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Domingo 05 de Junio de 2016

Pruebas a la herencia recibida

Héctor De Los Santos 
Redacción de UNO
hdelosantos@uno.com.ar


Este país estuvo al borde del estallido social porque el Gobierno le aumentó las retenciones a los exportadores de soja allá por el 2008. Hubo manifestaciones, cortes de ruta, ciudades sitiadas, escasez de elementos primarios y fuertes protestas en todo el país porque se le pretendía quitar una porción de las ganancias al campo. 
Pero hay que recordar que a las grandes camionetas que cortaban las rutas se sumaban miles de hombres y mujeres comunes, trabajadores nuestros que hasta el día de hoy siguen sin haber visto jamás un grano de soja, y menos aún algo de las ganancias en dólares de las famosas exportaciones que el Gobierno actual ahora facilitó un poquito más. 
Aquel fue motivo más que suficiente para que miles de personas se agolparan frente a las puertas de Gendarmería en Concepción del Uruguay para pedir por la liberación de Alfredo De Ángeli y, entre golpes y escupidas a los gendarmes, se exigiera por la libertad de aquel campechano que perdía los dientes pero que había transmutado en héroe. Los que cubrimos periodísticamente aquella jornada vimos que los que protestaban no eran los estancieros ricos, ni los productores, ni la gente de campo. Eran vecinos nuestros muy enojados con una situación que parecía afectarles de manera muy personal. 
Aquel enojo, aquella indignación por lo que parecía injusto, esa facilidad para movilizarse de forma colectiva en todo el país, fue una muestra de la capacidad de protesta que tienen los argentinos cuando algo les molesta realmente. 
Ahora bien. Pocas dudas quedan de la ferocidad del ajuste que lleva adelante este gobierno nacional en apenas seis meses. Esto no le está sucediendo a otros. No son las exportaciones de los sojeros. Es el gas, la luz, los alimentos, los remedios, el combustible. No hay nada que impacte de forma más directa en el bolsillos de los mismos que antes se indignaban porque De Ángeli tendría menos ganancias. 
Pero ahora no pasa nada. Se resiste con aguante. 
Tibias protestas por las redes sociales y alguna que otra declaración de principios y “preocupación” de las entidades gremiales. Alguna que otra movilización, pero nada fuera de lo normal.
¿Alguien se imagina lo que hubiera sucedido si este “sinceramiento de tarifas” hubiera sucedido en un país devastado como dicen que recibieron el 10 de diciembre? 
La gente está aguantando este embate del Gobierno sobre sus propios bolsillos de una manera impensada, protestando, pero desde su casa y con tranquilidad. Esto solo ha sido posible porque los argentinos no estábamos en el fondo del pozo producto de la pesada herencia. 
Y todos estos aumentos y medida tras medida contra la gente son posibles porque los argentinos siguen pagando y consumiendo. Menos, pero siguen. En un país quebrado esto hubiera estallado sin lugar al primer intento. 
La repetida “herencia recibida” tiene varias aristas. El modelo de gobierno, la economía de los argentinos y Lázaro Báez no son todo lo mismo. La corrupción deberá pagar por sus delitos, pero pretender e insistir en hacernos creer que todo es lo mismo, y que Lázaro Báez es sinónimo de una Argentina en el abismo y argentinos al borde del estallido es una estupidez. La mitad de este ajuste hubiera hecho saltar por el aire al país si hubieran recibido una Argentina quebrada. La herencia recibida le ha posibilitado a este Gobierno hacer lo que está haciendo. La están poniendo a prueba y, hasta ahora, parece resistir bastante bien.

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