A Fondo
Jueves 08 de Enero de 2015

Querido, te he sido infiel

Evangelina Ramallo / De la Redacción de UNO
eramallo@uno.com.ar

 

 


Una remerita, alguna pollera, un par de zapatos o una cartera, ¿podrán ser motivo de una separación? No creo que sea para tanto, pero al menos ya hay quienes han conceptualizado un comportamiento que sería más habitual de lo que muchos creen entre las mujeres. Ocultar algunos “datos de la realidad” como el verdadero precio de una prenda de vestir comprada por una misma -con nuestros propios ingresos- ahora se entiende como “infidelidad financiera”. Entonces, ¿qué tan infieles somos?


Esconder bolsas, quitar etiquetas de marcas y tirar el ticket antes de entrar a casa. Exclamar ante nuestras parejas: “Lo necesitaba”, “¡No sabés lo barato que estaba!”, “Aproveché una oferta increíble”. Estos serían algunos rasgos de un comportamiento femenino que denotan cierta culpabilidad tras haber concretado la simple compra de un objeto de deseo. El límite estará en afectar verdaderamente las finanzas familiares, pero no es el caso que aquí se plantea.


En una encuesta realizada a través de las redes sociales, 25 mujeres dejaron su opinión al respecto. En general aseguraron no sentirse culpables tras un gasto en beneficio propio, aunque varias de ellas reconocieron haber mentido más de una vez respecto del valor de lo comprado. Pero también fueron muchas las que reafirmaron su condición de “independiente” y asumieron: “Con lo que gano producto de mi trabajo hago lo que quiero”.


Las explicaciones brindadas por quienes mienten o han mentido alguna vez están relacionadas con la supuesta incapacidad de los hombres de comprender ciertas “necesidades” femeninas. “¿Si oculto el valor de las prendas? sí, solo para no escuchar preguntas como ¿tanto gastaste en esa remera? ¿Si tenés unos zapatos iguales? jajaja. Los hombres jamás lo entenderían”, dijo Gimena.


En el mismo sentido Mary agregó que “ellos nunca van a entender, el valor (más allá del precio) que es comprar esa remera, pollera, vestido que tanto nos gustó. Es bastante irrelevante decirles el precio real”. Gime, por ejemplo, dijo no sentir culpa: “Pero tampoco cuento el precio. A los hombres un buen par de zapatos o una cartera de calidad siempre les va a parecer caro. Una remerita nueva o algo para salir para ellos está de más”.


Las estrategias que aplican las mujeres que prefieren desviar la atención respecto del precio no varían demasiado. Andrea lo justifica diciendo que “es de excelente calidad, recómodo/a o que lo necesito”. Mónica por su parte apela a la gran frase “me salió re barata”. Verónica, dueña de un local de ropa de importantes marcas asegura que “muchas clientas piden que no les dé la bolsita....¿por qué será? jajaja”.


Claro está que cada quien hace con lo suyo lo que quiere, pero a veces las prioridades en una pareja no coinciden. El esfuerzo diario nos habilita también a dar rienda suelta con esos deseos superficiales, siempre y cuando no pongan en riesgo la estabilidad del conjunto o los proyectos familiares. Pero hay en el comportamiento de la mujer algo de lo cultural arraigado durante décadas respecto del manejo del dinero. No hay culpas ni necesidad de justificarnos cuando el gasto es para el hogar, el marido o los hijos. Pero sí está presente cuando se trata de un “mimo” propio.


Los ejemplos aquí citados hablan de lo que se consideraría una incipiente infidelidad financiera ya que hay casos realmente graves en torno de esta nueva forma de engaño. Cuando no hay millones de por medio las mentiritas son cotidianas y en gran parte insignificantes. Sin embargo nos invaden las contradicciones.


¿Por qué mentir si lo hecho, hecho está?, ¿por qué ocultar si el gasto es propio? Lo peor de todo es que ellos se dan cuenta de nuestras falacias. Lo perciben, nos descubren. Y hasta el momento no he sabido de una relación que se haya quebrado por una remerita, una pollera o un par de zapatos.  Será tiempo entonces de despojarnos de esos resabios de culpabilidad. En definitiva el dinero, dicen, va y viene. Lo que importa es el amor.

 

 

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