Abusos en el Seminario
Martes 21 de Junio de 2016

"Puiggari ofreció 500.000 pesos para que esto no continuara"

La frase pertenece a una de las víctimas y denunciante del cura Justo Ilarraz por los abusos en el Seminario. Dijo que el obispo le ofreció ese dinero a otra de las víctimas. "Siempre tuvimos la sensación de que se lo cuidó mucho", lamentó.

Marcelo Comas / De la Redacción de UNO
mcomas@uno.com.ar

Es uno de los siete denunciantes que recurrió a la Justicia ordinaria para que se investigue a Justo Ilarraz, una de las máximas autoridades del Seminario de Paraná entre fines de los 80 y mediados de los 90, que está acusado de abusar a -según lo creen las propias víctimas- por lo menos 20 estudiantes que habían elegido la vocación por el sacerdocio. El entrevistado, cuya identidad nos reservaremos para preservar su intimidad, hoy tiene 41 años y ya venció el pudor de hablar públicamente de un hecho realmente dramático, devastador y que hasta hoy le quema en su interior. Pidió que se tenga en cuenta la declaración de Karlic, le reprochó a Puiggari su falta de colaboración

—¿Qué te sucede internamente a 28 años de conocerse uno de los casos más resonantes de pedofilia en el país?
—Esto lleva un tiempo de elaboración, de pensarlo y de sobreponerse a ciertas cuestiones. Lleva años, sino décadas, entonces hay varios pasos que uno tiene que dar. El paso de hablar con el otro, de la denuncia y también, el paso de enfrentar el resto de las cuestiones. Uno va venciendo la vergüenza y le va diciendo a otros: 'Yo voy a dar una nota'. Todo esto surgió naturalmente, no es que nadie nos exigió nada, todo lo contrario. Y por una necesidad también; llega un momento en que uno tiene la necesidad de hacerle frente. Lo que digo lo hago en representación de los demás, porque opinamos lo mismo.


—¿Respecto a los diferentes pasos que se dieron en la causa, desde la apertura de la investigación hasta el procesamiento de Ilarraz, ¿que evaluación hacés de todo lo que ha pasado?
—La etapa de instrucción se ha demorado más de la cuenta, no quiero volcar responsabilidades sobre nadie, la principal responsabilidad ha sido del defensor de Ilarraz. Ha estado anteponiendo chicana tras chicana, quizás haciendo uso de lo que constitucionalmente el derecho le permite. Son las reglas del juego, nosotros sabíamos que el tema de la prescripción iba a ser una cuestión a tratarse, y que se iba a llegar hasta las últimas consecuencias. Lo sabíamos antes de realizar la denuncia. Con respecto a la investigación de instrucción pienso que se está demorando por demás; está debidamente probada la posibilidad del delito. Hay que mirar un poco la resolución de (Pablo) Vírgala, quien no solamente se basa en las denuncias y en las pericias que nos hicimos las víctimas, sino que al testimonio de las máximas autoridades, entre ellos del cardenal emérito (Estanislao) Karlic. No se puede desechar eso, no es uno más, no está a la altura de Ilarraz. Eso está apoyado por una instancia de investigación que han hecho en aquel momento.


—¿Qué mirada tenés acerca de la actuación de la jueza Paola Firpo?
—Lo digo creyendo en la Justicia y que escuchó el reclamo por nuestros derechos, creo que todo lo que hizo la jueza fue para no dar ningún paso en falso: para no dar ninguna posibilidad a una recusación, ni otra chicana. Quizás para no cometer ningún error tomó medidas sumamente prudenciales. No ha tenido ninguna mala intención, ni ha querido dilatar la cuestión. Ha exagerado en medidas prudentes.


—¿La declaración escrita de Karlic y la conversación con Ilarraz donde este reconoce los hechos, ¿para ustedes resulta un elemento de prueba decisivo?
—Nos interesa que eso en la etapa de juicio se valore, porque es ahí donde se van a juzgar las cuestiones más importantes. Quizás en la evaluación de la jueza no tenga tanto peso como lo tiene para nosotros y nuestras cabezas. Hay que ubicarse en la cabeza de cada uno de nosotros, de las víctimas, y pensamos que la figura de Karlic tiene un peso inconmensurable. Es la autoridad de las autoridades. A las víctimas nos causa profundo dolor haber sido defraudados por las autoridades eclesiásticas. Nos duele más hoy que antes, no por lo que hicieron sino por lo que no están haciendo. Sobre todo (monseñor Juan Alberto) Puiggari, porque no está haciendo lo que debiera hacer: hablar con las víctimas personalmente. Sabemos a ciencia cierta que ha estado diciendo cosas a espaldas nuestra, dando versiones de los hechos, diciendo que no fue tan así lo que sucedió, lo he escuchado por boca de sacerdotes o laicos. Siempre minimizando el hecho del abuso, que es lo preocupante. Nos duele más el hecho de encontrar cerradas las puertas del Arzobispado.

El drama del abuso


—¿Cómo te enteraste de que había más víctimas?
—Me entero mucho después de que esto le pasó a otros, ya siendo grande. Estuve en el Seminario desde el 88. Se cree que los abusos existieron antes del 88, pero las denuncias parten desde ese año en adelante.


—Hace poco el papa Francisco aprobó el proceso para expulsar a los obispos que hayan encubierto casos de pedofilia. ¿Vos y tus compañeros se plantearon alguna vez accionar legalmente contra Puiggari, Karlic o alguno de los obispos?
—No, porque el objetivo de las víctimas ha sido siempre Ilarraz, él cometió los abusos. Después, como en los fallos se ha venido viendo, la Justicia ha dicho que esto no hubiese sucedido si la Iglesia no hubiese sido cómplice. Nosotros lo hemos denunciado a Ilarraz y la Justicia está viendo que no ha solamente ha sido Ilarraz el abusador, sino que las autoridades eclesiásticas han cometido el delito de la complicidad y que está a probarse. Nosotros lo sufrimos, porque vemos que ellos que debieran ser representantes de la verdad y de la justicia, siguen callando. Nosotros hemos hecho denuncias canónicas, pero el Papa las va a evaluar, si hubo complicidad o no de parte de Puiggari y de Karlic.


—¿Los conformó el juicio diocesano que encabezó Karlic allá por el 95?
—Mirándolo hoy como adulto lo que sucedió en aquel momento, lo único que nos cabe pensar es que han querido tomarle el pelo a los pibes que denunciaron en su momento y han querido hacerlos callar. Una manera de probar esto es el hecho del juramento que hicieron los muchachos de no decir nada. Y después la irrisoria sentencia con respecto a Ilarraz; si Karlic lo investigó, un Tribunal terminó reconociendo que los abusos existieron, si existió confesión de partes, ¿lo vas a mandar simplemente a un castigo de un retiro y sacarlo de lado? Ha sido una tomada de pelo, a estos muchachos los vamos a escuchar para que se tranquilicen, les vamos a decir que tomen las medidas del caso, lo vamos a llevar a una provincia para que más nadie se acuerde de él y así vamos a esperar que el tiempo pase. Fue un simulacro.


—Según la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) la investigación diocesana del caso Ilarraz no se frenó, sino que siguió adelante. ¿Esto es así?
—No es así. El proceso que se inició en aquel momento de investigación culminó con la sentencia. Eso es producto de haberlo encontrado culpable; ese caso se cerró y no se puede volver a juzgar. Esos chicos que en su momento lo denunciaron, ya tiene su causa cerrada canónicamente. Nunca más se tocó el tema en el Vaticano, el tema se reabre por nuevas denuncias que datan de 2012 o 2013. En una primera instancia lo denunciaron tres víctimas, les tomaron el testimonio, lo investigaron a Ilarraz, lo encontraron culpable y le aplicaron una sentencia que fue el destierro. Cuando lo denunciamos el resto de las víctimas, se nos tomó declaración y empezó un proceso distinto. A las víctimas de aquel momento nos las citaron en calidad de denunciantes sino en calidad de testigos. Este es un nuevo proceso, con nuevas víctimas, no es continuidad de aquel: habrá una nueva investigación, un nuevo juicio canónico y una nueva sentencia.


—Las víctimas que nunca hablaron, que nunca denunciaron, ¿se van animar a hacerlo en el caso de que se llegue una condena?
—No sé, con nosotros ya han hablado y los entendemos, porque no queremos presionar a nadie. Hemos ido hablando y se nos acercaron más de los que nosotros pensábamos. Nos han dicho que nos acompañan, que nos respaldan, pero que sepan disculpar pero que tienen hijos adolescentes, familias constituidas y que les costaría muchísimo reconocer el abuso frente ellos. Algunos tienen una vida social que no les pemitiría dar a luz esto. Son muchos, siempre que se habló de 40 o 50 no se sobredimensionó la cifra. Es real. En un encuentro con sacerdotes en Mariápolis, Puiggari reconoció que él estaba en conocimiento de la existencia de entre 15 y 20 casos, sin contar la situación de las siete víctimas que luego formalizaron denuncias.

"Lo único que hemos tenido son gastos"

—¿Desde dónde surgen las versiones que sostienen que las víctimas cobraron dinero para avanzar con las denuncias?
— Desde que hemos denunciado lo único que hemos tenido son gastos. Literalmente no cobramos ni diez centavos. Nadie cobró un peso, nosotros nos hemos movido por todos lados y nadie nos dio un peso, ni siquiera nuestros abogados, bajo ningún aspecto. Incluso no hemos tenido para pagarles a nuestros abogados. Un sacerdote en su momento dijo: "Bueno, yo podría darles unos 50.000 pesos para que esto se termine". Nos han querido dar dinero, nosotros no lo hemos recibido. En una reunión entre un abogado y una de las víctimas, Puiggari ofreció cerca de 500.000 pesos. Fue hace tres años atrás, se lo ofreció a otra de las víctimas cuando esto se iniciaba. Dijo que tenía acceso sin rendir cuentas a nadie. Nos lo han ofrecido para que esto no continuara, y nosotros siempre hemos tenido el mismo discurso, la misma postura por una cuestión de justicia, de principios, y que la vamos a mantener hasta el final del proceso.

Un caso que interpela a toda una sociedad

Desde que se divulgaron públicamente las denuncias contra Justo Ilarraz, y a medida que fue quedando más comprometido ante la Justicia, el cura que fijó su domicilio en Tucumán, siguió todas estas alternativas en libertad, casi desde el anonimato. Incluso tuvieron que transcurrir tres años para que comparezca en una indagatoria. "Siempre tuvimos la sensación de que se lo cuidó mucho por su condición de sacerdote", dijo dolido el hombre que reparte su vida entre la familia y el trabajo. "No es uno del montón", agregó y continuó: "Una vez que caiga preso un cura en Entre Ríos, por debajo de él puede caer cualquiera. De la jerarquía eclesiástica y de la sociedad en general. No podemos ser caretas, tenemos que ser honestos y saber de que acá, hay hijos y hay entenados. No solamente en la Iglesia, sino en la política; hay ciudadanos que por el apellido se los cuida. Hay una sociedad careta, y una sociedad que cuida a la gente de apellido distinto, hay una sociedad que condena por la cara".

El impacto de un film

Acerca de qué le pasó cuando vio la película ganadora del Oscar Primera Plana, el entrevistado respondió: "No pude terminar de verla. Es exactamente lo mismo; uno veía como en un espejo el reflejo de lo que pasó acá. No es una película más. Cuando uno la ve pasa de nuevo por ese proceso".

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