eso estos boludos”.
G: “No, más vale que no, y encima el Seba me debe un paquete a mí, la concha de su madre”.
C: “Pero no te va a quedar debiendo el Seba”.
G: “No, porque ya me llamó y me dijo, aparte estando preso de qué van a vivir”.
C: “Por eso, no va a ser como Concha (otro narco), cuchá, decile que no llegue a Uruguay, cualquier cosa vos lo ves por ahí”.
“De esa conversación se deduce el grado de organización que desplegaban los mismos, no solo por las posibilidades de contactarse con personas prófugas, sino también por los proyectos de aperturar puntos de ventas en otras provincias y que idéntica función presten los familiares de esas personas”, sostuvo el juez Seró en el procesamiento.
2.En otra ocasión, hablan sobre problemas con la adulteración de la sustancia:
G: “Toda la mercadería vino bien cuando la trajimos ¿no?”.
C: “Por lo menos la que me mandaste a mí”.
G: “Ahora toda la mercadería hasta la última esta, inclusive esta última estaba más fuerte ¿nocierto?”.
C: “Sí, estaba buena boludo, pero a mí no se me quejaron acá”.
G: “No, no, te pregunto porque hay uno que me parece que me está metiendo la mano en la lata, boludo. Porque justo coinciden dos personas que dicen que un ladrillo, personas de confianza me dicen que esta suave. Me parece que el muchacho que lo mandé a ayudar…”.
C: “Te metió la mano”.
G: “Me cortó, ajá”.
C: “Y sí, viste que es bravo eso. No, acá es más... eeeh... yo prácticamente entregué casi todo y viste que estoy esperando cobrar no más, pero no me han dicho nada y eso que le encajé de la otra”.
G: “No, no, no, pero si yo no me quejo con nadie. Hoy uno que quedaba ahí último, yo estoy seguro de lo que hago man, pero me llamó una persona, todos vienen fuerte pero este, este que me diste hoy, dice, está suave loco, suave, me dice, y es de confianza el loco, te dice la verdad. Yo le había dado que me haga lo ladrillo al flaco, pa’ mí ese me metió la mano en la lata, boludo. ¿Si lo hacemos allá nomás a los cosos como hacíamos antes?”.
C: “Y sí, no hay drama, yo por mí no tengo drama, por lo tuyo te doy una mano no tengo problema”.
G: “Con vos no voy a tener drama, lo que pasa es que cómo mierda, tengo que llevar todo pa’llá”.
C: “Bueno, si no tenés que cambiar la gente ahí”.
G: No, voy a tener que cambiar la gente y cambiar todo para otro lado boludo, voy a tener que hacer eso nomás, si los locos no laburan en nada. La otra vez también tenía un error que supuestamente era la balanza que estaba mal. Yo te digo, no pero además acá esta Caito al lau mío, que apena te lo tocas y te duerme todo con una pizquita”.
C: “Más vale más vale si yo probé”.
G: “Y está esta, me traje un poquito al ojo y no hace nada boludo”.
C: “Ah no, entonces le habrá pegado un machetazo mal”.
G: “Pero, después hablamos”.
C: “Mitad y mitad, bueno Gordito nos vemos”.

3.En una conversación entre Mario González y el sargento de la Gendarmería, Carlos Acosta, quedaría en evidencia la complicidad:
Acosta: “¿Todo bien?”.
González: “Sí”.
A: “Che mañana hay un golpe pero no sé los detalles”.
G: “¿Pero de quién?”.
A: “No sé, por eso te digo, no sé”.
G: “¿Pero otra gente o vos?”.
A: “No, de acá, pero no sé, esta tarde creo que hay una reunión, no sé de quién puta ni de cómo ni de nada, sé que es por la ley ¿viste?”.
G: “Ah, por esa misma ley”.
A: “Sí, así que ya sabés, por las dudas hasta que yo no tenga los detalles”.
G: “Ah, ta, ta, ta. Che no ¿pero qué tipo es, de la gente ahí de tu trabajo?”.
A: “Sí, sí, sí”.
G: “Ah bueno, ¿vos cualquier cosa me pegas un chiflido?”.
A: “Y más vale boludo, ni hablar”.
G: “Ah, bueno, dale quedate tranquilo”.
A: “Es para que ya estén en punga, para que ya estés alertado”.
G: “No, sí, sí, ¿no sabés a qué hora, nada, no?”.
A: “No pa, para mañana a la mañana”.
G: “Bueno yo voy a ir a la noche para allá porque estoy acá en las luces (por Capital Federal)”.

4.La siguiente es la charla entre el policía de Toxicología Mario Núñez y Mario González. El narco le pasa datos al policía sobre un lugar donde venden droga. En su defensa, Núñez aseguró que era un informante y que no sabía que era el prófugo. Además, la llamada la recibió al celular oficial que le dio la Policía.
N: “Hola”.
G: “Loco cómo te va”.
N: “Bien viejo, bien ¿qué te pasó?”.
G: “¿Ayer recibiste el mensaje que te mandé o no?”.
N: “No, por eso te llamo, porque me pareció raro”.
G: “Escuchá ayer te mandé, que si te servía algo de la “Tica”, porque viste que la Tica tenía un marido que es uruguayo, y bueno está allá en el barrio Salto Nuevo Oeste, en la calle Guabiyú y 33”.
N: “Ah, ah, ah”.
G: “Y bueno , yo te tiro por las dudas si te sirve, me tiraron esa viste”.
N: “Listo, sí, yo tengo gente allá”.
G: “Bueno escuchá, bien enfrente del Carrillo, por si te sirve, hay una minita nueva, vos te acordás, aquellos bolivianos que viven ahí en Martín fierro, bien en Esquila y Sargento Cabral, si pasá por ahí te vas a dar cuenta está lleno de albañiles trabajando, están agrandando la casa haciendo muros toda la vuelta, bueno ahí, pero posta de uno metido ahí adentro está todo guardado de lo de el hombre de allá de la Madrid y Espejo”.
N: “¡A la mierda!”.
G: “Y escuchá, hay un poli de la Segunda, que tiene un Gol gris, que va todos los días ahí a buscar, (…) Pero te digo tengo uno que entra y sale de ahí, y posta tiene ahí ahora en este momento tiene dos ladrillos, viste porque el loco bajó a guardar ahí, si te sirve bien, cualquier cosa te tiro”.
N: “Listo, gracias loco. ¿Vos andás por acá por la zona o qué?”.
G: “Sí, por tus pagos. Si me necesitás para algo avisame”.
N: “Sí, sí, está, al pelo”.
G: “Dale, un abrazo”.

5.El diálogo entre el policía federal José María Gómez y el narco Mario González evidencia, más allá del vínculo, el conocimiento sobre que podían estar siendo escuchados:
Gómez: “Vuela el crédito ¿no?”.
González: “Sí boludo, ahora cuando yo salga para la calle te voy hacer una carga. ¿Movistar es?”.
Gómez: “No, yo tengo Personal”.
González: “Bueno, ahora te hago la carga”.
Gómez: “Movistar tengo en el otro, lo que pasa que tengo miedo que por ahí haya escuchas telefónicas, viste que ayer cuando me llamaste te dije llamame al otro”.
González: “Sí, sí, sí”.
Gómez: “El tema de las escuchas hay que tener cuidado boludo”.
González: “No, pero yo tengo un amigo íntimo mío viste, que yo les paso los teléfonos y se fija ahí en la SIDE si están pinchados. No, tengo el contacto mío ahí yo, siempre me revisa los teléfonos viste”.
Gómez: “Sí, sí, sí”.
González: “Me dice la otra vez si uno que terminaba en 12 que tenía yo y había estado con escuchas viste”.


 

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