La Provincia
Sábado 24 de Octubre de 2015

Qué harán con el fútbol por TV

Los próximos gobernantes se encontrarán tarde o temprano con el dilema del costo de la televisación del fútbol que llega gratis al pueblo, afrontado con dinero de los impuestos. El difícil arte de adoptar medidas feas y pedir votos.


Tirso Fiorotto/De la Redacción de UNO
tfiorotto@uno.com.ar


No es el caso, a horas de las elecciones, de comentar las razones del acuerdo del Estado y la Asociación del Futbol Argentino (AFA).
Sí podemos decir que cualquiera sea el próximo o la próxima presidente del país se encontrará con fondos limitados, y se verá obligado a establecer prioridades. Entonces deberá desplegar y difundir razones ante cada sector que sienta menoscabado un pretendido derecho.

El rol del Estado
Como los periodistas no nos vemos en la exigencia de enfrentar a un electorado, podemos comentar las cosas sin esperar simpatías ni temer antipatías. Los políticos, en cambio, deben tomar decisiones y luego esperar un respaldo en las urnas, de modo que las normas enojosas requieren una explicación muy fina y mucha paciencia. Además de coraje, claro está.
Si esa medida antipática fuera, por caso, una disminución de recursos del Estado en la televisación de los juegos, el mismo gobierno podría perder allí un espacio de alta audiencia para explicar las prioridades, un espacio que le serviría a los fines de sostener las razones de una decisión.
Ahora, ¿qué harían Del Caño, Stolbizer, Rodríguez Saá, Scioli, Macri o Massa con la transmisión del fútbol que exige cada día una inversión de 4 millones de pesos tomados de impuestos?

Justicia 
Algunos países se muestran como un manual práctico con instrucciones para sacar comida del plato de los desamparados y llenar el bolsillo de los ricos, y con todo el Estado organizado con vistas a acentuar las injusticias. 
Y bien: la transmisión por televisión del fútbol resultará de difícil defensa en tiempos de austeridad, si se considera de dónde sale el dinero del Estado y adónde se invierte. 
Si el problema de los impuestos se explica en saber quién paga y en qué se gasta, en algunos países podrá decirse que prevalecen los impuestos regresivos, al consumo (pagan mucho en proporción los asalariados y microemprendedores), y se gasta en entretenimiento.
He ahí un enorme desafío para el próximo gobierno, sea del signo que sea.
Como las injusticias quedan más o menos ocultas con el ruido de la propaganda difundida por los medios masivos (estatales y privados), entonces los principales candidatos políticos optaron por el silencio, antes que admitir que el monto para la transmisión del fútbol por televisión es una burla. ¿Burla de quién a quién? De los ricos a los pobres. María que cobra mil paga para ver jugar a José que cobra un millón.

Deporte es salud
La sociedad puede organizarse para facilitar que todos hagamos deporte, que todos tengamos acceso a una canchita donde jugar a la pelota, que todos tengamos acceso a la educación para un entrenamiento adecuado y una alimentación sana, y tiempo de ocio para jugar.
También puede organizarse para ver un espectáculo por televisión. Hasta ahí, de acuerdo.
Ahora: si para ver el espectáculo por televisión le sacamos las pocas monedas que tiene una familia humilde, entonces revisaremos ese pretendido derecho, veremos el modo, por razones de prioridades.
De eso se trata, de ver el modo, de encontrarle la vuelta. 
El mundo del fútbol profesional es un mundo rico. ¿Cuánto cobran jugadores, representantes, periodistas calificados, entrenadores, directores técnicos, clubes, dirigentes? No un sueldo de maestro, claro está.
El caso es que, como muchos quieren embolsar mucho y enriquecerse en pocos años, han decidido, en connivencia con otros, sacarles la plata a los pobres para seguir medrando. 
Es muy común escuchar, hoy, la frase “pobre, Fulano, todavía no ha hecho la diferencia”. Es decir, hemos naturalizado que Fulano tiene que ganarse los diez millones de pesos en pocos meses. Y que a la claque para llegar a ese “logro” tienen que hacerla los más infelices, a los que José Artigas daba, en cambio, suertes de estancia. Pequeña diferencia.
Así hemos edificado esta apariencia opulenta de una Argentina que tira manteca al techo, la Argentina de la alta burguesía insensata.
El abuso del programa futbolero estatal argentino cuesta al país más de 1.500 millones de pesos al año, 4 millones de pesos cada día (otros dicen 5 millones).
¿De dónde salen? Del plato de los necesitados, de los remedios de los ancianos enfermos. Mantener el 21 % de impuesto en alimentos básicos sólo por IVA, da una idea del disparate.
Ningún adjetivo de los considerados discriminatorios provoca el daño del circo armado con dinero de los pobres. 
Existía un negocio que impedía a muchos mirar fútbol por tevé, si bien se podían ver diversos partidos. Los gobernantes advirtieron que, si echaban mano, podían usar esos espacios para la propaganda partidaria, sectorial, ya que los partidos tienen alta audiencia.
Entonces, gobernantes y directivos de la AFA acordaron tomar dinero de sectores populares, y presentarse como sus benefactores. 

Fútbol como el pan
Los argentinos somos 40 millones. Muy pocos se niegan a ver un partido de fútbol. 
El fútbol es a los argentinos como el pan, en otro orden. Muy pocos zafan de la norma, que es el amor al deporte y en particular a jugar a la pelota.
El que firma esta columna no está entre las excepciones. Que sea patadura no significa que no ame una gambeta, una rabona, un caño, un gol en el ángulo, una intervención elástica del arquero con reflejos. 
Pero hasta ahí llegó mi amor. El dinero que aporta el pueblo trabajador al Estado es un tesoro y no hay razones a la vista para destinar un solo peso de ese bien sagrado para que el pueblo pobre se entretenga mirando cómo juegan los ricos.

La tevé, una burla
Millones de espectadores desembolsando millones. El fútbol profesional copado por el Estado es la Argentina rica y unitaria.
¿Una viejita que necesite un kilo de arroz tiene que pagar un impuesto para que ese dinero se cuele después por las rendijas de la televisión? ¿Qué tienen para decir los candidatos?
Hace años que en mi ciudad, Larroque, no nacen niños. Muchas mamás no pueden parir a sus hijos porque faltan profesionales y servicios para el caso de que un parto se complique.
La mayoría de los alumbramientos se concretan en Gualeguaychú o en Gualeguay. Hace medio siglo todos nacíamos en Larroque, hoy no. 
Eso pasa en comunidades chicas. En las ciudades grandes, la falta de servicios adecuados, las parejitas abriendo los contenedores de basura para alimentarse, las familias hacinadas, los jóvenes con escasas o nulas perspectivas de trabajo… Y mientras tanto, allá arriba, 4 millones de pesos cada día colocados en la televisión.

Jugar a la pelota
Todo argentino tiene derecho a un lugar donde jugar a la pelota. Pero ningún argentino tiene derecho a invertir los fondos que el pueblo entrega con tremendo esfuerzo para que unos pocos se enriquezcan y otros poquitos hagan su propaganda. 
¿Se animarán los próximos gobernantes a esta desfachatez?
Y al mismo tiempo, otra pregunta: ¿debemos privar a las mayorías del fútbol de los clubes famosos? De ningún modo. Todo tiene su equilibrio. 
No faltará quien señale que el fútbol profesional estaba como cautivo, en manos de empresarios. Pero ese problema tiene infinitas formas de ser encarado y resuelto.  
Hacer actividad física por razones de salud, de comunidad, de juego, es un derecho. En la Argentina se agrega la posibilidad de acceso a partidos de fútbol, y nadie debiera apropiarse. Pero todo en su medida y armoniosamente.
La cosa queda clara cuando vemos los números.
Si a los argentinos les preguntáramos qué prefieren, mil quinientos millones para mirar los partidos de fútbol por televisión o mil millones para dar posibilidades de trabajo a la juventud, no caben dudas de que elegirían esto segundo. 
Habría otro modo: preguntar cada día a los argentinos: ¿usted está dispuesto a que hoy el Estado ponga 4 millones para ver por tevé un partido? Y al mismo tiempo, claro, mostrar cómo sacaríamos esos 4 millones de un techo, de un caño de agua, de una máquina de coser…
Cuando las mamás no tienen un lugar cercano donde parir siquiera, porque parece que no alcanzan los fondos para la salud, cuando en tantos lugares no hay una vereda por donde caminar los días de lluvia, destinar la plata a la televisación del fútbol se convierte en una obscenidad.
El fútbol, ese deporte bellísimo, no es un opio. ¿Deberemos esperar un sinceramiento en Rodríguez Saá, Massa, Scioli, Macri, Del Caño, Stolbizer? ¿O prevalecerá la cobardía de los simpáticos?

Las prioridades
Quien firma esta columna disfruta del fútbol. En la cancha y por televisión. Ama el juego colectivo, el talento, el arte.
El próximo presidente deberá estudiar otros modos de alentar la salud y el juego sin comprometer el dinero de los que menos tienen. Si hay un peso, que sea para el agua de todos, el plato de comida de todos, las cloacas, el techo, el trabajo decente, las reformas necesarias; que sea para dar tierras donde cultivar, para mejorar las escuelas, para capacitar a través de las pantallas, para la seguridad en el tránsito, para atender los clamores del acampe Qopiwini. Si sobran muchos pesos, colaboremos con piletas, canchas, pistas, para que muchos hagan deportes y jueguen.
En el caso de que aparecieran desesperados por mirar cada día dos o tres partidos por tevé, podríamos dividir la pantalla en dos: a la derecha, el partido, y a la izquierda, las máquinas destruyendo diez casas por cada jornada de televisación. 
Sin dudas hay modos de facilitar las transmisiones del fútbol de élite sin sacar 1.500 millones del pueblo.
IVA, Ingresos Brutos, tasas municipales, la mitad del sueldo de los pobres se va en impuestos. ¿Adónde orientar esos fondos?
Los candidatos, todos sin excepción, se encontrarán ante la oportunidad de acompañar al ganador de las elecciones para evitar las burlas a los pobres, por naturalizadas que estén. Y las clases medias y altas tendrán que arremangarse.

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