La Provincia
Martes 28 de Julio de 2015

Primer centenario de la poesía urbana

En el invierno de 1915, Baldomero Fernández Moreno publicó “Las iniciales del misal”

Hace un siglo, durante el invierno de 1915, Baldomero Fernández Moreno publicó su primer poemario, Las iniciales del misal, libro de versos simples y concisos que inauguró la poesía urbana moderna a fuerza de incorporar nuevos temas y formas de abordarlos, y cuyo gesto revolucionario no fue otro que mirar lo que sucedía a su alrededor.

Con una austeridad alejada del estruendo retórico del modernismo (movimiento al que sin embargo rinde tributo dedicando el libro a su admirado Rubén Darío), sin necesidad de subrayados y barroquismos, con metros breves, Las iniciales del misal inauguró una poesía intimista, realista y vital que, con sus particularidades y desvíos, no será ajena a la obra de Alfonsina Storni, González Tuñón, Borges y las vanguardias.

“A partir de Las iniciales del misal comienza a forjarse el imaginario poético ciudadano”, sostiene a Télam el investigador Jorge Monteleone, para quien “desde entonces se producirán una serie de cruces, híbridos y apropiaciones de diversos registros culturales, creando una mitología y una fisonomía singular del espacio ciudadano” que, entre otros géneros y formatos se hará presente en el tango.

Fernández Moreno nació en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1886, repartió su infancia entre la comunidad autónoma española de Cantabria, Barcelona, Madrid y su ciudad natal, fue médico rural y, sobre todo, el poeta de los detalles y la cotidianeidad que produjo un verdadero cimbronazo en el panorama literario de su época, con versos que revelaban un nuevo espacio material y poético, el de una ciudad pujante, cosmopolita y contradictoria.

Las iniciales del misal está dividida en nueve secciones, la mayoría de ellas dedicadas a la vida rural, uno de los núcleos duros de su autor. Será en el apartado En la Ciudad, compuesto por nueve poemas, donde aparecerá la primera representación de la ciudad moderna en la poesía nacional, producto de la observación minuciosa y de las largas caminatas del poeta, quien retrata la urbe en ebullición como un auténtico flaneur porteño. 

“El poeta que proyecta en su poesía Fernández Moreno es, antes que nada, un poeta caminante”, explica Monteleone, investigador del Conicet y estudioso de la obra de Baldomero. 

El crítico y ensayista subraya además que observa “todo aquello que cualquier lector podía reconocer en su propia experiencia”, dando con lo “maravilloso que puede hallarse en lo común”, sin prescindir de la síntesis ni del matiz irónico.

Por las calles, El amor de antes, la comparación de ahora, Callejera,  Barrio Característico, Tranvía de madrugada, Cine, Bailarines rusos y Music-Hall dan cuenta de ese vagar entre callejuelas, “viejecitos”, bailarines ambulantes, casas lúgrubes, plazas y tranvías “con un rollo de estrellas en las ruedas”.

En aquellos poemas Buenos Aires vivió una nueva fundación, esta vez poética, que comenzó a gestarse cuando en las últimas décadas del siglo XIX se abrió su casco antiguo para ensanchar y prolongar las calles, ampliar las comunicaciones, alzar monumentos, trazar avenidas y abrir parques; un nuevo espacio urbano en el que confluyeron el avance de las clases medias y de la inmigración, el crecimiento de las clases populares y las luchas políticas. 

En ese espacio concreto y en movimiento Baldomero inaugurará la poesía urbana que dará cuenta de la ciudad. Así como Evaristo Carriego será el poeta del barrio y de sus voces, Fernández Moreno lo será de la ciudad como totalidad.

 

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